Una cosa es defender derechos en el discurso público y tener un tono de voz flemático, otra es la pasividad a-crítica ante la violencia armada, y otra saber gobernar y liderar. Una misma persona puede parecer lo que dice y ser lo que actúa por acción y por omisión.
¿ Habrías escogido para dictar la cátedra de cirugía del corazón al excelente panadero de tu panadería favorita, porque su pan es delicioso y en el fondo quien se alimenta bien con Buenos panes es mejor médico que quién se desnutre como médico? Estoy hablando de vicepresidencias.
“Los sistemas de libertad no mueren entre estridencias. Mueren entre aplausos ingenuos y cómplices”.
Hay imágenes que revelan todo. Ver a un gremio de empresarios reunidos con Iván Cepeda en un club social, sonriendo y compartiendo ideas con el supuesto “hombre pacífico, entrañable y dialogante”, es una de ellas. No porque la cordialidad sea un pecado, sino porque esa foto pertenece al género de la opereta política: El intento deliberado de suavizar a un doctrinario cuya trayectoria ha estado anclada en una visión ideológica que, históricamente, ha despreciado todo lo que esos mismos empresarios representan.
La escena me llevó de inmediato a la gran enseñanza del siglo XX. El desencanto tardío de quienes, desde las élites económicas y culturales, coquetearon con ideas que solo muchos millones de muertos después, comprendieron que eran enemigas de su propia existencia. Les tomó demasiado tiempo entender que para el pensamiento comunista clásico el empresario no es aliado potencial, ni siquiera interlocutor válido, sino símbolo del explotador codicioso y despiadado. Y que, en ese mismo relato, los comunistas aparecen como redentores que liberarán a la sociedad de esas “sanguijuelas”.
Para llegar al poder, las revoluciones ideológicas han sabido combinar todas las formas de lucha: La violencia explícita, pero también la máscara del hombre moderado cuando están ad portas del poder. Es un libreto viejo que sigue funcionando porque la historia empezó a reescribirse.
Basta recordar a los empresarios -padres y abuelos de los que hoy posan en foros con Cepeda- que viajaban al Caguán a brindar con “Tirofijo”, convencidos de que ese gesto simbólico abría lazos de confianza. Años después, sus familiares fueron secuestrados por los mismos guerrillerosque ellos creían haber seducido con un whisky. La razón es que el mecanismo moral del comunismo no reconoce vínculos personales cuando se trata de su proyecto histórico.
Solzhenitsyn lo denunció con claridad luminosa. El comunismo justifica cualquier crimen en nombre del futuro. Orwell lo explicó con la misma precisión: La manipulación del lenguaje, el control informativo y la ingeniería emocional no son accidentes, sino métodos para conquistar el poder. Kołakowski mostró que el comunismo comienza con una promesa moral, pero termina convertido en opresión, porque su estructura doctrinaria desprecia la libertad individual. Václav Havel reveló cómo a través de la mentira organizada, de la obediencia vacía y de la complicidad estructural; se instala en la vida cotidiana.Miłosz relató cómo captura a las élites seduciendo su vanidad intelectual. Y Besançon lo sintetizó magistralmente: El comunismo no engaña por accidente, sino por vocación. Su fuerza radica en la estética de la revolución, que oculta su esencia destructiva con gestos dulces y escenas coreografiadas. Justo como el performance de Cepeda cercano a empresarios que parecen haber olvidado demasiado.
Pero si tuviera que recomendar una sola lectura para comprender lo que hoy presenciamos, sería “Cómo terminan las democracias” de Revel. Pocas obras muestran con tanta nitidez cómo el comunismo aprende a moverse dentro de las instituciones democráticas para debilitarlas desde adentro, apoyándose en la credulidad de empresarios y élites convencidas de que el halago los blinda frente al proyecto doctrinario que avanza silencioso, detrás de la sonrisa cortés. Revel expuso magistralmente ese tránsito de la amabilidad estratégica al control; del abrazo conciliador al desmantelamiento de las libertades; del tono pacífico al silenciamiento del disidente. No es un proceso abrupto sino,como en el aluvión, un accionar lento cuya eficacia depende, precisamente, de que pocos lo perciban.
Por eso el evento del club y el hecho de que muchos digan que “es solo un gesto democrático”, no es trivial. Es una advertencia. Una postal de la vieja ingenuidad burguesa que el siglo XX castigó inmisericorde y que, incomprensiblemente, amenaza con repetirse.
El mismo dueño-gerente de Cifras y Conceptos que no me incluyó entre los 31 candidatos en su encuesta Polimétrica , me visitó en la oficina en 2015 un par de meses antes de lanzarme a la alcaldía, que gané, exclusivamente a decirme que tenía una encuesta que decía que yo era la persona más odiada en Bogotá y que no tendría sentido que me lanzara. Espero que en esta vez su sabio criterio y sus encuestas estén igualmente desacertadas
Ayer se salvó la división tripartita del poder en Colombia, la principal directriz que resume el mejor aprendizaje de la cultura occidental contra el totalitarismo.
Los retos del siglo XXI y la paz mundial se resuelven mediante evolución intercultural integrativa, raíz de paz mundial. Podcast. https://t.co/anywdr1N1T