Ella buscaba con interés, con lascivia y con esa deliciosa experiencia de quien sabe exactamente lo que quiere. Desabrocharme cada botón, bajar lentamente la cremallera y quitarme la ropa… hasta dejarme completamente expuesto a su deseo.
Quiero tocarte sin parar.
Abrazarte continuamente.
Besarte sin descanso.
Acariciarte sin pausas.
Mimarte de manera ininterrumpida.
Hacerte perder la noción del tiempo.
Incendiar tus días y calmar tus noches.
Si el amor tuviera un instante favorito, sería ese segundo exacto en que tus labios se entreabren en una sonrisa lenta, húmeda y pecaminosa, ese instante en el que mi mirada se clava en tu boca y el deseo me recorre como un incendio, haciendo que mi piel arda por devorarte…
Tocar su piel
Es desbloquear el cielo,
Vivir sensaciones de otro mundo,
Descubrir constelaciones en sus lunares.
El equilibrio perfecto entre lo real y lo soñado.
Entre lo tangible y lo etéreo.
Es llegar al origen del erotismo.
Ser la excepción
Ella no quiere ser una más en mi historia.
Quiere ser esa mirada que me desarma cuando creía tenerlo todo bajo control. La que encuentra ternura donde otros solo vieron distancia. La que llega sin hacer ruido y, aun así, cambia el paisaje entero.
No busca quedarse en mi piel.
Quiere habitar mis pensamientos, los pequeños rincones donde uno guarda aquello que importa de verdad. Ser el nombre que aparece cuando algo bueno sucede. La calma que llega despu��s de los días difíciles. El lugar al que siempre quiero volver.
Cuando me toca, no despierta solo el deseo. Despierta la confianza. Cuando me besa, no silencia mis miedos; los vuelve más pequeños. Y cuando me abraza, entiendo que hay personas que no llegan para pasar por tu vida, sino para quedarse en ella.
Y lo consigue.
Porque no intenta cambiarme. No exige, no compite, no reclama. Simplemente me mira como si viera algo valioso en mí que yo había olvidado.
No hay nada más placentero que un encuentro donde el deseo es mutuo, donde la pasión no se negocia porque fluye libre, sin ataduras, sin guiones. Donde ambos se sienten seguros para desnudar no solo la piel, sino también las fantasías que nunca se confiesan en voz alta.
Te beso con mi poesía,
donde no alcanza mi boca.
Te abrazo con mi prosa,
donde no llegan mis brazos.
Te toco con mis versos,
donde no llegan mis manos.
Te rozo con mis letras,
donde no alcanzan mis labios.
Te admiro con mis palabras,
donde tu ser se hace eterno.