Dice mucho de nosotros como sociedad que Luly Bossa tenga que pedir dinero a desconocidos para darle una sepultura digna a su hijo mientras la mujer que le destrozó la vida por un chisme, ha seguido su vida como si nada.
Mi mayor miedo es reencarnar en un perro y que me toque ser de esos perros que trabajan y no de los consentidos que se quedan en la camita todo el día y les dan pollito cuando se enferman.