Qué bonito es ver a alguien felíz porque por fin está frente a su banda o artista favorito. Hay algo sanador en la música en vivo: durante unas horas, el dolor que llevamos en silencio pesa un poco menos y el alma respira.
Recibir halagos por tu apariencia física está bien. Pero cuando alguien te felicita por tu personalidad, tu mentalidad, tu risa, lo genuino que es tu corazón, eso es demasiado bonito y se siente diferente.