Mariano Llinás convierte a Borges en uno de sus personajes, niega la hagiografía, construye su vida como si fuera un misterio que resolver, persigue la verdad entre manuscrito y obra publicada, se pierde y se encuentra y se vuelve a perder. Lo mejor de Venecia 2026.
It will surprise absolutely no one to hear that El Pampero Cine has spawned another masterpiece. Mariano Llinás’s BIOGRAFIA DE BORGES isn’t just a phenomenal closeup on JLB, but a manifesto of the collective’s idea of cinema: inventive, playful, thrillingly alive. Venice’s best.
"the sex difference in risk-taking is found as well in many nonhuman species...young male chimps are the most risk-prone chimp demographic. And as with humans, young male chimp risk-taking is often aimed at achieving status." https://t.co/CqS3r2MbRl
"natural selection can't furnish us with a logically consistent moral system. We can't outsource the task of deciding what's right and wrong to nature. We've got to decide for ourselves...understanding the true causes of the dark side of human nature" https://t.co/CqS3r2MbRl
Hannah Arendt advirtió que dejar de pensar es el principio del mal. En la era de la IA, su reflexión se vuelve más urgente que nunca. https://t.co/3sN9hrMBDx
El mundo deslumbrante de Siri Hustvedt 🤍
@atlantidafilm nos trae el documental “Siri Hustvedt, la danza del yo”. Un viaje por su trayectoria profesional y vital, un ejercicio de sinceridad y una gran muestra de amor a su alma gemela: Paul Auster.
Disponible hasta el 24/08.
No todas las despedidas rompen una comunidad; algunas cambian para siempre la historia que creíamos haber construido junto con otros.
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...Ni siquiera sabemos gran cosa de nosotros mismos. Vamos por ahí creyéndonos individuos sólidos cuando somos edificios frágiles llenos de conductos, canales, líquidos, corrientes de aire y tempestades íntimas que pueden hacernos colapsar en un instante."
"Hay personas que cruzan la calle con pequeñas tormentas meteorológicas alojadas en el interior de los huecos de la calavera...
Lo que ocurre detrás de la frente de cada ser humano es un misterio...
No sabemos casi nada los unos de los otros...
https://t.co/4xdnrYMIRD
The Irish singer, songwriter, and folk-music hero Glen Hansard died on Wednesday, in a motorcycle accident, at the age of 56. “What I loved about seeing Glen Hansard live,” Hanif Abdurraqib writes, “was that he, spiritually, never stopped being the guy playing on a rainy street, trying to capture the attention of people walking by.” This took rigor and care, Abdurraqib argues, and a willingness to insist on the power of the stage as a communal space. Read Abdurraqib’s reflection on the urgent intimacy of a singer with a voice so loud it could fill a room—but so powerful it could draw you in with just a whisper: https://t.co/pzd9OllQw6
Cooperar con los tuyos es fácil. Cooperar con todos es casi imposible:
Durante años, los modelos teóricos de la cooperación humana (especialmente el influyente trabajo de Panchanathan y Boyd de 2004) sostenían que la reciprocidad indirecta -es decir, la reputación- era suficiente para sostener la cooperación a gran escala. La idea era elegante: si alguien contribuye al bien común, gana buena fama y, por tanto, recibe más ayuda de terceros en el futuro. Quien defrauda pierde esa reputación y queda excluido. Así se resuelve el clásico problema del free-rider sin necesidad de castigadores de segundo orden.
Sin embargo, esos modelos partían de una simplificación crucial: asumían que las personas pertenecen a un solo grupo. En la realidad no es así. Eric Schnell y Michael Muthukrishna defienden en este artículo de 2024 que, cuando introducimos al menos dos escalas (un grupo local dentro de uno global), la reciprocidad que funciona perfectamente en el nivel inferior empieza a sabotear la del nivel superior.
Cooperar con la familia, los amigos o el clan es, en ese contexto, una forma genuina de reciprocidad: fortalece vínculos cercanos, genera confianza y produce beneficios inmediatos. Pero esa misma conducta se convierte en un problema respecto al grupo más amplio. El sobrino al que se coloca en un puesto público, el amigo al que se le salta la cola o el compatriota al que se le perdona un fraude fiscal son actos de lealtad local que erosionan la cooperación global. La reputación local se convierte en una fuerza centrípeta que atrae recursos hacia adentro y debilita los incentivos para contribuir al bien común de mayor escala.
El resultado es un poco paradójico porque la reciprocidad indirecta, lejos de ser la solución universal, puede volverse su propio enemigo. Bajo condiciones realistas -cuando los beneficios del grupo pequeño son suficientemente atractivos y las interacciones locales son frecuentes-, la cooperación a escala reducida invade y desplaza a la de escala mayor, incluso cuando esta última ofrecería mayores retornos colectivos. Por eso el nepotismo, el clientelismo y la corrupción no son simplemente “fallos morales” sino que son formas exitosas de cooperación… solo que a un nivel que impide la cooperación en el nivel siguiente.
