Muy pocas personas son capaces de razonar desde primeros principios.
No por falta de capacidad.
Por algo mucho más simple: exige tiempo, foco y esfuerzo cognitivo.
Citando a Kahneman, al ser humano no le gusta usar el Sistema 2.
Pensar de verdad requiere atención, concentración y tiempo.
Pero precisamente por eso, razonar desde primeros principios te permite llegar a conclusiones a las que muy pocos llegan.
Y también te obliga a reconocer tus límites.
Porque cuanto más entiendes sobre un tema, mejor puedes distinguir lo accesorio de lo fundamental.
Es una cura de humildad.
Razonar desde primeros principios es una ventaja competitiva.
Igual que la paciencia.
Igual que pensar a largo plazo.
Son ventajas que muchas personas conocen intelectualmente, pero pocas aplican porque tienen un coste inmediato y una recompensa diferida.