Esopo, considerado el padre de la fábula, era un esclavo que vivió en el siglo V a. C.
Uno de sus amos, Xantus, le ordenó que fuera al mercado y le trajese el mejor alimento que encontrara para agasajar a importantes invitados. Esopo compró solamente lengua y la hizo aderezar de diferentes modos. Los convidados se hartaron de comer lo que saborearon como un manjar.
Cuando quedó solo, Xantus le preguntó qué era eso tan delicioso.
—Me pediste lo mejor —dijo Esopo— y traje lengua. La lengua es el fundamento de la filosofía y de las ciencias, el órgano de la verdad y la razón. Con la lengua se instruye, se construyen las ciudades y las civilizaciones, se persuade y se dialoga. Con la lengua se canta, con la lengua se reza y se declara el amor y la paz. ¿Qué otra cosa puede haber mejor que la lengua?
Pocos días después, Xantus le dijo que llegarían unos visitantes desagradables a los que debería atender por protocolo, pero quería manifestarles su disgusto sirviéndoles una mala comida.
—Trae del mercado lo peor que encuentres —le recomendó.
Esopo trajo lengua y la hizo preparar con un sabor tan desagradable que repugnó a los comensales.
—¿Qué porquería es esa que serviste? —le preguntó Xantus.
—Lengua —contestó Esopo—. La lengua es la madre de todos los pleitos y discusiones, el origen de las separaciones y las guerras. Con la lengua se miente, con la lengua se calumnia, con la lengua se insulta, con la lengua se rompen las amistades. Es el órgano de la blasfemia y la impiedad. No hay nada peor que la lengua.
- La lengua es un arma de doble filo-.
"El hombre, tan indefenso por naturaleza, no tiene colmillos, no tiene garras, no escupe fuego, pero tiene el don del lenguaje, y una lengua puede ser tan suave como la miel y tan afilada como un puñal".
Un ingeniero argentino entró en una estación del metro de Estocolmo, capital de Suecia.
Allí notó que había, entre muchos molinetes normales y comunes, uno que daba paso libre gratuito.
Entonces le preguntó a la vendedora de ticket el porqué de aquel molinete permanentemente libre para pasar y sin ningún agente de seguridad en las cercanías.
La dama, entonces, le explicó que ese paso estaba destinado a las personas que, por cualquier motivo, no tuviesen dinero para pagar su pasaje.
Incrédulo, acostumbrado a la manera Argentina, no pudo evitar hacerle la pregunta que, para él era obvia:
- Y si la persona tuviese dinero, pero simplemente no quisiese pagar?
La vendedora entrecerró sus ojos azules y con una sonrisa de pureza sobrecogedora, le respondió:
- Pero por qué haría eso?
Sin poder acertar una respuesta, el ingeniero pagó su pasaje y pasó por el molinete, seguido de una multitud que también habia pagado por sus ticket.
El paso libre continuó vacío.
La honestidad es uno de los valores más liberadores que un pueblo puede tener.
Una sociedad que ha logrado transformar ese valor en algo natural, está en un estado de desarrollo, sin duda, superior.
Eso es educación... También y antes que nada!
Cultive este valor y transmítaselo a sus hijos, a sus nietos, a sus alumnos, a la sociedad.
Su mundo cambia cuando usted cambia. No premiemos las prácticas fraudulentas, los negocios mal habidos, la corrupción...
Hagamos de la honestidad y buena fe un hábito..
Ryan
Este es el niño que quitó la sed de medio millón de africanos.
Su nombre es Ryan, nació en Canadá en mayo de 1991.
Cuando pequeño, en la escuela, con sólo seis años, su maestra les dijo cómo vivían los niños en África.
Profundamente conmovido al saber que algunos incluso mueren de sed, siendo que para él mismo bastaba con ir a un grifo y tener agua limpia.
Ryan le preguntó a la maestra cuánto costaría llevar agua a África, y la maestra recordó que había una organización llamada ′′ WaterCan ", que podría hacer pozos costando alrededor de 70 dólares.
Cuando llegó a casa, fue directo a su madre Susan y le dijo que necesitaba 70 dólares para comprar un pozo para los niños africanos. Su madre dijo que debía conseguir el dinero con su esfuerzo, y le dio tareas en casa con las que Ryan ganaba unos dólares a la semana.
Finalmente reunió los 70 dólares y se fue a ′′ WaterCan ". Cuando atendieron, le dijeron que el coste real de la perforación de un pozo era de 2.000 dólares..
Susan dejó en claro que no podía darle todo ese dinero, pero Ryan no se rindió y prometió volver con los 2.000.
Pasó a realizar tareas en el vecindario y acumulando dinero, lo que contagió a sus hermanos, vecinos y amigos, que se pusieron a ayudar. Hasta que reunió el dinero necesario y en enero de 1999 se perforó un pozo en una villa al norte de Uganda.
Cuando el pozo estaba listo, la escuela de Ryan comenzó a relacionarse con la escuela que estaba al lado del pozo. Así Ryan conoció a Akana: un joven que luchaba para estudiar cada día. Ryan cautivado pidió a sus padres que viajaran para conocer a Akana. En 2000 llegó al pueblo, y fue recibido por cientos de personas que formaban un pasillo y gritaban su nombre.
- ¿Saben mi nombre? - Ryan sorprendido le preguntó a la guía.
- Todo el mundo que vive en 100 kilómetros a la redonda lo sabe - le respondió.
Hoy en día Ryan, con 32 años, tiene su propia fundación. Más de 1090 pozos y 1229 sanitarios ya se habian instalado hasta 2016 en África. Se encarga también de proporcionar educación y enseñar a los nativos a cuidar los pozos y el agua.
Así como repasamos tantas cosas inútiles, nada más justo que compartir el héroe.