"El que vive de la política puede pagar un poquito más de IRPF".
Propongo agregar un impuesto del 9% del sueldo a políticos (cargos electos y de confianza), y 5% (a trabajadores de Ministerios, Intendencias y empresas públicas) para financiar las infancias...
En junio de 1914 un matemático serbio recién casado llega de luna de miel a su pueblo natal. Dos semanas después, el archiduque es asesinado en Sarajevo. El Imperio le declara la guerra a Serbia y lo arrestan.
Lleva en la valija papeles de trabajo y hojas en blanco. Esa primera noche en la celda abre la valija y empieza a calcular.
Era ingeniero civil, profesor en Belgrado, y hacía años que una pregunta lo obsesionaba: ¿podrían los sutiles cambios en la órbita de la Tierra explicar las edades de hielo? Sin volcanes, sin asteroides, solo mecánica celeste.
Pasó los cuatro años de guerra bajo arresto domiciliario en Budapest, reportándose a la policía. Sin laboratorio, sin datos de campo. Solo geometría y lápiz, calculando a mano la insolación de la Tierra durante cientos de miles de años.
En 1941 publicó su obra maestra, el Canon de la Insolación y el Problema de las Edades de Hielo.
La comunidad científica lo ignoró. En los años cincuenta lo refutaron: sus variaciones de temperatura eran demasiado pequeñas para mover glaciares, dijeron. Murió en 1958 sin ver el veredicto final.
Dieciocho años después, en 1976, tres científicos publicaron en Science un análisis de núcleos de sedimentos oceánicos.
Los registros climáticos de los últimos 450.000 años coincidían exactamente con los ciclos que Milanković había calculado a mano durante la Primera Guerra Mundial.
Los períodos eran precisos: 100.000, 41.000 y 23.000 años. El paper se tituló "Variaciones en la órbita terrestre: el marcapasos de las edades de hielo."
Hoy los ciclos de Milanković son ciencia establecida. La NASA los documenta. Son el mecanismo aceptado para explicar los mayores cambios climáticos de la historia de la Tierra: glaciaciones enteras, disparadas y terminadas por geometría orbital, sin ningún factor humano en juego.
Nadie discute esto para el pasado, pero hay una pregunta que el debate actual evita. Si el clima es tan sensible a variaciones mínimas como para producir edades de hielo, ¿cuánto de lo que observamos hoy se explica por ese fenómeno, y cuánto es atribuible al ser humano?
Es la misma pregunta que un serbio calculó a mano en una celda en 1914. La ciencia tardó sesenta años en responderla. Y lo hizo dándole la razón.