El urugayo en su mayoría es humilde y laburante. Tranca los panes porque sabe que la tiene difícil y frente a la adversidad se hace fuerte. Se hace respetar, sí. No es favorito, no lo asume, no se planta desde un lugar de soberbia. Las redes nos mataron hasta la identidad. Duele.
Lo peor es que todos en Uruguay tambien los odiamos. En 2010, 2014 y 2018, cuando competiamos y nos eliminaban llegando lejos, aceptabamos la derrota con humildad.
Pero apenas aparecieron estos influencers de seleccion, generaron una imagen del uruguayo de alguien soberbio y agrandado.
Nos condenaron para siempre.
Desde que van a cubrir a Uruguay, sólo es puro fracaso, váyanse y no vuelvan más. Se necesitan periodistas capacitados, que estudien, no simulacros de TikTok que no tienen el conocimiento suficiente.