El país quebrado, los malandros disparando, la JEP llorando por billete y nunca por las víctimas, la rata de Santos remando como vikingo de Odebrecht, Medellín sin turistas, su comercio sangrando como nunca antes y la discusión es si hay que bloquear Airbnb, la inflación disparada, el peso colombiano más envilecido que promesa de politico, Delcy reinando, cierta oposición revoltosa incendiando (literalmente), los resultados en educación pésimos, con la salud en crisis, con más perros que hijos y cada vez más envejecidos, etc, etc, etc
Todo esto así de grave y la discusión profunda nacional se divide entre:
1. El walkie-talkie de Abelardo.
2. Nacional perdió con Llaneros y botó la plata de James.
Ahh…. Y Win Sports entre renovar un contrato (amañado) con la Dimayor o volvernos a poner a Betty la fea por octava vez.
Y mientras tanto, en otros países están armando robots, diseñando chips más pequeños que el grueso de un mini pelo, lanzando cohetes que no se desintegran al volver a la Tierra, diseñando péptidos que curan enfermedades, descifrando el ADN de todas las especies y generando una riqueza exponencial que es multi generacional a escala industrial!
La pobreza es mental definitivamente.
Está en nosotros despertar!
George Orwell escribió, con razon, que la palabra fascista ya no significaba nada: había sido usada con tanta ligereza para descalificar a quienes piensan distinto, que había perdido completamente su sentido original.
Recientemente algunos redactores de panfletos han optado por una expresión renovada, neofascismo, en un intento por recuperar el significado perdido. Pero el lenguaje que se corrompe casi nunca se regenera. “Si ya no sabemos que es el fascismo, ¿cómo podemos luchar contra él?”, preguntaba el mismo Orwell.
Como dice Daniel Briceño: “Todo político que sea millonario, es porque se la robó, fin”.
En política NO se hace plata. Por muy alto que creas que es el salario, no compra las camionetas de 600 millones, los relojes de 200, ni las casas de 6.000.
Nuestro problema como sociedad es que nos ponemos de pie cuando entra un bandido de esos a un lugar.
La falta de sanción social promueve la corrupción como un camino “válido” de enriquecimiento.
Todo el que siendo político ande en carros de más de 500 millones y artículos de lujo, es un bandido.
Salvo que haya construido primero su riqueza como empresario y luego se haya lanzado a la política. Pero ustedes y yo sabemos quienes son.