En 1969, el educador Laurence J. Peter publicó un libro que se volvió un clásico de la crítica organizacional. Su tesis es simple y devastadora: en una jerarquía, toda persona tiende a ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia. ¿Cómo funciona? Si eres bueno en tu puesto, te ascienden. Si eres bueno en el nuevo puesto, te vuelven a ascender. Eventualmente, llegarás a un puesto para el cual no eres competente. Y ahí te quedas. No te descienden (por razones políticas y psicológicas), y no sigues ascendiendo. Así que, a largo plazo, la mayoría de los puestos en una jerarquía están ocupados por personas incompetentes para ellos.
El principio de Peter no es una ley física, pero describe una tendencia real. Explica por qué tantas organizaciones (empresas, gobiernos, universidades) funcionan peor de lo que cabría esperar. Las personas que saben hacer el trabajo no son las que toman las decisiones; las que toman las decisiones son las que fueron buenas en otro trabajo que nada tiene que ver con el actual. Un excelente ingeniero no es automáticamente un excelente gerente. Un excelente profesor no es automáticamente un excelente director. Las habilidades no son transferibles por arte de magia.
¿Cómo escapar de esta trampa? Peter sugería una solución radical: no ascender basándose solo en el desempeño en el puesto actual, sino evaluar la capacidad para el puesto siguiente. También sugería carreras paralelas (escalones técnicos donde el buen profesional puede crecer sin tener que volverse jefe). Algunas empresas implementaron esto: los “expertos técnicos” con rango y salario equivalente a directivos, pero sin responsabilidad de gestión. No es perfecto, pero reduce el daño.
Para tu vida personal, el principio de Peter sirve como espejo. Antes de aceptar un ascenso, pregúntate si realmente quieres hacer el nuevo trabajo (no solo disfrutar del rango). Mucha gente asciende a puestos que la hacen infeliz porque era "el siguiente paso". El siguiente paso no es obligatorio. Puedes ser excelente donde estás y quedarte. No es fracaso. Es sabiduría. La jerarquía no es el único camino. Y a veces, llegar a tu nivel de incompetencia es una profecía que puedes optar por no cumplir.
Estoy obsesionado con los sesgos cognitivos.
Un "sesgo cognitivo" es un error sistemático en el pensamiento que destruye la toma de decisiones.
Los 11 sesgos cognitivos más poderosos (y peligrosos) que he encontrado: 🧵
1. Sesgo de supervivencia:
El foro económico mundial cada tanto hace reportes sobre el futuro del trabajo.
En este último se encuestó a más de 800 empresas que emplean a más de 11 millones de personas en 27 sectores y 45 economías de todo el mundo.
Y estas son las habilidades que hoy (y mañana) se están buscando:
1. Sesgo de supervivencia:
Nos centramos en los ganadores e ignoramos a los perdedores.
Estudiamos a los multimillonarios que abandonaron sus estudios universitarios, pero ignoramos a los miles de desertores que fracasaron.
El éxito deja pistas, pero el fracaso enseña lecciones.
Por qué los enormes centros de datos que permiten nuestra vida online requieren una enorme cantidad de agua (y el impacto que están generando) https://t.co/Ib5nFFVBBn