Esto profundiza el enigma de cómo la humanidad logra (o no) coordinarse ante problemas que trascienden fronteras: el clima, las pandemias, los conflictos. No basta con que la gente deje de ser egoísta. El verdadero obstáculo es que mucha gente es, en realidad, muy cooperativa… pero solo con los suyos.
Este estudio es muy chulo:
Imaginad que queremos entender por qué Occidente se hizo rico e innovador a lo largo de los siglos. Muchos historiadores y economistas (como Max Weber o Joel Mokyr) llevan tiempo diciendo que la clave no fue solo la tecnología o el dinero, sino la cultura: cómo la gente pensaba sobre la autoridad, el miedo a lo nuevo, la libertad individual y la paciencia para planificar el futuro. El problema es que nadie había conseguido medir esa cultura de forma numérica a lo largo de mil años para meterla en un modelo económico serio.
Radek Stefanski, un economista de la Universidad de St Andrews, se propuso arreglar eso. Cogió más de 23.000 libros del canon occidental (desde la Antigüedad hasta 1920, sacados sobre todo de bibliotecas digitales como Project Gutenberg) y le pidió a una inteligencia artificial avanzada que los leyera uno por uno, no contando palabras sueltas, sino entendiendo el sentido completo. La IA tenía que decidir, en cada pasaje, si el libro defendía, criticaba o simplemente describía seis ideas culturales básicas: si apoyaba la jerarquía y la obediencia, si tenía miedo a lo desconocido, si valoraba la autonomía personal, si premiaba la paciencia a largo plazo, y un par más.
Es importante ver que estos libros no reflejan lo que pensaba la gente corriente de la calle, sino la cultura de las élites letradas: las minorías que sabían leer y escribir, las mismas que gobernaban, enseñaban en las escuelas y universidades, y que luego inventaban e innovaban. Esas puntuaciones las fue acumulando año tras año como si fueran un capital cultural que se hereda y se deprecia muy despacio (casi como el dinero o las máquinas, con una vida media de unos 138 años). Con cuatro de esas medidas construyó lo que llama el “Innovation Wedge” o “cuña de la innovación”: una proporción sencilla que mide cuánta resistencia cultural había a las ideas nuevas. Cuanto más alta es esa cuña, más difícil es que la gente acepte o produzca innovaciones.
Lo que encontró es sorprendente. Entre el año 1000 y 1920 esa resistencia cultural bajó un 51 por ciento. Occidente pasó de ser una sociedad más jerárquica y asustadiza ante lo desconocido a una más individualista y paciente. Y lo más llamativo es el momento: la mayor caída ocurrió entre 1130 y 1230, siglos antes de la imprenta, de la Reforma protestante o de la Revolución Industrial. Es decir, el cambio de mentalidad empezó muy temprano, en plena Edad Media.
Cuando metió esta medida en un modelo económico estándar de cómo se producen las ideas, resultó que la cultura pesaba muchísimo. Si la mentalidad se hubiera quedado congelada como en el año 1000, la productividad de 1920 habría sido solo un 56 por ciento de lo que realmente fue. Y ese ablandamiento cultural explica aproximadamente dos tercios de la primera gran aceleración económica que vivió Europa entre 1500 y 1700.
Stefanski no dice que la cultura sea la única causa ni que resuelva el misterio de una vez por todas (él mismo reconoce que la causalidad puede ir en las dos direcciones). Lo que sí ha conseguido es convertir por primera vez esa “cultura de las élites literarias” en una serie histórica medible, validada con profesores de literatura y con otras bibliotecas independientes. Ahora, en vez de hablar de cultura como algo vago, los economistas pueden meterla en sus cálculos como si fuera un dato más.
(El paper lo tenéis en el hilo)
🎶 So fill to me the parting glass
And drink a health whate'er befalls
Then gently rise and softly call
Good night and joy be to you all 🎶
Good night, Glen and Sláinte. 🥃💚
#GlenHansard
We need more power.
Data center power demand in the US is projected to surge +253% from 2026 levels, to a record 194 gigawatts by 2035.
One gigawatt is roughly equivalent to the capacity of a single traditional nuclear reactor.
As a result, data centers are expected to account for ~20% of US electricity consumption by 2035, up from ~6% today.
To put this into perspective, data centers are estimated to consume ~12% of US electricity by 2030.
Much of this growth is concentrated in a handful of grid regions, such as PJM, which serves the District of Columbia and 13 states, including Virginia, Pennsylvania, and Ohio.
Electricity is the next AI bottleneck.