Nuestra vida entre banderas
Cuando Maravilla nos hizo gritar uno de esos goles que jamás se olvidan, nuestro estallido fue tan grande como la definición del 9 que nos enamora. El fútbol es tan hermoso como hijo de puta, pensé, porque una obra de arte así no puede quedar despegada de ser el famoso y soñado gol del campeonato.
Del éxtasis a la agonía. De acariciar la gloria a verla escaparse por nada. “Mi delirio y mi condena”, resumía una de las banderas que a lo largo de nuestra historia se transformaron en definiciones de los estados que podemos transitar en un mismo partido por este amor que nos une.
“Todos juntos”, el lema que Costas también hizo convertir en trapo, volvió a reflejarse en Santiago del Estero, donde el final de la película nos estrujó el corazón como a Gustavo. El “soy de #Racing, luego existo” es la filosofía de todos nuestros días: los felices y también estos, que ya pasarán. Que serán tristes; pero amargos, jamás.
Es cierto: “mi vieja me dio la vida y Racing, el corazón”. Hablando por teléfono con ella, todavía cruzado por la desazón y el deseo estéril de querer revertir lo que pasó, llegué a plantear que hubiera cambiado terminar con ese 1-0 a cambio de que el avión desde el que escribo estas líneas volviendo de Santiago fuera noticia en la noche de tormenta.
Pienso en los miles que gastaron hasta lo que no tienen para poder hacer los 1000 kilómetros y estar. En los otros miles que empujaron desde el Cilindro. En los millones que, en cualquier lugar del país y el mundo, tocamos el cielo gracias al profeta del gol y después nos chocamos contra el palo del último penal.
“Te doy todo lo que tengo”, la bandera con letras chanfleadas que vimos tantos años en cada cancha, es otra pintura de esta forma desinteresada que nos mueve a todas partes: el amor puro. “El que deja todo no defrauda”, como este equipo, que pese a este dolor nos acostumbró a que ganar sea una hermosa costumbre y defender los colores con orgullo, una garantía.
Los viajes cambiaron hace tiempo, por suerte. Ya no son con calculadoras ni fantasmas. Ya no son finales por la permanencia. El mapa se amplió por pelear y ganar campeonatos. No se trata de buscar un consuelo a lo de anoche, porque la herida tendrá que cicatrizar. Y la mejor cura será seguir jugando finales.
Pero hay algo que afortunadamente no tiene cura y es esta pasión inexplicable. Racing, con nuestra vida entre banderas, en este día y cada día ratifico que “si no existieras, te inventaría”.