La Iglesia no existe para sí misma, sino para conducir a cada persona al encuentro con el Señor; por eso, no basta con preguntarse si una actividad está bien organizada, si cuenta con participación o si lleva muchos años en marcha: es preciso preguntarse si conduce realmente a Cristo, si hace que el Evangelio se encuentre con la vida concreta de las personas.
"Dos son las cosas que atraen o empujan al pecado a los hombres: el placer o el dolor. El placer atrae, el dolor empuja. Al placer hay que oponerle la continencia; al dolor la paciencia."
San Agustín. (Serm. 283, 1)
"No podremos preservarnos de la malicia del tiempo presente si no nos esforzamos por nuestra parte en la salvación del prójimo."
San Agustín.
(T. Apolog. II, I, 1)
"Cuando le dije a mi madre que no era ya maniqueo, pero tampoco todavía cristiano católico, con el pecho lleno de segura placidez me respondió que no dudaba en absoluto que antes de morir había de verme católico fiel."
San Agustín. (Conf. VI, I, 1)
"Dios mío, inspira a tus siervos, mis hermanos; a tus hijos, mis señores, a quienes sirvo con el corazón, con la palabra y con la pluma, para que cuantos leyeren estas cosas se acuerden ante tu altar de Mónica, tu sierva, y de Patricio, su esposo"
San Agustín
(Conf. X, XIII, 37)