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Cada vez que ocurre un gran terremoto, aparece alguien con un gráfico de alineaciones planetarias diciendo: “Esto ya lo predije yo”.
Spoiler: los planetas no predicen terremotos.
El primer medicamento de #terapiagénica completamente diseñado a partir de investigación pública 🇪🇸 y con aprobación acelerada de la #FDA, ha conseguido a día de hoy, y tras una única aplicación, que nueve niños participantes del primer ensayo clínico hayan superado la enfermedad.👏👏
#KRESLADI™, aprobado por @US_FDA, para el tratamiento de la deficiencia de adhesión leucocitaria tipo 1 #LAD_1, una de las #EERR y muy grave en bebés.
Desarrollado junto a #CIBERER @CIBER_ISCIII, @Hospital_FJD, #HospitalNiñoJesús, con el apoyo de @fundacionbotin y licenciado en 2016 a @RocketPharma.
Lo cuenta en @Conversation_E, @JuanBueren , director de @BioInn_CIEMAT del @CIEMAT_OPI👇
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El 01/07/1818 nació Ignaz Philipp Semmelweis, “el salvador de madres”.
En el siglo XIX, dar a luz en un hospital podía ser una sentencia de muerte. La fiebre puerperal acababa con la vida de miles de mujeres tras el parto, especialmente en las maternidades.
Semmelweis, médico húngaro que trabajaba en el Hospital General de Viena, observó algo inquietante: en una de las salas la mortalidad era mucho mayor que en otra. La diferencia era que en una atendían partos médicos y estudiantes que antes habían estado realizando autopsias; en la otra, matronas.
En 1847 llegó a una conclusión revolucionaria: los médicos estaban transportando “partículas cadavéricas” desde los cadáveres hasta las madres a través de sus manos.
Obligó a lavarse las manos con una solución de cloruro de cal antes de atender partos. El resultado fue espectacular: la mortalidad cayó de cifras cercanas al 10% a menos del 1%.
Pero su descubrimiento chocaba contra las ideas de la época. Muchos médicos se negaron a aceptar que ellos mismos pudieran ser la causa de aquellas muertes. Semmelweis fue ridiculizado, perdió apoyos y terminó siendo apartado de la medicina académica.
La ironía fue cruel: quien había demostrado la importancia de la higiene acabó destruido por el rechazo de sus colegas.
En 1865, con su salud mental deteriorada y tras años de frustración, fue ingresado en un manicomio de Viena. Allí murió pocos días después, a los 47 años, tras ser golpeado por los guardias y sufrir una infección en una herida (sepsis), la misma clase de enfermedad que él había ayudado a prevenir.
Murió sin ver reconocido su trabajo.
Años después, con la llegada de la teoría microbiana de los gérmenes de Pasteur y los avances de la antisepsia de Lister, la comunidad médica entendió que Semmelweis tenía razón.
Hoy, cada lavado de manos sanitario lleva algo de su legado.
Ignaz Semmelweis no fue escuchado cuando tenía la verdad delante. La historia acabó dándole la razón.
El #Cervino ha vivido muchas olas de calor los veranos, pero no lo suficientemente intensas para generar cascadas en su parte alta. Algo está cambiando.
Hilillos de agua para algunos; una nueva señal de hacia donde se dirige nuestro clima para otros. 🙄
Lo mejor no es sólo (sí, con tilde) todo lo que sabe (que es muchísimo), sino cómo lo transmite. Tiene esa capacidad de convertir cualquier tema en algo interesante y con consejos súper útiles. Y, por si fuera poco, en El País. ¡¡BRAVO, @farmagemma!! https://t.co/ldnDuoBJPW
Ya se que el imbécil q controla esto no quiere q nadie vea mis tuits y hace lo posible para que ni mis seguidores se enteren, pero yo sé q a muchos les gustan los trenes y las estaciones abandonadas, y voy a seguir poniendo fotos porque aunque sean dos personas, alguien las verá.
This incredible sunspot near the solar limb was imaged by the @AstroSabadell member Alfredo Vidal.
This image has been awarded and published in the NASA’s APOD website…
Congrats‼️
Hoy os quiero hablar de la Asociacion Alcores, que hacen una labor magnífica en un campo que me toda de cerca. Tenéis que ver lo que hacen y si podéis, os agradecería mucho que colaboraseis con ellos dentro de lo posible.