A escasos centímetros, Damon contempla con nitidez el relieve de sus facciones, la curva de sus labios rosados, el perfil de su nariz y la suavidad de sus pómulos. Sus ojos, de un azul tan claro, evocan un fragmento del propio cielo; la oscuridad no es suficiente para apagar el
@littledcvil sigues reteniendo». Desearía poder arrancar y acallar de una vez esas malditas voces que le taladran la cabeza, mas superado por la presión, echa la cabeza hacia atrás con frustración.
—Joder —se queja, apretando los dientes antes de obligarse a entrar en razón—. Vale. Te ›
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𝓣here is a madness in me, a hunger I can't explain, where every thought of you pulls me deeper into the labyrinth of my own desires, tangled between pleasure and pain.
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@littledcvil cuerpos, como si el mismísimo mar tuviese celos de la devoción que el jinete le brinda a la chica que estrecha entre sus brazos.
—Mía —susurra contra su piel, atrapando el sonido directamente en su boca—. Solo mía.
@littledcvil vuelve a asaltar sus labios en un ciclo sin fin. Cuando finalmente se separa unas milésimas para recuperar el aire, el pecho le sube y baja de forma errática. Le incomoda la falta de aliento, pero le perturba aún más el vaivén constante de las olas que rompen contra sus
@littledcvil su posición. Solo entonces, Damon eleva el rostro y captura sus labios en un beso furioso, devorándola con unas ganas y una pasión que borra por completo el resto del mundo a su alrededor.
@littledcvil más, afianza la seguridad de su cuerpo, tensando los músculos de un brazo para estrecharla contra su pecho en un abrazo asfixiante. Simultáneamente, despliega la otra mano hacia su cabeza, enredando los dedos húmedos en su melena rubia para sujetarle la nuca con firmeza y fijar
@littledcvil un nuevo mordisco; una presión que apenas roza la frontera del dolor, pero lo bastante firme para marcar lo que él piensa que es su territorio.
@littledcvil lame la piel de Winter un milisegundo antes de que sus labios se posen en la línea lateral de su rostro. Lento, desliza la boca hasta hallar el ángulo de su mandíbula. Ahí, justo en el rincón donde el pulso de la muchacha late contra sus labios, entreabre los dientes y le asesta