@sagfutbol@mauroszeta Maestro, tenía un ARSENAL! Y simbología de una postura política que mató a 6 millones de personas aproximadamente... Cual es tu pregunta?
"Vamos a recordar una cosa, muchachos: que nosotros le vamos a dar cabida a todo el mundo, cosa que ellos no hacen con nosotros porque somos sudacas cuando salimos de Argentina" (2006, apenas terminado el recital de Soledad y Natalia Pastorutti).
👁️ | LA AMENAZA DE PETER THIEL
El sueño distópico del magnate de Palantir está cerca de materializarse. Si Argentina deroga la Ley de Tierras en 7 días, lo siguiente podría ser una histórica reconfiguración económica, demográfica y territorial con riesgos para toda la región:
1/ La entrega
El marco histórico argentino (Ley 26.737) imponía límites claros: tope del 15% a la propiedad extranjera, un máximo de 1000 hectáreas en zona núcleo y prohibición total de vender terrenos con cuerpos de agua permanentes o situados en zonas de frontera.
Su desmantelamiento dirigido por el gobierno de Milei, y sumado a incentivos como el RIGI, garantizaron a 30 años de estabilidad fiscal, libre disponibilidad de divisas y prórroga de jurisdicción ante tribunales arbitrales internacionales en el CIADI, no ha sido desregulación, sino la construcción de una plataforma de extracción y ocupación territorial blindada contra la soberanía estatal.
2/ El fin de la democracia
Para entender quién es Thiel es clave remitirse a su corriente filosófica neorreaccionaria y tecnofascista (NRx), formulada por el programador Curtis Yarvin, el filósofo Nick Land, y articulada teóricamente por el propio Thiel en su ensayo de 2009 (Cato Unbound), donde sentencia: "No creo que la libertad y la democracia sean compatibles. El gran logro debe ser el escape a la política".
Una arquitectura ideológica que descansa en tres pilares:
- Neocameralismo: reemplazo de la democracia ineficiente por un Estado rediseñado como corporación privada (Joint-Stock Republic), gestionado por un CEO no electo y ciudadanos sin más derechos políticos que los que los hace clientes o usuarios bajo contrato.
- El principio de "Exit" (Salida): gobernanza ya no definida por votos; la única "libertad" capaz de ejercerse es migrar si no aceptas las reglas dictadas por la empresa propietaria del suelo. No hay más derechos, No hay más democracia.
Materialización espacial: creación de Charter Cities (ciudades privadas autónomas), plataformas flotantes (Seasteading) y micronaciones corporativas dentro de Estados ocupados. Generalmente debilitados y permeables gracias a crisis financieras previas.
3/ ¿Por qué Argentina?
La presencia de Thiel y su cercanía al Poder Ejecutivo argentino trascienden lo fiscal y responden a cuestiones físicas y estratégicas ligadas al despliegue de infraestructura tecnológica y las condiciones específicas que requiere el tecnofascismo:
- Control político: No quedan dudas de que si Javier Milei pasó de panelista low-cost de TV a Presidente de una nación en tiempo récord, no se debió a sus aptitudes, sino al respaldo que desde el día uno lo volvió una alternativa real gracias a su imagen pública predominantemente digital. Si Milei fue electo, fue por haber sido elegido antes por la élite internacional para ejecutar la cesión de soberanía que el capital tecnológico necesita.
- Enfriamiento para IA: El control de tierras en zonas frías, combinadas con las principales reservas hídricas continentales del país, responde a la exigencia física de enfriamiento que requieren las granjas de servidores masivas para los sistemas avanzados de IA.
-Energía Privada: El modelo exige un suministro continuo e ininterrumpido en escala de gigavatios, lo que exige acceso directo al potencial eólico, solar y a Vaca Muerta para crear redes eléctricas autónomas y operadas al margen del sistema de distribución público.
-Colonización Inteligente: Penetración en la estructura estatal para el despliegue de software de minería de datos masiva (deep-data mining), dando alcance a las bases de datos de la ciudadanía y las agencias estatales.
