lo ansiosa que me pone saber todo lo que tengo que estudiar y que cada vez falta menos. encima más nerviosa me pongo MÁS me congelo y menos cosas hago SOY MÍ PEOR ENEMIGA
Breve y excelente siempre Gloria! NO PUEDO CREER lo que escuché. Cada embarazo es distinto, es una condicion delicada, muchas circulan en transporte publico por su contexto social NO POR ELECCIÓN O GUSTO! Ni hablar de las que con un embarazo siguen trabajando. Noo. Feo feo
Es triste escuchar este tipo de opiniones emitidas a través de un micrófono, porque las palabras tienen peso, impacto y llegan a muchas personas que están atravesando momentos sensibles en sus vidas.
El embarazo no es una enfermedad, pero tampoco es un estado que deba minimizarse. Durante la gestación ocurren cambios hormonales intensos, cambios físicos y emocionales que pueden afectar el estado de ánimo, la tolerancia al estrés, el cansancio y la salud general de la mujer.
Muchas embarazadas atraviesan náuseas, mareos, fatiga extrema, dolores musculares y, en algunos casos, embarazos de alto riesgo que requieren cuidados especiales.
Por eso resulta aún más triste cuando estos comentarios provienen de mujeres, porque entre mujeres debería existir empatía y comprensión. La maternidad, el embarazo y los cambios que conlleva no deberían ser motivo de juicio ni de burla.
Y aunque muchas personas crean que estas situaciones son aisladas, en la práctica vemos otra realidad. A muchísimas de mis pacientes embarazadas les toca enfrentar no solo el desafío físico y emocional del embarazo, sino también la falta de empatía en sus lugares de trabajo.
Y en muchos casos, quienes menos comprensión muestran son justamente sus jefas mujeres.
Esto no se trata de debilidad, ni de privilegios. Se trata de salud, de respeto y de protección a la vida que se está gestando.
Concienciar sobre estos temas es fundamental. Las mujeres embarazadas necesitan apoyo, respeto y condiciones adecuadas para atravesar esta etapa con seguridad física y emocional.
La empatía no debería ser opcional, debería ser parte de nuestra responsabilidad como sociedad.
Nadie habla de lo agotador que es vivir entre el “las cosas van a mejorar” y el “ya no puedo más”. Es como una montaña rusa emocional donde terminas el día sintiéndote esperanzado y derrotado al mismo tiempo.
El día que escuchen a un papá hablar mal de la madre de su hijo, pregúntale cual es la comida favorita de su hijo, de que número calza, cuantas veces lo ha llevado al médico y cuanto aporta para darle una mejor vida.
Resulta y resalta que a cierta edad una ya no se puede dar el lujo de llorar a moco tendido porque los ojos hinchados duran más de tres días. Quién diría.