La rapidez con que los zurdos (recalcitrantes o acomodados), defienden gobiernos brutales ilegales, corruptos y asesinos que producen verdaderos éxodos, es alarmante. Hoy ser zurdo es una enfermedad mental. Y da miedo.
CASI UNA PELÍCULA DE TERROR
Comparto parte de una publicación del Dr. Hoenir Sarthou que circula en las redes.
No dejen de leerla
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Hace un par de días tuve que ir a la Seccional policial Nro. 17 de Montevideo, en el barrio de Piedras Blancas.
El motivo lo resumo así: una persona a la que conozco desde hace muchos años está internada contra su voluntad en un “residencial” del barrio Piedras Blancas. Tras un percance serio de salud, fue ingresada a la institución médica de la que es socia, a la que ingresó inconsciente, sin cédula de identidad, sin llaves de su casa, sin celular. Es una ex docente de enseñanza terciaria, jubilada, propietaria del apartamento en el que vive o vivía, y no tiene hijos ni familia.
La institución médica, que la atendió bien y la recuperó, dio cuenta del caso al Mides, que decidió internar a M (llamémosla “M”) en el dichoso residencial y promover su declaración judicial de incapacidad. Poco antes de su traslado, a través de una amiga que fue a visitarla, M, que al no tener celular no tenía el número de teléfono de nadie, logró contactarme.
Fui a verla al residencial, donde la encontré lúcida y con clara voluntad de salir de allí. Le habían rapado la cabeza, se quejó de recibir poca comida y de que no la dejan salir ni hablar por teléfono. Hablé con el propietario del establecimiento, que me observaba de cerca con aire de desconfianza, y me manifestó que ella estaba “judicializada” y que no podía salir.
Tras rastrear en los juzgados, encontré el expediente y averigüé que M estaba citada en el Instituto Técnico Forense (ITF), por orden judicial, para una pericia psiquiátrica (de regla en los proceso de incapacidad) que se realizaría el lunes 17 de agosto a las 14.30 hs.
El lunes de esta semana, me presenté a las 13 horas en el residencial para retirar a M y llevarla a hacer la pericia. Me atendió una empleada que desde la puerta enrejada que da al frente de la casa me dijo que debía consultar al dueño, que no estaba en la casa. Habló con él por celular delante de mí. El hombre le contestó que M no podía salir porque estaba “judicializada”. La empleada no sabía qué hacer, así que me pasó el teléfono. Volví a explicarle al propietario que M estaba citada para una pericia y que yo estaba allí para llevarla. Me dijo que no podía dejarla salir porque a ella la había traído el Mides. Le pregunté si tenía algún documento que lo habilitara a retenerla. Me dijo que no, pero que yo tampoco tenía autorización para llevármela. Le contesté que yo no precisaba autorización porque bastaba la voluntad de M de salir, ya que no había ninguna orden judicial que la obligara a quedarse allí y menos una que lo autorizara a él a retenerla contra su voluntad. “Estás equivocado”, me dijo. “El equivocado sos vos”, le contesté, “No tenés ningún derecho a retenerla y menos a impedirle ir a una pericia dispuesta por el juez”. Pero no hubo caso. Se plantó en que ella no iba a salir, así que le devolví el teléfono a la empleada y ella volvió a meterse dentro de la casa.
Me dirigí de inmediato a la comisaría de la zona, la Seccional 17. Eran las 13.20 hs. Mientras aceleraba por Aparicio Saravia, pensaba plantear en la comisaría que había una persona citada por orden judicial y que el propietario de la casa en la que estaba se negaba a dejarla salir. Supuse que, si de la Seccional lo llamaban por teléfono, el tipo achicaría y yo podría llevarme a M y llegar a tiempo al ITF.
Hacía tal vez diez años que no iba por la zona. Noté más que antes la precariedad de las viviendas y la cantidad de gente, en su mayoría hombres jóvenes, que deambulaban por la calle o conversaban en las veredas sin ningún propósito visible. Estaban allí y observaban a todo el que pasaba. Era casi la una y media de la tarde de un lunes.
(Sigue)
@JavierGarcia_Uy@portalmvd Pónganse a legislar que para m eso, supuestamente, se les paga. La calle está llena de delincuentes que entran por una puerta y salen pie la otra. Endurecer penas. Fortalecer a la policía. No sirven pa nada.