Hace unos días una persona en Instagram me preguntó si alguna vez había sentido envidia.
Les cuento.
Cuando conocí a los dueños de Playdoit, hubo uno que me cayó mal. Pero mal de verdad. ¿Y saben por qué? Porque era guapo, vestía bien y era muy educado.
Tiempo después, estando en mi casa, tuve una plática conmigo mismo y entendí todo: lo que yo sentía era envidia.
¿Él me hizo algo? No. Nada. Al contrario, siempre fue respetuoso. El tema era mío.
Y creo que a muchos nos falta eso: sentarnos y ser honestos con nosotros mismos. Entender por qué alguien nos cae mal, porque muchas veces puede ser solo eso… envidia.
Pero nos cuesta aceptarlo. Nos cuesta ver lo que traemos dentro. Nos cuesta reconocer que tenemos defectos, errores, complejos, inseguridades. Es más fácil pensar que el problema es el otro, aunque nunca nos haya hecho nada.
Muchos dicen que nunca han sentido envidia. Pero no es cierto.
Todos la hemos sentido. Y la vamos a volver a sentir. ¿O neta crees que nunca en tu vida has sentido envidia por alguien más? Somos humanos, no Teletubbies.
La diferencia está en reconocerlo.
Porque cuando lo haces, dejas de vivir con coraje. Empiezas a tener paz, tranquilidad… y dejas de juzgar sin razón.