@OliverBlanco@delcyrodriguezv Guardemos este post para que en la Venezuela de la justicia se te pueda juzgar por sentirte “orgulloso” de tomarle un cargo a una banda criminal de lesa humanidad. Pronto la justicia te alcanzará rata.
@rociosanmiguel@OliverBlanco A donde has llegado. Increíble, pero bueno, celebro tu libertad, espero vayas al retiro de la vida política después de este papelazo.
@jaarreaza@UKinVenezuela@UKinVenezuela Do not hand over Venezuela’s gold reserves to these criminals; instead, prioritize democratic elections and the installation of a new government.
@shophiamilano Hey cuidado cachorrita del imperio, tu presirvienta es en este momento es la maldita gata arrastrada del trump jajajajja. ¿Con que moral abres tu hedionda boca para hablar mal del imperio? HAHAHAHA sucia
Lula ain’t no hero. It’s enraging to see the first world lionize this ally of the 3 dictatorships in the western hemisphere that have destroyed entire nations. You can be happy Bolsonaro lost without making this man a hero. Such disrespect to their millions of victims everywhere today.
Recuerdo aquellos comentarios y "análisis" que aseguraban que a los venezolanos solo les importaba mejorar un poco la economía del país. Que una jaula más grande y menos incómoda bastaba. Que nadie "hablaba de política", que a nadie le interesaba la libertad y, desde luego, mucho menos la democracia. Muchos se escudaban, y todavía lo hacen, en aquella frase de "hay que hablar de los problemas de la gente". Como si los problemas de la gente, todos, no tuvieran su origen en la tiranía criminal más longeva de nuestra historia: la chavista.
A los venezolanos se les ha subestimado demasiado. Y demasiadas veces se les ha querido "interpretar" sin conocerlos. Pero una y otra, y otra, y otra vez, han dejado claro lo que son como nación, como sociedad y como ciudadanía.
Hemos recibido muchos golpes. Demasiados. Hemos sufrido la barbarie de nuestra historia republicana. Nos han perseguido, reprimido, secuestrado, desaparecido, torturado y asesinado. Nos han condenado deliberadamente al hambre, a la miseria y a la diáspora. Nos han robado elecciones. Nos han robado dinero, muchísimo dinero, cientos de miles de millones de dólares. Nos han robado años de vida. Pero no pudieron robarnos el país.
Y sé que esto puede sonar romántico, pero no lo digo desde el romanticismo. Lo digo en serio. Lo digo, incluso, desde el análisis político; no pudieron robarnos Venezuela. Porque, después de todo lo que nos hicieron, los venezolanos seguimos reconociéndonos como una nación, seguimos organizándonos y seguimos queriendo decidir nuestro destino. Incluso los más jóvenes, aquellos que nunca han conocido la democracia, la desean y están dispuestos a conquistarla.
Para 2024 ya habíamos construido el mayor movimiento ciudadano por la libertad de nuestra historia. En la tierra de los Simón... Bolívar, Rodríguez y Díaz. Y también en la tierra de nuestra premio Nobel de la Paz, María Corina Machado. Ella lideró y sigue liderando ese movimiento. Y cuando los mismos que antes aseguraban que los venezolanos habían renunciado a la libertad comenzaron a decir que "su capital político estaba cayendo", llegó el domingo 25 de octubre de 2026. Y tuvieron que ver lo que vimos todos.
Nadie sabía dónde aparecería. Nadie. Apareció en una iglesia de Barquisimeto para honrar a la Divina Pastora y, desde allí, con el cuello cada vez más lleno de rosarios, emprendió el camino hacia Caracas. Más de once horas de recorrido por seis estados del país. Calles, autopistas, puentes. Venezolanos por todas partes. Un país entero saliendo a recibir a una mujer que había prometido volver. Y que volvió.
Lo que vimos este domingo fue una de las expresiones más conmovedoras de aquello que Václav Havel llamó "el poder de los sin poder". Ciudadanos que, después de tantos años de miedo y sometimiento, deciden actuar públicamente conforme a lo que creen. Que dejan de comportarse como si la tiranía fuera eterna.
Y otra cosa que algunos siguen sin comprender: este no es un movimiento mesiánico. María Corina Machado es la cabeza de una organización ciudadana que ha logrado unir a millones de venezolanos dentro y fuera del país. Pero lo es porque así lo decidimos. Porque ella nos entendió y nosotros la entendimos. Porque nunca nos subestimó. Porque nos habló con la verdad. Esa verdad de la que también hablaba Havel: vivir en la verdad, incluso cuando hacerlo tiene un costo enorme. Y porque ha cumplido su palabra. Prometió luchar, y luchó. Prometió llegar hasta el final, y aquí sigue. Prometió volver, y volvió. A pesar de todo lo que tuvo que hacer para conseguirlo... que sabremos en algún momento.
La historia de las transiciones democráticas enseña que ninguna dictadura es eterna, pero también que ninguna cae simplemente porque sus ciudadanos deseen que caiga. Hace falta organización, liderazgo, unidad, presión, ayuda (y vaya que la tenemos de Estados Unidos) y una sociedad dispuesta a sostener su decisión de ser libre. Los venezolanos hemos construido mucho de eso. Y ahora, con María Corina nuevamente en nuestra tierra, tenemos la responsabilidad de convertir toda esa fuerza ciudadana en el cambio político definitivo.
Todavía hay quienes no entienden lo que está pasando. Y, claramente, tampoco lo que viene. No entienden que los venezolanos ya decidimos ser libres. Que elegimos democráticamente a quienes debían conducirnos hacia esa libertad. Y que, después de tanto sacrificio, no vamos a conformarnos con una jaula más grande. Hay quienes creen, todavía, que pueden detener esto... Siguen sin entender nada.
A nuestras fechas históricas del 22 de octubre de 2023, del 28 de julio de 2024, del 10 de diciembre de 2025 y del 3 de enero de 2026, debemos agregar ahora la del 25 de octubre de 2026. Fechas distintas, con un mismo hilo conductor; un pueblo que ha ido recuperando, paso a paso, su capacidad de decidir sobre su propio futuro.
Nos falta una. La más importante. La del día en que Venezuela sea finalmente libre, cuando podamos elegir a nuestro gobierno y comenzar a reconstruir, en democracia, todo lo que nos destruyeron. Y ese día va a llegar. Tenemos que hacer que llegue.
Bienvenida a casa, @MariaCorinaYA.