4/ El impacto fáctico
Las consecuencias de este ensayo tecnofascista y extractivista trasciende la teoría política y proyecta consecuencias territoriales de altísima gravedad para la región, pero principalmente dos:
- Zonas de Excepción: Reconfiguración del mapa nacional con megapropiedades en fronteras o cuencas hídricas donde la justicia local y las fuerzas de seguridad ya no tendrán capacidad operativa, y donde los reclamos que recaigan sobre estos feudos hipervigilados deberán hacerse en tribunales internacionales inalcanzables.
- Colapso hídrico: Se calcula que un megacentro de hiperescala como el de Thiel consumiría entre 10 y 15 millones de litros de agua dulce al día (el consumo diario de una ciudad de 100.000 habitantes). Un recurso que se devolvería caliente a la tierra, destruyendo totalmente ecosistemas naturales como los del Río Negro por priorizar el enfriamiento de microprocesadores sobre el consumo humano.
5/ El surgimiento de una amenaza
Con Palantir Technologies—columna vertebral de la inteligencia militar, predictiva y fronteriza del NSA, el Pentágono y el ICE, entre otras organizaciones— instalada físicamente y dentro de la estructura estatal argentina, el país está llamado a convertirse en un hub de inteligencia de Washington y Tel Aviv, pero además en una grandísima amenaza internacional, por:
-Descontrol: no solo se habilitaría la vigilancia predictiva sobre la población, sino que la corporación privada lo haría límites legales ni estatales. Sin que nadie sepa qué están midiendo, cómo, cuándo, dónde ni a quién, dentro y fuera de las fronteras.
-Espionaje: se facilitaría el procesamiento satelital en tiempo real para rastrear reservas de agua, litio, cobre o cosechas antes que los propios Estados soberanos con los que Argentina ha tenido históricamente una relación neutral.
-Control social y Guerra Cognitiva transfronteriza: se facilitaría desde Argentina, pero sin Argentina, la creación de mapas de influencia para perfilar a la ciudadanía y manipular escenarios electorales en países limítrofes (Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia). Algo sobre lo cual ya llueven denuncias en contra de EEUU e Israel.
-Aislamiento diplomático: la pérdida de soberanía en general y de datos en particular obligaría a las agencias de la región a cortar el intercambio de inteligencia con Argentina para evitar la filtración masiva hacia servidores corporativos. Argentina quedaría completamente aislada.
6/ Una rigurosa distopía
No hay lecturas alternativas: el proyecto que encarnó Milei en nombre de una libertad (de traicionar) y Peter Thiel en nombre de su amor por (el agua y las tierras de) Argentina no es nuevo y no es improvisado: es el plan que alguien soñó alguna vez para sustituir la República y la soberanía del Estado-Nación por un modelo autoritario e hipertecnológico.
Un plan que necesitaba una Argentina en ciertas condiciones para su control en solitario. Sin alianzas regionales. Sin marcos legales. Sin capacidad de reacción colectiva. Eso que un día un magnate imaginó, luego convirtió en doctrina y esperó hasta el día que alguien sostenido por la élite y capaz de cualquier cosa le abriera la puerta de su propio país desde adentro.
@frenesiazulg Ya se sabía que Culotta va pa atrás... Desde que le robaron los avales y dsp puso al de despegar que lo cagó era obvio que no tenía la capacidad de gobernar o gestionar San Lorenzo... Que lágrima por favoooolr
Mandaron a sacar la insignia de Malvinas de los bondis...
QUE MAS NECESITAS PARA DARTE CUENTA QUE ESTE GOBIERNO TE ODIA Y SON TODOS ANTIPATRIA!
Del primero al último!
