#OpinionEE | Panfleto milagro
Se negaron al empalme porque, de haberlo hecho, habrían tenido que retirar muchas de las acusaciones que necesitaban mantener calientes para publicar el ampuloso “Libro de la Verdad”, elaborado en pocos días y entregado públicamente a quienes tienen el deber constitucional de investigar con independencia. Linchamiento es la sensación que queda del lanzamiento del texto que, según el portal Las2orillas, fue preparado por el nuevo director de la Agencia de Defensa Jurídica del Estado. Bien que se sepa todo, pero perseguir el delito no legitima la arbitrariedad.
¿En un Estado de Derecho puede un gobierno convertir denuncias que deben tramitar autoridades independientes en un “Libro de la Verdad”, presentado públicamente como catálogo de culpabilidades? La respuesta solo puede ser no.
Habría bastado que en silencio y sin tanto alboroto el gobierno hubiese remitido todo a jueces y entes de control; pero no, Abelardo y su combo no iban a dejar servida lo que creen es una papaya, de la cual el pintoresco vicepresidente Restrepo vaticinó que esto es apenas la punta del iceberg.
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VIDEO | La Encharca, en el departamento del Chocó, recibe ayuda humanitaria de particulares y no estatal tras el sismo de magnitud 7,4 que azotó Colombia el pasado lunes. En esta remota comunidad temen que su tragedia se olvide por no estar cerca de los centros poblados.
Centros de datos elevan el consumo de energía y agua por el auge de la IA
La demanda de recursos exigidos por la inteligencia artificial supera los avances en energías limpias. La ONU y reportes de la industria tecnológica encienden las alarmas tras el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero y el gasto hídrico durante 2025.
🔸 #MundialRTVE | El Egipto-Irán trasciende lo deportivo.
Seattle lo designó como partido del Orgullo por coincidir con las celebraciones, una decisión que irritó a ambas federaciones.
Aun así, la FIFA permitirá banderas arcoíris en el estadio.
Presento las bases comprobadas del posible fraude. Que puedo entregar a autoridad competente.
Dije que no reconocí los datos del preconteo del software de los hermanos Bautista es porque tengo datos.
Mi compromiso con mi pueblo y el amor a mi país por el que he luchado toda mi vida hace que arriesgue todo al transmitirlo y lo voy a hacer en este momento.
El registrador se negó permanentemente a entregar el código fuente que era el requisito básico de la transparencia electoral.
Lo hice porque por sentencia plena del consejo de estado del 2018, se declaró ese software vulnerable desde dentro y desde afuera.
Ante mi denuncia sobre que el software fue modificado en días en los que por norma legal debería mantenerse quieto, el registrador dijo que era imposible.
Esto solo indica que la registraduría no tiene control del software, como ya sabíamos.
El software si fue modificado y dos veces el 26 de mayo del 2026. La primera modificación ocurrió a la 1.21.35 pm y la segunda a las 7.21.13 pm
La modificación consistió en modificar el censo electoral y el número de puestos y mesas. El diario el tiempo logró descubrir solo la modificacion de mesas.
La cuantía de la modificación es la siguiente:
Censo oficial 41.421.973. está cifra fue cambiada en DIVIPOL en el software de los hermanos Bautista el 26 de mayo del 2026, cinco días antes de las elecciones en la siguiente cantidad 42.307.373.
La diferencia es de 885.409 nuevas cédulas que no se inscribieron en la fecha legal.
También se variaron los puestos de votación, aumentandolos de la siguiente manera:
De 13.742 oficiales a 14.438 en DIVIPOL, software de los hermanos Bautista, diferencia 696 puestos de votación.
Esto da un cambio en el número totales:
Mesas oficiales, ya escritas: 120.527, pero en DIVIPOL de los hermanos Bautista, quienes son los que hicieron el conteo hay 122.020 con una diferencia de 1493 mesas adicionales, que no posiblemente no han sido escrutadas.
Puedo probar ante autoridad competente estos hechos.
En el conteo de votos de los hermanos Bautista, aparecen 5.300 mesas con ms de 300 votos en el día, que es la cifra que máximo pueden votar en las horas de elección, muchas llegan a 700 votos.
En esas mesas es donde se ubica la ventaja de 635.000 con que Abelardo supera a Cepeda.
Entrego el dato completo de las 5.300 mesas.
Miren este texto tan interesante de Andrés con u
perfiles de Abelardo De la Espriella y de Iván Cepeda
Soy abogado y filósofo. Estudié cinco años cada carrera y debo admitir que, viendo a Iván Cepeda y a Abelardo de la Espriella —los dos candidatos que hoy puntean las encuestas—, siento que reconozco dos formas de entender el mundo que he visto toda mi vida en las aulas.
