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El personaje que construimos para habitar el mundo, considero es una herramienta para experimentar la historia de vida, a veces, ese personaje deja de funcionarnos, porque emergen otras necesidades en el drama, entonces, es cuando hay que recrearnos.
La palabra trabajo, viene del latín “tripaliare”, que significa tortura. Desde esa raíz qué se puede esperar de esta acción. Sin embargo, me pregunto, qué pasa cuando nuestro trabajo nos encanta y nos entusiasma, creo que se convierte en otra cosa, tal vez, en aprendizaje y vida.
Me construyo con cada elección que hago, incluso, con aquellas que no hago. La idea que tengo de mi YO, de mi identidad, es cambiante, por lo tanto, no existe. Esto me descansa o me angustia. Por fortuna, como dice Sartre: “La existencia precede a la esencia”.
REÍRSE DE UNO MISMO RELAJA LA RIGIDEZ DE SENTIRSE DETERMINADO. He disfrutado cuando me dicen: “¿cuándo doblas una cuchara?” o “te pareces a Eleven”. Hace un rato me puse una sudadera a rayas rojas y pensé: “soy Freddy Krueger”, me reí. Desfragmentando al personaje.
De lo que se trata es de dudar, de sacudir, de cimbrar cualquier estructura a la que estemos ya demasiado posicionados, esto, más allá de transgresión o rebeldía, considero que tiene que ver con una reconstrucción.
Un experimento existencial consiste en trastocar tus construcciones del mundo, retarte y darte permiso para habitar la existencia de otra manera. A veces te aplauden y otras te hieren, pero tú sabes que hiciste lo correcto. Sí, soy rapada cabeza de huevo.
Reescribiendo al personaje de mí misma. He decidido raparme porque quiero experimentar la libertad de ir más allá de los constructos conocidos. Quiero explorarme, comprenderme y re-significarme... a veces se inicia por la apariencia. Sí, soy rapada cabeza de huevo.