Para Mariano Rajoy, ex presidente de España, Francia "juega sin franceses". Veamos esta declaración racista desde una perspectiva decolonial:
Al Occidente moderno lo fundan dos mitos. El primero es el que establece a Grecia como una excepcionalidad histórica que se hizo así misma. Según esta visión, la civilización pasó linealmente de Grecia a Roma y de esta última a Europa. En ese contexto, el llamado descubrimiento del "nuevo mundo" por parte de europeos implicó llevar lo humano y civilizado a tierras oscuras. Y en tanto fue gente de fenotipo blanco la creadora de lo civilizado, pues ese fenotipo blanco es la referencia de todo lo humanamente elevado. Surgiendo así la idea de raza sobre la que se funda el racismo occidental. Del que Europa/Occidente nunca logra salir. Y ahora, en el marco del mundial, el “moderado” Rajoy lo recuerda. El otro mito dice que Occidente se constituyó como producto histórico interno. Según esta narrativa lo occidental es algo que debemos entenderlo desde dentro. Como un proceso propio y específico.
El problema con estos dos mitos es lo que ocultan. Primero, que Grecia fue una civilización afroasiática (como mostró ampliamente Bernal) que construida a partir de sus vínculos con África por la vía del Egipto antiguo (civilización de origen negro) y con la antigua media luna fértil en lo que hoy es Medio Oriente. Grecia estaba inscrita en un circuito civilizacional mediterráneo que tuvo su primer centro en Egipto y luego en la propia Grecia. No fue una civilización hecha a sí misma.
Segundo, que Occidente moderno se constituyó tal como lo conocemos hoy a partir de su encuentro con su otro externo: el negro africano y el indígena de las Américas. Lo occidental, como identidad histórica, surgió de ese encuentro brutal a partir del siglo XV. Donde por primera vez en la historia Europa/Occidente se hizo centro del mundo; antes era una periferia de escasa relevancia (Dussel). En ese contexto fue que el fenotipo no blanco se ubicó por debajo de lo humano. Y, por tanto, o bien se le esclavizaba y despojaba de historia (el negro) o se le inscribía en relaciones de dependencia y dominación legal (el indio mediante las encomiendas como forma de enmascarar su esclavización). El pensamiento moderno occidental, incluso, se formó sobre la base de esta relación. Las obras de autores fundantes de la epistemología moderna como Bacon (Novum Organum) y Descartes (Discurso del método) lo demuestran.
Europa, entonces, siempre vuelve a esa matriz de imaginada superioridad racial. Reafirmarse en su blancura y, así, poner lo blanco como condición necesaria para pertenecer a lo europeo. El nacionalismo étnico surgido en el contexto del romanticismo (siglos XVIII y XIX) fue una clara expresión de esto. Un francés tiene que ser blanco. No basta con nacer y criarse en Francia. La selección francesa es africana porque la mayoría son negros. Aunque, de hecho, Francia sea una de las selecciones con menos nacionalizados en todo el mundial. De 26 jugadores solo tres no nacieron en suelo francés. Pero no importa. Son negros y árabes. Es decir, no son igualmente humanos a nosotros la gente blanca y civilizada de Europa.
En fin, el racismo y nacionalismo étnico europeo vienen de muy atrás. De mitos fundantes que siguen vigentes. Nada de esto debe sorprender. Menos en estos tiempos de derechización y fascismo normalizado.
En Brasil están atribuyendo el declive de su selección de fútbol al avance del evangelismo. Y no me parece descabellado pensarlo. Por lo siguiente:
1. El fútbol brasileño tenía una identidad enraizada en la exuberancia, fiesta y colorido propios de una cultura hija del sincretismo entre lo católico y los imaginarios religiosos de origen africano. Cuando Brasil arrasaba en los mundiales sus jugadores llegaban a los estadios cantando samba y tocando tambores afrobrasileños. El juego en la cancha no era más que la extensión del festejo. Pero así era cuando los jugadores eran católicos y practicantes del sincretismo afrobrasileño. Hoy los jugadores de Brasil son mayormente evangélicos. Y el evangelismo, dada su matriz dispensacionalista y su escatología cerrada, expulsa toda forma de sincretismo: de diversidad. Es decir, acaba con el fútbol-fiesta. Los actuales jugadores de la selección brasileña llegan rezando a los partidos...Ahora tocar los tambores e invocar los santos del sincretismo afrobrasileño es cosa del diablo. Está muy mal visto. Se volvieron tristes, marciales y predecibles. Tanto en sus vidas como en la cancha.