Abelardo de la Espriella representa un modelo muy reconocible dentro del Derecho colombiano. Hablo de un tipo de abogado que las facultades muchas veces admiran y reproducen. Este tipo de abogado es el litigante grandilocuente, seguro de sí mismo, que convierte la palabra en espectáculo; que entiende el derecho como combate y que no tiene demasiados escrúpulos sobre a quién defender mientras pueda ganar el caso y acumular prestigio, dinero o poder.
Muchos estudiantes quieren vestir como él, hablar como él y parecerse a él. Porque en muchas facultades de Derecho se premia la seguridad incluso por encima de la verdad.
En Derecho a uno le enseñan, muchas veces, a sostener una postura incluso cuando íntimamente no cree en ella. La habilidad consiste en defender, persuadir y vencer. La oratoria ocupa un lugar central. El modelo gaitanista del gran tribuno todavía persigue nuestra cultura jurídica. El abogado como un hombre capaz de imponerse por la fuerza de su voz. Y eso no es necesariamente malo. La palabra dicha tiene poder. La oratoria importa. La política también necesita pasión y capacidad de confrontación.
Ahora bien, en Filosofía funciona distinto. Por eso entiendo mucho a Iván Cepeda. Los profesores casi siempre llegaban con un texto escrito. Y uno también debía llegar habiendo escrito. Había un respeto profundo por las palabras, por el matiz, por el silencio y por la precisión. En filosofía, escribir mal no es un detalle, es una falta ética. Porque escribir implica hacerse responsable de lo que uno piensa. Mientras en algunas facultades de Derecho leer demasiado puede verse como debilidad, en Filosofía improvisar demasiado puede verse como superficialidad.
Iván Cepeda representa mucho de esa tradición, a saber, el reposo del análisis, la prudencia con las palabras, la idea de que antes de hablar hay que pensar y antes de acusar hay que comprender. Incluso su manera de debatir tiene algo muy propio de los seminarios de filosofía: escuchar, citar, argumentar, volver sobre los textos y tomarse en serio las consecuencias de las palabras.
Al final, lo que hoy se disputa no es solamente una elección entre dos personas. También es una disputa entre dos culturas intelectuales y morales. La política como espectáculo de confrontación permanente o la política como ejercicio reflexivo de responsabilidad con la palabra.
No dejaré de ser filósofo ni abogado. Me siento orgulloso de ser ambas cosas. Defiendo jurídicamente con pasión a habitantes de calle y a animales, pero también siento que la filosofía es de las cosas más importantes que me han pasado; que sin ella es difícil pensar cómo darle sentido al país.
Reconozco estos dos modelos que se forjan en las aulas de Filosofía y Derecho, y que luego encuentran vocaciones políticas distintas. Siento que las formas terminan determinando aquello que buscamos como país.
Votaré por Iván Cepeda. Las razones no son únicamente las que acabo de enunciar, pero ayudan mucho.
No todos los Valencia son malos
Por Julio César Londoño
No todos son malos, también hay pésimos, como Ignacio Muñoz Córdoba, el tatarabuelo materno de la candidata Paloma Susana Valencia Laserna. Suegro del poeta Valencia y descendiente de encomenderos, Ignacio Muñoz Córdoba tenía una gran hacienda, extensión que multiplicó diez veces limpiando montañas baldías con el trabajo de centenares de esclavos indios. Luego limpió sus tierras de indios arrojándoles jaurías de mastines amaestrados.
Un movimiento indígena «sedicioso» (1914 – 1918) fue reprimido violentamente en el Cauca por una liga de liberales y conservadores liderados por Ignacio Muñoz y el poeta Valencia. El poeta hizo capturar al líder indígena Quintín Lame, lo arrastró encadenado por la Calle del Puente del Humilladero y luego lo encerró, lo escupió y lo golpeó. Lo llamaba «asno montés». (El Espectador, julio 12 de 1924).
Aunque la idea de levantar muros contra los indígenas sea una genialidad moderna, las raíces del asunto son viejas y tenebrosas.
Otro Valencia pésimo fue el abuelo de la bella candidata, Guillermo León Valencia, presidente de Colombia (1962-1966), un señor dipsómano, zurumbático y muy distinguido. Tiene un lugar propio en la historia del país desde 1964, cuando bombardeó Marquetalia para «sembrar la paz» y, de paso, sofocar una protesta de campesinos que pedían un puente, veinte gallinas y dos marranos. De esa matazón nacieron las FARC, una de las guerrillas más fuertes militarmente del mundo y también una de las más torpes en lo político.
