Estoy en contra del impuesto progresivo. Y de la solidaridad fiscal como “obligación” legal. Quien gana más, ya paga más, porque el 20% de 100.000 euros es más que el 20% de 20.000. Y aquí os espero con el escudo antidisturbios.
Críos con traje y beca celebrando que han acabado el 8° de EGB de antes. Padres vestidos como Mario Conde y madres disfrazadas de Carmen Lomana del todo a cien haciéndose fotos con ellos como si hubiesen terminado Arquitectura. ¿Pero qué cojones nos está pasando como sociedad?
Este Papa me cae mejor que Francisco. Las cosas como son. No le he visto ningún ramalazo de la mala hostia que tenía el argentino. Y además, siendo americano se le entiende en español bastante mejor que a María Jesús Montero. Pero de lejos.
A los que os casasteis ante Dios sin ser creyentes, a los que despotricáis de la Iglesia y de los curas y a estas horas estáis preparando la Comunión de vuestro hijo como si fuera una boda vikinga, os digo que además de unos estafadores sois unos mierdas. Pero así de claro.
El debate sobre la eutanasia
es muy delicado, como todos los debates morales y más aquellos en que está en juego la propia vida humana. Por eso hay que acercarse a él con prudencia y tacto, más en un caso límite al aplicarse aquí a una joven de 25 años.
La decisión de la Justicia ha tenido que ser muy complicada. A resultas de los informes médicos oportunos, se ha reconocido la capacidad de Noelia para tomar su decisión de forma libre y autónoma. Además se ha partido del sufrimiento que las limitaciones físicas producían a esta mujer. Coincidieron seis instancias judiciales: dos juzgados de Barcelona, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional e incluso el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Sin embargo, la cobertura legal, no quita para reconocer que el fatal desenlace parte de un fracaso múltiple. De la familia, por no ofrecer un entorno estable para Noelia. Del Estado, por no facilitar las herramientas necesarias para dotar de seguridad y de salud psíquica a esta chica.
Nadie puede sentirse orgulloso y ni tan siquiera tranquilo con lo que ha ocurrido y la mera afirmación del ajuste a la Ley, no puede bastar para analizar este asunto. Pesa en el ambiente una amarga sensación de fallo estrepitoso de las instituciones con Noelia y eso nos debe hacer reflexionar.
Me preocupa el efecto contagio que pueda tener en otros jóvenes.
Me preocupa también que las instituciones vendan lo ocurrido como una “solución” en vez de trabajar intensamente para evitar que jamás vuelva a suceder.
A todo el mundo le gusta viajar, leer y hacer deporte. Y ni viajan, ni leen ni hacen deporte. Por eso prefiero al que te dice “no viajo porque no me gusta” que a quienes te venden la moto con “mi sueño es conocer China” y los hijos de puta no conocen ni Mérida ni Albarracín.
De entrada, en cualquier hospital el médico que abre un tórax debería cobrar cinco veces más que un enfermero y diez veces más que un celador. Y de aquí no me muevo.
25 añitos tiene la criatura. Graduado en Derecho. De Cuenca. Ya se ha puesto “Attorney” en las tarjetas de visita y “Experto en Derecho Marítimo y Aeronáutico” en la página web. Y CEO de su “firma”, que es él solo. Que no se pierda nunca el tontopollas español, por Dios bendito.
SOY UN BOOMER. ¿Y QUÉ PASA?
Sí, soy un boomer. Dilo sin miedo. BOO-MER. Con dos oes y una factura de la luz que parece un secuestro. Soy boomer y no pasa nada. Bueno, pasa de todo, pero ya estoy acostumbrado.
Soy boomer porque cuando algo no funciona lo apago y lo enciendo, y si no va… le doy un golpe. Y oye, funciona más veces que vuestros tutoriales de 47 minutos con intro, like y suscríbete.
Soy boomer porque no confío en la nube. ¿La nube? Yo ya tuve una nube… se llamaba disquete. Y se perdió. Y desde entonces, trauma. Yo quiero las cosas guardadas en una carpeta, en un sitio, con nombre claro:
“DOCUMENTOS IMPORTANTES DEFINITIVO FINAL AHORA SÍ”.
Soy boomer porque llamo por teléfono. Sí. LLAMO. Sin avisar. Sin WhatsApp previo. Directamente. Y cuando no lo coges pienso:
“Está muerto o pasando de mí. Las dos cosas mal.”
Soy boomer porque escribo “Ok.” con punto, y la gente joven cree que estoy enfadado, decepcionado o a punto de desheredar a alguien. No, chaval, es educación. El punto no es agresivo, agresivo es escribir “k”.
Soy boomer porque leo las noticias, no “me informo por TikTok”. Yo no quiero un chaval bailando mientras me explica una guerra con subtítulos mal escritos y música de fondo.
Soy boomer porque me sé números de teléfono de memoria. El mío, el de casa, el de mis padres, el de un amigo que no veo desde 2003… y tú no te sabes ni el tuyo porque lo guarda el móvil como “Yo”.
Soy boomer porque desconfío de las apps.
—“Es gratis”.
Gratis no hay nada, algo me va a robar: los datos, el alma o las dos cosas.
Soy boomer porque cuando me dicen “te mando un audio” ya sé que no era urgente. Si era urgente, llamas. El audio es para gente que quiere hablar sin que le interrumpan. Monólogos… como este.
Soy boomer porque imprimo cosas.
—“¿Para qué lo imprimes?”
POR SI ACASO.
El “por si acaso” es el antivirus del boomer.
Soy boomer porque no me fío del QR. Yo quiero una carta. Un menú. Algo físico. El QR parece una trampa para robarte el móvil, la cuenta y la dignidad en dos segundos.
Soy boomer porque cuando alguien me dice “reinicia el router” siento que he hecho ingeniería avanzada.
Soy boomer porque no entiendo las contraseñas modernas:
mínimo 14 caracteres, una mayúscula, una minúscula, un símbolo, un jeroglífico egipcio y la sangre de un dragón.
Y luego: “contraseña incorrecta”.
Soy boomer porque tardo en contestar WhatsApp y no pasa nada. El mensaje sigue ahí. No caduca. Esto no es leche.
Soy boomer porque me enfada que todo sea suscripción. Antes comprabas algo y era tuyo. Ahora pagas, no es tuyo, y encima te lo quitan cuando quieren.
Soy boomer porque me quejo, pero con fundamento. No por postureo. Yo me quejo con experiencia, con facturas, con rodillas que suenan al levantarse.
Y sí, soy boomer…
pero sé hacer cosas.
Sé esperar.
Sé orientarme sin GPS.
Sé hablar con personas.
Sé vivir sin batería.
Así que sí: SOY BOOMER.
No vintage.
No retro.
Boomer auténtico.
Y si no te gusta…
El bioquímico español Mariano Barbacid y su equipo, financiados con fondos privados, han logrado curar el cáncer de páncreas en ratones, de forma duradera y sin efectos secundarios. Ahora pide ayuda financiera para que sea una realidad en los pacientes.
Igual un método para no destrozarle la vida a cuarenta familias es darle el puesto de consejero de ADIF a un ingeniero y no al portero de un prostíbulo.
No sé, llámame loco.
Feliz Navidad para todos aquellos que tengan una lágrima contenida, un abrazo en espera, un enfermo en su entorno, una ausencia que pese, un corazón cansado.
El hijo de Dios trae amor, paz y esperanza, una vez más.
Tened fe, todo pasará.
Un abrazo grande para todos.
🙏🤗