le había hecho tan extrañamente familiar.
— Pero, no niego que no estoy acostumbrado a estar tan encerrado en un mismo lugar. La sala de baile es hermosa pero... Deseo moverme.
No era afín a las mismas creencias que los de Corinthia, pero asintió ante la frase de Lucivern, terminando por efectuar un gesto religioso típico de la zona.
Hasta él le comprende, pues odió con toda su alma tales palabras tras el fallecimiento de su madre hace ya un >
tiempo, tan carentes de alma y tan llenas de protocolo.
— ¿La mañana? Lo he podido disfrutar para estar con mi dragón y disfrutar de estos lares.—
Una extensión de territorio, que, curiosamente, había pertenecido a los Vaelthorne hace cincuenta años, quizás por eso se >
ocasión Oleander quiso jugar al ignorante.
— Joven...—
Eso sí, las lujosas vestimentas la delataba como una igual, por lo que realizó una reverencia a la más joven de los presentes, por ahora.—
¿Puedo saber su nombre? Con tantas personas, algunas veces me pierdo...
Oh, si esto era como una reunión familiar cualquiera. Sólo que algunos de ellos llevan años y años sin verse, o nunca se habían visto.
La cabellera rubia de Iris podría ser una pista que indica de quién se trataba, al menos, a qué familia podría pertenecer, pero por esta >
No es tan estúpido como para rechazar tal ofrecimiento, por lo que el joven Vaelthorne se sienta al lado del Solvane, con las piernas ligeramente cruzadas y sobre sí.
Alza la mano ante uno de los sirvientes para pedir un café, algo que le vendrá bien tras pasar tantas horas >
que a más de uno le tendría en vilo.
— Así es, dos semanas antes.—
El sirviente se le acercó con la petición que había hecho, por lo que Oleander la deja sobre sus piernas antes de comenzar a dar un sorbo.
— Somos los que más lejos estamos, nuestro viaje iba a ser ya de >
Oleander había pedido a uno de sus sirvientes, durante el funeral, que le dijera quien estaba entre los asistentes y quien faltaba entre los asistentes.
De ahí, gracias a la descripción física que le habían dado, "una mirada llena de melancolía y tristeza", pudo deducir de >
al Continente.—
El príncipe Vaelthorne coloca sus manos tras la espalda, con su afilada mirada dispuesta en el huérfano de padre, preguntándose cuál dolido debería de estar por el fallecimiento del señor de Thevyra, su supuesto padre y progenitor.
— Pero, deduzco que debes de >
Al menos ha tenido la consideración de hacerlo lejos del palacio, para no perturbar el sueño de esos ignorantes que aún se asustan ante la presencia de un dragón.
Terminó por ajustar sus guantes cuando alza la mirada para encontrarse con los ojos del menor.
— Solvane, >
¿cierto? —
Le vió durante el cortejo fúnebre junto a su extensa familia, por lo que Oleander le dedica una suave reverencia, como si estuviera ante un igual, al fin y al cabo, ellos eran los últimos hijos de sus respectivas familiares, los hermanos menores.
— Buen día, >
regresar después de pasarse horas volando y ducharse, el joven Vaelthorne hace acto de presencia en la sala de baile mientras se ajustaba uno de sus oscuros guantes.
Ha despertado antes incluso que el alba hiciera presencia, pues quiso salir a entrenar con uno de sus caballeros más cercanos y volar con su dragón, tan nervioso debido a la lejanía que hay con su tierra natal.
Prácticamente ha perdido la noción del tiempo, por lo que tras >
y cercanas que podía dedicar a la contraria, con ese respeto que profería solamente por ser del mismo reino.
— ¿Cómo os encontráis? Un funeral nunca es algo agradable de vivir y acudir.
( Idonie )
Reconocía a la rubia tan lujosa y extravagante, pues, además de que era de su misma edad, se trataba de la esposa de uno de los hombres que más respetaba Oleander.
— Señora Evermoon.—
Saludó a la majestuosa y dorada noble, con una de sus sonrisas más detalladas >