No deja de sorprenderme la voluntad colectiva de olvidar cuestiones que parecen insalvables, como la pandemia del covid o los expedientes de Epstein. Ya no voy a juzgar a quienes beben en exceso para olvidar.
Uno de los mejores aspectos del internet es descubrir de forma random cosas interesantes. De que scrolleas y, de repente, te salen imágenes intrigantes de una película japonesa surrealista de los 70.
Normalicemos dejar de decirles perros callejeros. Los perros callejeros no existen. Son PERROS
EN SITUACIÓN DE CALLE. Y son el triste resultado de la negligencia, ignorancia, irresponsabilidad y falta de sensibilidad de todos nosotros seres humanos, incluidas las autoridades.
La cinefilia popular ha llevado a la fetichización de ciertos directores, cuyos nombres se han usado hasta el hartazgo. Tarantino y Scorsese son ejemplos. Sin embargo, por ahí quedan algunos que han escapado del endiosamiento barato. Bogdanovich es uno de los que se han salvado.
The head of the philosophy department at Williams College downplays the pedagogical value of writing:
“What if we are mistaken in treating writing as the highest cultivation of thought? The evidence that supports this belief is thin at best. Writing can be useful cognitive scaffolding for memory and self-regulated learning, but the notion that it is the best process for developing thinking skills is a fairly recent idea, traceable to the 1970s writing-across-the-curriculum movement.”
Hace años me topé con esta cita de Truffaut y todavía estoy de acuerdo con ella: «Tres películas al día, tres libros por semana y discos de buena música bastarían para hacerme feliz hasta el día de mi muerte».