La ineptitud de las élites caucanas no se queda atrás; su inepcia es tan rancia como sus blasones y abolengos. La prueba está en que el Cauca es uno de los departamentos más atrasados de Colombia a pesar de que ha sido la cuna de 17 presidentes, «diez de los cuales nacieron en el mismo barrio y siete en la misma cuadra», precisa el exministro Aurelio Iragorri Valencia, primo de Paloma, miembro de su comité político… y vecino de la célebre cuadra, por supuesto.
Cuando se viaja por tierra, pasar de Nariño al Cauca es una experiencia traumática: dejamos atrás los laboriosos minifundios, ese «país donde el verde es de todos los colores», entramos a las yermas tierras de los patricios caucanos y nos sorprenden los mendigos tirados en las bermas de la carretera, los enormes latifundios enmontados o, en el mejor de los casos, las decenas de miles de hectáreas del monocultivo de la caña de azúcar.
Contra todo pronóstico, también hay Valencias buenos. El más destacado fue Álvaro Pío Valencia (1911-1998), tío-abuelo de Paloma, marxista, humanista y más anticlerical que Vargas Vila. Asumió la rectoría de una pequeña universidad, la Santiago de Cali, y la convirtió en una gran universidad popular. «Le tiró línea» política a un joven vecino suyo, Manuel Cepeda Vargas, el padre de Iván Cepeda.
Un día, Álvaro Pío Valencia decidió regalarles todas sus tierras a los campesinos. Los Valencia trataron de evitarlo pero fracasaron. «No regalé nada –me dijo un día–, solo les devolví sus tierras a los dueños originarios».
El otro «Valencia» bueno es Mario Laserna Pinzón, abuelo materno de Paloma, filósofo, humanista, amigo de Albert Einstein, fundador de la Universidad de los Andes, asesor de la Asamblea Constituyente y, vueltas de la vida, senador de la República con el aval de la Alianza Democrática M-19.
Corría el año de 1991. Qué tiempos aquellos, el país se desangraba como hoy, como siempre, pero a veces los líderes tenían raptos de lucidez y decidían que una constituyente exprés podía desempantanar las eternas discusiones del Congreso. Un día caían asesinados cuatro candidatos presidenciales y, al día siguiente, los guerrilleros, los liberales, los conservadores, los estudiantes y una poeta se sentaban y trazaban en 149 días una excelente constitución.
En suma, la vida y la campaña de Paloma es un compendio de historia y paradojas: empieza con las tensiones entre indios y mestizos en ese tránsito de la Colonia a la República, del encomendero al hacendado, encarnados a finales del siglo XIX en su tatarabuelo Ignacio Muñoz y su bisabuelo el poeta Valencia; hoy, ella se enfrenta al hijo de Manuel Cepeda Vargas, pupilo de marxismo de su tío-abuelo Pío Valencia; Iván Cepeda es el continuismo de un exguerrillero del M-19, el partido que avaló la curul de su abuelo paterno, Mario Laserna. Las fórmulas vicepresidenciales de ambos son «descastados»: Aída Quilcué, descastada por ser indígena, y Juan Daniel Oviedo, un «no-heterosexual», para usar la etiqueta melindrosa (casi digo maricona) de Álvaro Uribe.
Paloma Valencia puede ser la primera mujer en llegar a la presidencia… aunque llegaría encaramada en los hombros del gran protomacho, su mentor político, sosteniendo que el feminismo actual es un engendro de izquierda y otros prejuicios tan absurdos que parecen incubados en la Popayán del siglo XIX.
En las entrevistas, Paloma pasa apuros para demostrar que es una buena chica de centro, no agravar su relación con los indígenas ni con la comunidad LGBTIQ+ y mostrarse partidaria de las reformas sociales que torpedeó rabiosamente durante los últimos cuatro años.
Repite, imitando servilmente a su mentor, que Iván Cepeda fue el asesino del joven senador Miguel Uribe Turbay, y se enfurece cuando el padre del senador, Miguel Uribe Londoño, le recuerda que ella dijo que Miguel Uribe Turbay tenía «comportamientos mafiosos».
Yo recuerdo una frase suya en la noche del 7 de agosto de 2018. En la tarde, Iván Duque había pronunciado un discurso casi conciliador, tono que cayó muy mal en el ala radical del Centro Democrático, en Paloma, María Fernanda Cabal, Paola Holguín, Carlos Felipe Mejía, Fernando Londoño y otros miembros de Los Trizas, heridos en lo más hondo por Los Acuerdos de La Habana. Fue por eso que Paloma dijo en la fiesta de esa noche, muerta de la risa: «Una cosa será el gobierno de Duque y otra será el Centro Democrático».
La derecha de Uribe y Paloma, tan «moderada» como la de Abelardo, ha demostrado a lo largo del siglo su capacidad para sabotear la paz y las iniciativas sociales y atizar la guerra. Tiemblo al pensar en la manera como ella y su mentor manejarían este país.