2. En el catolicismo cuando uno se equivoca o le va mal debe reflexionar y buscar causas para mejorar. En la escatología evangélica ya todo está escrito. Si ganan el mundial es porque Dios así lo quiso. Y si pierden estrepitosamente como ahora es porque los tiempos de Dios son perfectos...En tales condiciones el jugador nunca es responsable, en última instancia, de los malos resultados. Se busca ganar y mejorar, pero siempre pensando en que pase lo que pase todo está en manos de Dios quien de antemano determina lo que va a pasar.
3. El evangelismo que llega a Brasil (y al resto de América Latina) es individualista. Es una religiosidad que articula la noción calvinista del esfuerzo individual como devoción por Dios, con la teología de la prosperidad neopentecostal. El evangélico privilegia lo individual frente a lo colectivo. La salvación es de cada uno. El fútbol brasileño de los Pelé, Garrincha, Zico, Ronaldo, Romario, Rivaldo y Ronaldinho (cuando Brasil era insuperable en la cancha) tenía un componente profundamente colectivo tanto en su aspecto táctico como estético. Cosa muy difícil de cultivar hoy en jugadores evangélicos que se ven a sí mismos como actores individuales cada uno en búsqueda de su salvación privada.
4. El evangelismo es severo y castigador. Mientras que el catolicismo (sincrético) que imperaba en Brasil era abierto y matizado. Esto amplía la creatividad y la búsqueda de distintas opciones. El futbolista brasileño del jogo bonito era ante todo creativo. Veía los partidos cerrados como algo a superar creando e inventando jugadas. Hoy, con jugadores evangélicos, la selección brasileña luce predecible y sin imaginación.
En fin, invito a que sigan el debate que hay hoy en Brasil en relación a lo que consideran son los efectos nocivos del evangelismo en la identidad de su fútbol. Porque ese debate puede extrapolarse a muchos otros ámbitos de esa sociedad. Y, por tanto, a cualquier otro país latinoamericano donde el evangelismo haya sustituido a la matriz católica (sincrética) como religiosidad mayoritaria. Al final, estos discursos de odio, vaciamiento democrático y destrucción de lo público que vemos en nuestros países no vienen de la nada.
Hace diez generaciones, la xenofobia dejó a una etnia sin tierra y les obligó a vivir en el agua.
200 años después, sus tataranietos construyeron el campo de fútbol más bonito del mundo (gracias a Maradona).
Esta es la historia:
El fútbol llega a todo el mundo. A todo. Nos afecta, queramos o no, porque altera la vida de las ciudades, porque cambia el territorio, porque sus catedrales son hitos urbanos de primer orden. Río no sería Río sin Maracaná, y Múnich no sería Múnich sin el Allianz Arena, aunque esté en las afueras.
Y hay veces en que un Mundial de fútbol reescribe el territorio del lugar más insospechado, especialmente cuando en él se produce uno de los momentos más bellos de la historia del deporte.
El 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca, Diego Armando Maradona recoge un pase en la mitad de su propio campo. Diez segundos y seis décimas después, tras regatear a cinco jugadores ingleses —incluido el portero Peter Shilton—, el 10 de Argentina marca el gol del siglo. Miles de argentinos gritan y lloran. Otros tantos ingleses se enfadan. Otros miles de aficionados por todo el mundo se asombran incrédulos antes lo que acaban de ver. Uno de esos aficionados es un chaval tailandés llamado Prayut Pasampan, al que apodaban Naan.
Extasiado con el gol de Diego, y aunque nunca había tocado un balón, Naan propuso a sus amigos formar un equipo, y los amigos respondieron que estupendo, que iban a ser tan buenos como Maradona, pero también le preguntaron que dónde pensaban entrenar, porque allí no había ninguna cancha ni descampado al que escaparse porque, de hecho, ni siquiera había suelo. Resulta que esos chavales vivían en Ko Panyi, una isla flotante en la bahía de Phang Nga.
Aunque flotante, en realidad, no del todo. Ko Panyi está construido sobre palafitos, edificios montados sobre pilotes clavados en el lecho marino. ¿Y por qué a alguien se le ocurriría fundar un pueblo en condiciones tan incómodas, con la humedad, con los mosquitos, con la logística diaria de no poder salir a la calle porque la calle es agua? En el caso de Ko Panyi, la culpa la tuvo la xenofobia.
