Hago changuitos para que mis futuras relaciones ya no se dejen influenciar por anónimos tontos que les encanta meterse en vidas ajenas, que no sueltan y se quedan con una versión de la historia o se inventan cada cosa que me sorprende lo podrido que tienen el coco y el corazón.
Cargo desde niña con la extraña sensación de no pertenecer a ningún lugar. Una especie de destierro silencioso que se nota más cuando estoy triste y me doy cuenta de que no tengo a dónde huir.
Nunca podría hablar pestes de alguien a quién amé y amo demasiado. Jamás levantaría falsos de su persona, jamás me quejaría de ella y no permitiría que alguien más lo hiciera. Nadie tiene el derecho de opinar sobre ella.