La moralidad es un invento humano, no una característica. Ningún otro ser vivo la tiene. Puedes albergar en tu corazón sentimientos incompatibles con hacer daño de cualquier índole, o lo contrario. Punto.
De pequeños jugábamos a inventarnos un personaje. Nos divertíamos porque podíamos ser quien se nos antojara. Se nos olvidó que la vida es un juego. No vinimos a ganar, vinimos a recordar que no somos el personaje que hemos creado. Vuelve a ser niño y juega.
Si no sabes usar tu bondad, se podría convertir en un peligro para ti, y una ventaja para el aprovechado. Lo bueno, y lo malo, depende del uso que se le da.
Desde que tuvo lugar la primera célula de tu ser, tu cuerpo no ha dejado de trabajar para ti. Somos un laboratorio andante. Y tu te aburres si estás cinco minutos sin tener algo que te distraiga. Hazte consciente de todo ese milagro que eres, y nada te apagará.
Expresar nuestro sentir es algo que en ocasiones necesitamos. Otra cosa muy diferente es tratar de convencer que lo nuestro es lo correcto y que los demás están equivocados. En la historia de la humanidad todo conflicto radica ahí. Imponer por la fuerza ideas y creencias.
El miedo puede disfrazarse de prudencia. Una carencia puede disfrazarse de amor, o amistad. Lo que llamamos fracaso, es falta de una verdadera honestidad, la única que es capaz de hacer desaparecer el disfraz.
Atravesar la orilla. Despiertas cada mañana, y tienes que atravesar las horas que separan el día de la noche. Solo es eso. Solo, y nada más y nada menos. Atraviesa la orilla sin miedo, que la noche siempre llega.