A finales del siglo XVIII, un grupo de familias de pescadores de Java arribó a la costa de Phang Nga en busca de mejores caladeros. La ley tailandesa prohibía entonces ser propietario de terreno a cualquiera que no tuviera orígenes tailandeses, así que los pescadores de Java lo resolvieron con una lógica aplastante: decidieron fundar su pueblo donde no hubiera tierra. Sobre el mar.
Pero en 1986 los chavales futboleros no tenían dinero para una cancha sobre pilotes, así que construyeron una cancha LITERALMENTE flotante. Un sistema de tanques de plástico anclado para que la corriente no se lo llevara, y encima la cancha, hecha con tablones que sobraban de otras casas y clavados como buenamente supieron. Puede parecer rudimentario, y lo era, pero sirvió. Había nacido el Panyee FC.
Los chavales entrenaron, se envalentonaron y se inscribieron en un torneo infantil. Los partidos se disputaban en tierra firme y, aunque apenas llevaban unas semanas jugando, resulta que no eran tan malos.
Como habían entrenado sobre una plataforma que se movía, que se balanceaba con el oleaje y se inclinaba traidoramente cuando un balón rodaba hacia el borde, no recurrían al patadón hacia arriba, sino que bajaban la pelota al suelo y la trabajaban abajo, y eso los hacía hábiles —muy hábiles— sobre el firme quieto y previsible de las canchas de verdad. Acabaron segundos.
Aquel segundo puesto fue un éxito para Ko Panyi, hasta el punto de que en las temporadas siguientes les construyeron un par de canchas nuevas, esta vez estables y de hormigón. Así, el fútbol se convirtió en el deporte preferido del pueblo (y supongo que también en el único), y el Panyee FC ganó varios torneos juveniles entre 2000 y 2010.
Pero esto no era el Mundial, y la historia permaneció oculta durante décadas, hasta que en 2011 el banco TMB decidió rodar un cortometraje/anuncio para contar esa historia de chavales y tablones flotantes. El anuncio —y la historia— dieron la vuelta al planeta, y el campo flotante del Panyee FC es hoy uno de los lugares más fotografiados de Ko Panyi.
Así que quizá fue el anuncio de un banco, o el turismo que vino después, o el boca a boca. O quizá fueron unos chavales que querían ser como Maradona y que, aunque nunca marcaron el gol del siglo, consiguieron que en su pueblo flote el campo de fútbol más bonito del mundo.
#LaOdiseaIntroducción
La Odisea es, junto con la Ilíada, una de las dos grandes epopeyas de la literatura griega. Tradicionalmente se considera posterior a la Ilíada y su composición suele situarse a finales del siglo VIII a. C.
Ambas se atribuyen a Homero.
Lo que en El Salvador de Bukele se vende como un milagro de mano dura, en Ecuador naufraga en medio de un baño de sangre. La construcción de prisiones y la militarización de las calles no logran contener una ola de extorsiones y asesinatos https://t.co/dTXzlx9w3V
🔴 En colegios de #Ecuador, se obliga a los estudiantes a jurar “lealtad” a @DanielNoboaOk y a Erik Prince, fundador de Blackwater.
Niños prometen dar la vida por esta alianza, mientras Prince es cuestionado por haber recibido millones del Estado por un plan de seguridad que nunca se ejecutó.
🎥 @jirou19860614
#Exclusiva | Un audio de Inés Manzano revela la coordinación con la asambleísta Diana Jácome para evitar el primer intento de juicio político contra la entonces ministra. Acordaron que las comparecencias de funcionarios de Celec y Termopichincha sobre Progen y ATM sean escuetas y no ahonden en el problema.
🎙️ @higuerahernan con el informe.
Más detalles ▶️ en https://t.co/NyztbOWSRX
La @uhemisferios, cuestionada en los últimos días por otorgar un título de Licenciatura en Comunicación tras apenas ocho meses de estudios a Lavinia Valbonesi esposa de Daniel Noboa, también entregó ese mismo título a Diana Jácome, hoy asambleísta de ADN, en diciembre de 2024 bajo el mismo argumento: validación por trayectoria profesional.
El caso vuelve a abrir el debate sobre los mecanismos de validación académica, la transparencia universitaria y los privilegios dentro de ciertas élites políticas del país.