Mi mayor decepción laboral fue entender que no basta con hacer bien tu trabajo o con amar lo que haces.
A veces, si no encajas, no caes bien, o no te alineas con el ego de quien lidera, todo tu esfuerzo deja de ser suficiente, incluso cuando das lo mejor de ti.
Ya he vivido algunos años para darme cuenta que no hay tiempo que perder. Hay que elegir muy bien con quién tomar un café, con quién pasar una tarde y qué libro empezar a leer.