Quin dia! Avui estic molt orgullós de la tasca que hem fet els membres del claustre i personal no docent del CEIPIESO Ponent, veïnats, juntament amb alguns membres de la P. local, G Civil, bombers, desallotjant als usuaris de la residència.HEROIS que han evitat una tragèdia.
La Seguridad Social no se rescata aumentando la edad de jubilación a los 70 años o más, se rescata sacando del sistema a todos los que lo cobran sin tener derecho a ello.
A mí me enseñaron a no traicionar a quien me abrió las puertas de su casa y me invitó a sentarme con su familia. Tener diferencias es una cosa, ser traidora y malagradecida es otra.
Enhorabona a TOT l'equip, mai havia entrenat un grup tan feiner, amb tantes ganes de millorar i que s'aixequi cada vegada. El que ens queda no és gens fàcil, però lluitarem, estic segur. VAMOS!
Os quejais de que las mujeres tengamos estándares altos y lo q queremos es un adulto funcional q no tenga la mentalidad de un niño de 15 teniendo ya los 30, q sea maduro, q sepa lo q quiere y q no tenga la responsabilidad afectiva de un calamar. Hasta esto es difícil de encontrar
Fue Axel, el perro, quien no se rindió.
A las cinco de la mañana, Amanda y su esposo despertaron sobresaltados: Axel, su border collie de un año, saltaba sobre la cama, desesperado, insistente, como si intentara decir algo.
“Me daba manotazos más de lo habitual”, dijo Amanda. “Como si necesitara que me levantara ya”.
Pensaron que quería salir. El esposo bajó a abrir la puerta.
Pero Axel no se movió.
Se quedó inmóvil frente a la habitación de Gabriel, su hijo de 17 años.
Y no se apartó.
Entonces algo les hizo ruido.
Abrieron la puerta.
Gabriel estaba despierto… pero algo iba mal.
Hablaba arrastrando las palabras.
No sentía la mitad de su cuerpo.
Unas horas antes se tomaba fotos de fin de curso.
Ahora lo llevaban de urgencia al hospital.
Gabriel estaba sufriendo un derrame cerebral.
El doctor fue claro:
“Si Axel no hubiera alertado a tiempo, el daño habría sido mucho mayor. Las neuronas mueren rápido. Él hizo la diferencia”.
No fue suerte.
Fue instinto.
Fue lealtad pura.
Fue un perro que sabía que algo no estaba bien y se negó a rendirse hasta que alguien lo escuchara.
Y tal vez por eso Gabriel hoy sigue aquí.
Porque alguien, sin palabras, supo gritar con todo el cuerpo lo que el mundo todavía no veía.
Gracias, Axel.
Por no moverte.
Por insistir.
Por salvarle la vida.
Hay mujeres que no saben mirar desde la orilla. Simplemente saltan.
Amanda era enfermera de emergencias. Estaba entrenada para sostener el caos, para ser el puente entre la vida y lo que viene después. Por eso, cuando vio a Groot —su perro, su familia— caer por esa grieta en el hielo de Alaska, no lo pensó.
Brian, su esposo, le gritó que volviera. Pero hay gritos que no alcanzan a quien ya decidió entregarse.
Amanda se hundió en el río helado. No porque fuera imprudente, sino porque amaba con esa intensidad que no entiende de negociaciones.
Cuatro meses después, cuando el hielo por fin soltó su secreto, la encontraron.
No estaba sola.
Estaba abrazando a Groot.
Bajo el agua, en el silencio más absoluto, sus brazos seguían siendo un refugio. Como si en el último segundo hubiera decidido que, si no podía salvarlo, al menos no lo dejaría solo en la oscuridad.
Madura, para que sepas que puedes perder al amor de tu vida solo por falta de comunicación, de atención, de cariño o simplemente de respeto. No creas que basta con ser fiel para no perder a alguien; también hay que saber cuidar.