Qué obsesión que tienen con el kirchnerismo, chicos! Es un síndrome de Estocolmo? Es simple y llanamente antiperonismo, claro. Pero chicos, CFK dejó de ser presidenta hace 11 AÑOS!!!!, y hoy además está presa. Y siguen batiendo el parche con el kirchnerismo. Si ustedes son tan genios, por qué deberían preocuparse? Si ustedes dicen que le mejoraron la vida a la gente, por qué esa obsesión? No sueltan! Y eso que con los kukas bien que ustedes y sus empresas ganaron fortunas eh? Pero fortunas enormes! Pero… los kukas daban planes (ahora ustedes dan más) y odiaban que una mujer les diera órdenes, no? No lo podían soportar. Los cagaba a pedos, los humillaba por inútiles, no le temblaba la mano. Pensaron que la viuda era fácil de voltear sin un marido atrás y la viuda era más brava que ustedes. Centenas de pitos duros cortadores de bacalao, acorralados por una mina durante años. Será por eso que tienen tanto miedo y siguen tan obsesionados? Hagan las cosas bien y ninguno de sus peores temores se cumplirá. El problema de ustedes no son los kukas, porque tienen todo y más para sacarlos del poder. El tema es que cuando les toca a ustedes agarrar la papa caliente, son unos inútiles. Qué problema, no?
Un grupo de científicas de la UBA y el CONICET desarrolló un sustituto al plástico desarrollado con almidón de mandioca y yerba mate que se degrada en 5 semanas.
El país más racista del mundo
Me tiene impresionado nuestro nuevo racismo. Me dieron ganas de escribir sobre eso pero no de publicarlo en algún medio. Prefiero que quede aquí, al alcance de quien quiera leerlo.
Una conciencia nueva recorre el planeta. No lo sabíamos pero ahora sí: el saber progresa incontenible. En estos días he escuchado y leído varias veces que la Argentina es “el país más racista del mundo”. Es cierto que, según dicen esos mismos, queremos ganar todo y no sabemos perder: quizá nos ofrecen este primer lugar para compensar nuestras derrotas futboleras. En cualquier caso la noción es brutal y me dio ganas de contarles cómo es el racismo en la Argentina para que ustedes juzguen. A veces, muy de tanto en tanto, conocer los hechos puede ser una ayuda.
Antes del desembarco de los españoles no se sabe: no queda registro de esa gente, pero eran pocos y vivían en grupos laxos, no había estados, la discriminación era difícil. El primer racismo rioplatense registrado fue, entonces, el de aquellos soldados que llegaron para tratar de ocupar aquellas pampas –habitadas por seres inferiores a los que había que ordenar, educar, catequizar y explotar todo lo posible para salvar sus almas, pobrecitos.
El problema, en toda América, fue que los locales no alcanzaban para extraerlo todo y además se morían casi siempre. Por suerte los grandes del reino dieron con la solución: llevar otros trabajadores.
Entre 1550 y 1800, grosso modo, el reino de España secuestró o hizo secuestrar a tres o cuatro millones de africanos para llevarlos a trabajar a sus colonias americanas. El viaje era duro: alrededor de un tercio moría en alta mar. Para los que llegaban la vida era casi peor: el trabajo de todo el día todos los días para un dueño más o menos implacable según los casos y la estrategia comercial. Algunos pensaban que era mejor negocio cuidar a sus esclavos y explotarlos durante muchos años; otros, que convenía explotarlos más aunque duraran poco, porque tampoco eran tan caros. No estamos hablando de la Edad de piedra en Baluchistán: es aquí mismo y son los grandes reyes cuyos nombres nombran calles y escuelas y orgullos españoles.
Nuestros racismos más extremos tienen su base en este tráfico. Los dueños de los esclavos justificaban su violencia arguyendo que los negros eran inferiores porque eran negros y, al ser inferiores, podían ser secuestrados y reventados a fuerza de trabajo. El racismo como excusa y consecuencia de la explotación.
(Siglos después esa historia incómoda también se solucionaría con un relato simple en que la diferencia venía de la raza o la nacionalidad: los malvados imperialistas europeos abusando de los pobres africanos. Los malvados imperialistas europeos abusaron, por supuesto, de los africanos pobres, pero la diferencia fundamental, una vez más, era la clase: reyes y nobles y poderosos africanos apoyaban y aprovechaban la caza y tráfico de africanos para la exportación. Algunos usaban el mito de la Patria: los capturados eran extranjeros, decían, gentes de otros reinos. Faltaba mucho para que se inventara la negritud, la noción de que todos los africanos tenían en común la raza, el sufrimiento.)
