Rescatistas panameños que participaron en las labores de ayuda tras los terremotos en Venezuela compartieron el profundo impacto que les dejó la solidaridad del pueblo venezolano.
En medio del dolor y la devastación, cientos de personas se acercaban para ofrecerles agua, jugos, alimentos y palabras de agradecimiento, un gesto que marcó a quienes llegaron para tender una mano.
Una muestra de humanidad que demuestra que, incluso en los momentos más difíciles, la solidaridad siempre encuentra su camino.
#Panamá #Venezuela
Este es Israel, el joven que tras los terremotos se montó en un autobús desde Puerto Ordaz hasta Vargas, y se ofreció como traductor de inglés y japonés en varias delegaciones de rescatistas, hasta que el Reino Unido🇬🇧 lo aceptó como intérprete.
Óiganlo y enorgullézcanse.
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🔴 "ME TOCÓ VER PERSONAS YA SIN UÑAS ESCARBANDO SOBRE LA TIERRA... Y ATRÁS UN GNB CON FUSIL LE DICE: 'NO TE PUEDO AYUDAR Y NO TE VOY A AYUDAR'"
Es el testimonio del periodista mexicano Oscar Ramírez a Patricia Poleo, tras 7 días documentando la zona cero del terremoto.
🛑 Cuerpos en descomposición que no podían moverse por riesgo de explosión.
🛑 Rescatistas sin maquinaria — negada por las autoridades.
🛑 Milicianos controlando y cortando el paso de la ayuda humanitaria.
"Es una de las experiencias más inhumanas que me ha tocado ver en mi carrera periodística", afirmó Ramírez.
🚨 También denunció censura directa: le confiscaron el teléfono y lo obligaron a borrar imágenes, incluyendo tomas de un sitio donde almacenaban ataúdes.
"No querían mostrar la realidad", dijo.
Hemos establecido un hospital de campaña en Venezuela para brindar atención médica de primer nivel. Además, contamos con un servicio de veterinaria para atender a los peluditos.
Estaremos abiertos las 24 horas para la atención de personas y de 8am a 6pm para la atención de mascotas.
Nos encontramos ubicados en la Avenida Principal de Playa Grande, atrás del Colegio Carlos Escarra, frente al restaurante Rompeolas, en La Guaira.
Fuerza Venezuela 🇸🇻🇻🇪
«El venezolano no está siendo fuerte. Está siendo obligado.
Llevamos generaciones confundiendo las dos cosas.
“De esta también salimos.”
“Somos resilientes.”
“Podemos con esto.”
Frases que se sienten como orgullo pero que, dichas tantas veces, dejan de ser un consuelo y se vuelven una condena: la condena de aguantar por costumbre lo que nunca debió pedirse dos veces.
Porque la resiliencia no es un rasgo de carácter que deberíamos ostentar para siempre.
Es una respuesta de emergencia; útil una vez, sospechosa cuando se vuelve estilo de vida.
Un pueblo que se entrena, generación tras generación, para no quebrarse ante nada, termina enseñándole algo peligroso a quien lo gobierna: que no hace falta parar.
Que siempre habrá un límite más allá del límite anterior.
Que este cuerpo colectivo aguanta, aguanta y aguanta
y entonces, ¿para qué detenerse?
Ahí está la trampa: nuestra fortaleza.
Dicha en voz alta con orgullo, es leída por el tirano como permiso.
Cada “somos fuertes” que publicamos es, sin querer, una autorización silenciosa para el siguiente abuso.
Yo no quiero seguir siendo un pueblo admirado por lo que aguanta.
Quiero ser un pueblo que ya no tenga que demostrarlo.
Estoy cansada…
y ese cansancio no es debilidad, es la única señal honesta que me queda de que esto no puede seguir normalizándose como carácter nacional.
No somos una pera de boxeo con una sonrisa pintada encima.
Somos personas.
Y las personas, en algún punto, tienen derecho a dejar de resistir para empezar, por fin, a exigir.»
Autora ✍️: greciajerez1 | Escritora Incorrecta IG