Séneca nos recuerda que la vida no es corta, sino malgastada. Nos ahogamos en ocupaciones vacías, posponemos lo esencial, vivimos como si fuéramos eternos. Pero el tiempo no se devuelve. Cada día distraído es un día perdido. Vivir de verdad exige presencia, intención y la valentía de decir no a lo innecesario.