La actual Argentina y su puerto, Buenos Aires, no compraron muchos esclavos: no había minas ni plantaciones donde usarlos. Fueron sobre todo trabajadoras y trabajadores domésticos. Buenos Aires en 1810 tenía menos de 40.000 habitantes; los negros serían unos 10.000. Empezaban las guerras de la independencia contra España y algunos fueron a pelear. La mayoría eran soldados rasos, pero no por ser negros; por ser pobres.
En 1813 una Asamblea Constituyente pre-argentina decretó la “libertad de vientres”. Sonaba a abolición de la esclavitud pero no lo era: significaba que los nuevos hijos de esclavas no serían esclavos pero que los esclavos ya existentes no dejarían de serlo hasta su muerte. Así, los honorables diputados calmaban sus conciencias y los dueños de los esclavos –a menudo ellos mismos– no perdían dinero resignando sus propiedades de dos patas. Solo cuarenta años después la Argentina abolió por fin la esclavitud. Para ese entonces Estados Unidos y Brasil la mantenían como una base decisiva de su economía.
La mayoría de los negros de Buenos Aires no sobrevivió al siglo XIX. En 1865 una “Triple Alianza” de argentinos, brasileños y uruguayos se lanzó a la guerra contra Paraguay para cortar sus veleidades de desarrollo autónomo. En el ejército porteño había soldados negros –y muchos fueron muertos. Lo mismo en la siguiente guerra, cuando los ricos porteños decidieron matar a los indios que vivían en las pampas para apropiarse de sus tierras. Y la puntilla fue, probablemente, la gran epidemia de fiebre amarilla de 1871, que se encarnizó con los negros –porque vivían en los lugares con la peor higiene.
En Argentina, tras todo ese desastre, no quedaron muchos. Ahora, junto con Chile, es el país latinoamericano donde hay menos. Por eso, entre otras cosas, fue patético cuando una serie de medios “serios” de Estados Unidos denunciaron que la Argentina era tan racista que en su selección de fútbol no había ningún jugador negro –en un país donde no llegan al 0,7 por ciento de la población.
Su marca más profunda en la cultura argentina es una palabra: el tango era un lugar donde los negros se juntaban para cantar y bailar. Pero la música del tango es, como casi todo en esas tierras, producto de la mezcla de la inmigración.
En 1880 el país tenía unos dos millones de habitantes; en 1920, alrededor de diez millones: la mayoría eran inmigrantes. Se destacaban los italianos y los españoles pero también había franceses, ingleses, alemanes, polacos, rusos, turcos, sirios, portugueses, griegos, japoneses, tantos más. En esos años la mitad de la población de Buenos Aires había nacido en otra parte y el preámbulo de la Constitución prometía “los beneficios de la Libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.
Por supuesto, hubo un intento de reacción racista de parte de los ricos argentinos que los habían convocado imaginando que sólo recibirían contadores suizos y poetas toscanos. En cambio llegaron pobres sin educación, mucho anarquista y socialista, gente inconveniente. Hubo peleas pero, a largo plazo, los recién llegados se impusieron.
Y entre ellos se pelearon poco. Siempre hubo chistes y pequeñas reyertas, por supuesto, de tanos y gallegos y moishes y franchutes pero la mezcla sucedió enseguida: fueron comunes, ya desde el principio, las bodas entre gentes de orígenes distintos. Y la escuela pública, gran logro de esos años, fue el mejor instrumento de amalgama, la fábrica incesante de argentinos.
Hacia 1930 el país prosperaba. Seguía siendo el gran exportador de carne y grano, sus latifundios sin vergüenza, pero empezaba a sostener ciertas industrias. El desarrollo necesitaba brazos; los europeos, envueltos en sus crisis y guerras, ya no migraban tanto. Empezaron los desplazamientos internos: millones de argentinos de las provincias –que allí llamamos “el interior”– bajaron a la capital a buscar mejores vidas. Muchos tenían la piel un poco más oscura por viejos mestizajes. Los porteños ricos –y los que querían parecerlo– los llamaron “cabecitas negras”.
