Te vi crecer como pueblo entre baldíos y calles de tierra cuando las bardas reinaban a sus anchas y el Limay parecía indomable en su camino hacia el mar.
Te vi soportar los vientos de la primavera cuando no existían reparos y el sol de aquellos veranos donde los árboles todavía eran promesas.
Te vi curiosear con ojos de conventillo las vidas que se cruzaban en las esquinas de los barrios; te vi suspirar por los amores que nacían en las plazas y en los bailes.
Te vi y te veo ahora lo grande y hermosa que estás, mi querida Neuquén.
Y me alegra y me llena de orgullo -creeme- haber sido testigo de esta transformación mágica y repentina, tan bonita y maravillosa.
¡Felices 121 años, ciudad capital!
M.C.