La última foto que tengo de mi hijo de 2 años en Venezuela es tan triste, estamos él y yo, sentados en el piso de nuestro apartamento en Guanare, comiéndonos un pote de helado EFE *cuchareao* porque llevábamos 6 horas sin luz y no quería que se perdiera.
El helado lo compré porque estuvo enfermo y en la clínica, para bajarle la fiebre, lo bañaron con agua fría porque no habían antipiréticos (tampoco luz).
Un 27 de febrero (icónica fecha) de 2017 salimos de Venezuela a España por un trabajo de asesoría a una empresa que me tomaría 25 días.
A los días un amigo me escribe por Signal y me dice que acaba de salir con medidas cautelares, que andan buscando a *los hackers* que estaban "tumbando la luz" en Venezuela y que yo estaba en esa lista.
Un viaje de 25 días se ha convertido en 9 años de espera, con un joven de 11 años que gracias a Dios lo único que recuerda de esa época es cantar *se fue la luz en todo el barrio* y la afición por el Helado.
Mi negra, te estoy contando esto y por primera vez en 9 años me he puesto a llorar, nadie entiende lo que hemos pasado los venezolanos tanto dentro como fuera del país y pretenden ofenderse cuándo les decimos que están equivocados.