La disciplina supera a la motivación. La motivación aparece y desaparece. En cambio, la disciplina te hace actuar incluso cuando no tienes ganas. Crear rutinas estrictas (entrenar, estudiar o trabajar a la misma hora) permite progresar incluso en los días en los que la motivación es cero. No hacemos cosas porque estamos motivados hacemos cosas para estar motivados.