Cuando la palma de Nahla se posa sobre la enguantada en armadura, las mismas placas se desvanecen en motas doradas, a la vez que su yelmo y el resto de sus placas; la armadura deja paso a las ropas elegantes del varΓ³n, quien redirige la mano de Nahla hacia su propio brazo,
Si el paladΓn ya la habΓa encantado de algΓΊn modo mientras todavΓa vestΓa su aparatosa y maldita armadura, ahora que podΓa gozar de su rostro y sus gestos... Ahora la hacΓa suspirar.
Antes habΓa visto su sonrisa una vez. Una sola. Y desde entonces se habΓa preguntado cΓ³mo Β»
Las orejas puntiagudas de lo que en antaΓ±o fue un elfo, dan un pequeΓ±o respingo ante el halago, y acaba curvando las comisuras en una sonrisa privada y suave dedicada en concreto para Nahla. Luego, sus ojos se mueven del rostro de ella hacia los alrededores.
βPara divertirse...
β No, por favor. Aquello que es hermoso jamΓ‘s deberΓa de cubrirse o esconderse.
Porque claramente le parece hermosΓsimo a ella. Abandona su bucle tras un juguetΓ³n tironcito que lo hace rebotar y la pelirroja sonrΓe, muy satisfecha consigo misma.
β Eres todo un caballero, Β»
lleva una mano tras la espalda, mientras que ofrece la otra en direcciΓ³n a Nahla, el yelmo olvidado sobre la mesa. Su torso se inclina hacia ella en una reverencia.
βΒΏMe harΓas el honor de acompaΓ±arme hasta el nacimiento del rΓo? Algo me dice que habrΓ‘ un lago que en unas horas
dos segundos. Un poco de paz.
βBien. No... querΓa hacerte esperar de mΓ‘s βenuncia, contemplΓ‘ndole el rostro en bΓΊsqueda de la mΓnima seΓ±al de incomodidad o descontentoβ, ΒΏte adaptas bien a este lugar, Nahla?
Espera pacientemente, sin prisa, sabe que aparecerΓ‘ y responderΓ‘ a su llamado.
Por eso luce una sonrisa cuando escucha sus apresurados pasos acercΓ‘ndose. Los ojos turquesas de la sirena recorren el rosteo y la melena del paladΓn, distraΓda por ellos.
β No, en realidad no. Β»