chapulines, mariposas, conejos y libélulas, andar en la bici y ayudar a mis abuelos en el campo. Extraño el pasado y quizá por eso me incómoda que mi pueblito pierda su magia.
Ya no se muden a Cuautlancingo, ya no por favor, mi pueblito se está perdiendo, no hay árboles, no hay agua, hay cada vez más personas extrañas y ajenas.
Los campos, los árboles de manzana, las calabazas, el maíz, el frijol; antes la gente de acá se dedicaba a eso, y sí hay
“crecimiento” pero a costa del campo, por donde sea que mires hay infonavits, llenas, apilados, uno tras otro, gente que no es de acá y gente que quiere venir, extraño los árboles de casa y poder ver el Popocatépetl e Iztaccíhuatl, quiero volver a escuchar los grillos, ver
Y qué bueno, qué bueno que puedas hacer lo que sea, qué bueno que no estés enferma, qué bueno que tu familia no llore todo el tiempo, qué bueno que no vivas en citas con médicos y agujas, qué bueno que tengas la oportunidad de vivir. Y qué mal que no la aproveches.
No siempre tengo que verme bien, soy así, narizona y con los ojos tristes ya para qué me complico, dijera una amiga, es mejor que te vean en redes toda rara y fea y cuando te vean en persona digan “bueno, no se ve tan mal”.