Asiente con vehemencia.
— Me aseguraré de decírselo de su parte.
No le ha dicho exactamente dónde iba, así que no debería haber problema por romper la confidencialidad.
— Han sido unos días un poco estresantes para la empresa. Una inspección sorpresa. Nada importante. ¿Qué >
De primeras lo pensó y menos mal que se dio cuenta por la voz con lo despistado que suele ser. Pero sí, está hermoso.
— Mis disculpas —Afirma con una reverencia—. Es la costumbre.
Enseguida se pone como un tomate y no sabe a dónde mirar.
— Mm... Gracias, usted también. Y no, >
Se ha puesto: tenso. Entre la idea de que estén hablando mal de él y la mano de una desconocida en la espalda... Pero su voz le suena.
— ¿Señor Esterházy?
Tuvo que aprender a pronunciarlo, aún no le sale bien.
— ¿Ah, sí? También es mi primera fiesta. Podemos desentonar juntos si es necesario, pero dudo que yo pueda destacar algo junto a una belleza como la suya.
Otra vez más le deja sin palabras en el mal sentido. Observa su propio atuendo de nuevo, buscando algún fallo hasta que le señala que es aburrido. Suspira resignado.
— ¿Podría ayudarme con esto en otra ocasión?
— No sé mucho sobre estilismo para mí mismo, pero sé apreciar el de los demás. Está especialmente hermosa esta noche.
Es lo que quiere decir normalmente cuando halaga solo la vestimenta.
Su expresión se torna preocupada de inmediato.
— Oh, no, no. No quería decir que fuera desacertado. Creo que va perfectamente con la temática, como deseaba. Se puede ser atrevido y divertido e ir elegante a la vez. El pelo y el maquillaje también suman.
Le sonríe de nuevo.