«Cuando mi esposo murió, y era muy famoso por no ser creyente, muchas personas se me acercaban – todavía me sucede algunas veces – y me preguntan si Carl había cambiado al final y se había convertido a la creencia en una vida después de la muerte. También me preguntan si creo que lo volveré a ver. Él enfrentó su muerte con infatigable valentía y nunca buscó refugio en ilusiones. Creo que no lo volveré a ver nunca más. Pero lo vi. Nos vimos el uno al otro. Nos encontramos el uno al otro en el cosmos, y eso fue maravilloso».
— Ann Druyan