Tengo 60 años y es la primera vez que me siento discriminado por la edad. Una protectora de perros y gatos nos ha descartado a mi mujer y a mí como adoptantes. Queríamos incorporar a nuestra familia un perro mestizo de dos años y tres kilos de peso. Nos han dicho que era un perro más adecuado para alguien más joven. Vivimos en un chalet de las afueras de Madrid y con 1.000 metros de parcela. Siempre hemos convivido con perros y gatos. Mi mujer y yo estamos jubilados y pasamos la mayor parte del tiempo en casa. Jamás hemos escatimado gastos para atender a nuestros amigos de cuatro patas. Por desgracia, las personas más jóvenes suelen vivir en pisos pequeños, tienen menos dinero y pasan muchas horas fuera de casa.
El culto a la juventud, algo de lo que hablaba Ortega, quizás algún día nos lleve a un escenario como el que describió Adolfo Bioy Casares en su novela Diario de la guerra del cerdo, una distopía donde los ancianos son marginados y asesinados. Afortunadamente, aún convivo con dos perros. Uno adoptado en un refugio y el otro de mi hermana, que falleció. También convivo con tres gatos adoptados. Al parecer, a ellos no les molesta mi edad. Los animales son más inteligentes y tolerantes que los humanos. Aquí poso con Bambi, un chihuahua de ocho años que compró mi hermana Rosa, pues sufría graves discapacidades físicas y necesitaba un perrito pequeño.
¡NOTICIÓN!👀tengo web nueva en la que iré colgando todas las movidas en las que voy participando (charlas, entrevistas, directos etc.)
Muchas gracias @rafatux y @evatux por el diseño y la web💜
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