Era un racismo sin leyes, social, una pelea –y fue quedando aislado. Pronto el peronismo se ofreció a representar a los recién llegados y ellos lo abrazaron. Con el tiempo el peronismo fue variando –si algo hace es variar todo el tiempo– y buena parte de esos inmigrantes internos se integró. A partir de 1960 –y cada vez más– empezó a fluir otra corriente de ciudadanos de los países limítrofes que llegaban a buscarse la vida. Nunca tuvieron trabas burocráticas o policiales y ahora mismo se supone que son dos o tres millones, si acaso un cinco por ciento del total.
Y sin embargo en ese país en crisis, cuyos ciudadanos eligieron uno de los gobiernos más desagradables del planeta, no hay un uso político del rechazo a estos inmigrantes más recientes. Debe ser que esos politicastros dispuestos a todo lo han hecho medir y descubrieron que los votantes argentinos no lo agradecerían tanto como los españoles o alemanes o italianos o franceses o ingleses. La xenofobia no es, en Argentina, ese tema central que la ultraderecha y la derecha ha impuesto en nuestros países europeos.
Y tiene sentido: en la Argentina, por suerte, no hay pureza posible. Somos pura mezcla, somos los mismos y distintos: no podemos descalificar a ningún otro –porque nosotros mismos somos otros.
Hay, por supuesto, esa discriminación hacia los pobres que está por todas partes y ninguna FIFA, ninguna ONU, ningún gobierno condena. En Madrid, donde muchos inmigrantes islámicos no le pasan bien, el otro día vi una caravana de coches oficiales, brillosos, alemanes, bruta custodia policial, que paraba en la puerta del museo del Prado para que lo visitaran, obviando cualquier cola, cinco o seis jeques impecables. Esos jeques eran tan “moros” cómo cualquier víctima de Vox; la diferencia no está en la piel sino en la caja fuerte.
Yo soy español (una sola vez) y soy argentino (otra sola vez) y también soy un poco polaco, judío, ruso, todas esas cosas que me hacen parecido a algunos y muy distinto de otros que podrían definirse igual. Está claro que en las últimas décadas la Argentina fracasó en muchas cosas. Ya estamos en las semifinales mundiales del fracaso, pero triunfamos en mezclarnos. Por eso no nos resulta fácil ser racistas. Lo siento. Pero, por el amor de dios, no desesperen: si eso es lo que quieren, lo seguiremos intentando.
(Si alguien quiere reproducir estas palabras, sólo debería citar la fuente -o retuitearlas.)
Y está vez no se nos dio.
Y créanme que duele. Duele muchísimo, porque nadie quería seguir escribiendo esta hermosa historia más que nosotros . Soñábamos con llevar otra vez la copa a casa y no se dio
Pero si hay algo que nunca nos va a faltar es entrega. Dejamos la vida.Nos tocó terminar segundos, pero jamás dejamos de representar a la Argentina con el orgullo y el compromiso que esta camiseta merece.
Qué orgullo y afortunado soy de ser parte de esta familia lpm @Argentina
Perdón por no poder regalarles esa alegría que tanto queríamos darles. Nosotros jugamos por ustedes, por cada argentino que estuvo alentando desde cualquier rincón del mundo. Sentimos ese cariño todos los días
Hoy toca levantarse. Volver a empezar. Trabajar más, creer más y prepararnos para que esta camiseta vuelva a estar donde nosotros mismos la pusimos estos últimos años ,en lo más alto.
Porque las finales no se regalan, se ganan llegando a ellas. Y este grupo y al que le toque va a seguir peleando, unido, con la misma ilusión de siempre.
Gracias por estar. Gracias por creer.
Nos volveremos a levantar.
Porque así es Argentina. Siempre juntos. 🇦🇷💙🤍