Señores @AcueductoBogota en el barrio Tisquesusa de la Localidad de Engativá estamos sin agua, calle 77 con carrera 81. ¿Podrían informarnos sobre esta situación.
«Iván Cepeda, una vida contra el olvido»
Por Julio Cesar Londoño
Uno de los libros más vendidos en la Filbo es Una vida contra el olvido, la biografía de Iván Cepeda escrita por León Valencia con prólogo de Federico Díaz Granados.
Luego de la consulta del Pacto Histórico en octubre, Cepeda se puso a la cabeza de las encuestas presidenciales y desde entonces no ha parado de crecer. En agosto de 2025 aún estaba en la sala de audiencias donde se adelantaba el juicio a Álvaro Uribe Vélez por fraude procesal y soborno a testigos; juicio que llevó al expresidente a una condena en primera instancia. De allí Cepeda salió con un halo heroico, un David venciendo a Goliat, a ese notable fenómeno político que es Álvaro Uribe. El 26 de octubre salió de la consulta del Pacto Histórico como candidato presidencial y en noviembre su nombre marcó el 32% de la intención de voto en las encuestas.
Entonces empezaron las preguntas y las controversias sobre este inesperado candidato y empezó también el más desesperado juego de maniobras y alianzas entre las fuerzas de la derecha para contener el avance de la izquierda y tratar de impedir que llegue a la Casa de Nariño nuevamente un representante del progresismo con la bandera de las reformas sociales en la mano.
El libro responde muchas preguntas: quién es Iván Cepeda, cómo son su vida personal, sus dolores, su familia, cómo se hizo defensor de las víctimas, qué lo diferencia de Gustavo Petro, qué le propone al país más allá del continuismo, cuáles son sus diferencias con los otros candidatos, cuáles son los grandes retos que afrontará si llega a la presidencia.
Una pregunta clave: por qué muchos empresarios confiesan, en privado, que Cepeda es una opción a considerar, más ecuánime que el salto al vacío que encarna Abelardo y mucho más interesante que el regreso al pasado que representa Paloma.

Valencia responde estas preguntas de manera desapasionada, en un texto a caballo entre el ensayo y la crónica. Con la calidez narrativa de la crónica nos dibuja al Cepeda íntimo, el filósofo, el hijo del senador y ceramista Manuel Cepeda, el que venció al cáncer con fortaleza, música y pinturas, el que soportó en ruso y en checo los rigores del exilio; con la agudeza del ensayo despeja esa intrincada ecuación llamada Colombia.
Luego cruza estos dos mundos y nos muestra la manera como los sucesos de los últimos treinta años modificaron el perfil sociológico y político del país y forjaron el carácter de Iván Cepeda.
Hay un capítulo durísimo: el de Iván Cepeda tropezándose con el cadáver de su padre en una calle de Bogotá, cocido a balazos por gatilleros al servicio de esa alianza pérfida entre políticos, militares y paramilitares que azotó y sigue azotando al país. Hay también capítulos felices, como el del 16 de marzo, cuando el Pacto Histórico se convirtió en la mayor bancada del nuevo Congreso de la República.
León Valencia no esconde sus afinidades con las banderas sociales de la izquierda, no finge una imposible neutralidad en este momento crucial del país.
Habla desde sus convicciones, saluda con entusiasmo la alternación política entre derechas e izquierdas, está seguro de que hoy tenemos un país más incluyente y abriga, como Cepeda, la esperanza de que, hartos de la barbarie, encontremos algún día canales de diálogo civilizados.
El valor del libro estriba en las virtudes del biografiado, claro, y en la calidad del biógrafo. Valencia es el mejor analista de la política colombiana, conoce bien a Cepeda y a su familia, y el buen pulso de su prosa garantiza que sus convicciones (y sus dudas) pasen de la cabeza al papel con claridad, síntesis y elocuencia.
Valencia es de los pocos colombianos que son respetados por igual en la izquierda y en la derecha.
Cepeda no evade las aguas profundas, reconoce y enumera los principales errores de este gobierno, pero también registra la crispación que causó la llegada de la izquierda al poder presidencial en Colombia,las duras tensiones que desató.
La justicia acaba de exonerar a Claudia López y a Angélica Lozano por acusaciones infundadas de corrupción que aparecieron en la revista Semana bajo la dirección de Vicky Davila, me alegro por ellas; y debo decir que me entristece la parabola de Vicky, una mujer hecha a pulso, reportera brillante, que desvió su camino haciendo cosas indebidas en el periodismo para apuntalar una carrera política, ahora las urnas no avalaron su carrera política y en la vuelta al periodismo se encuentra que la justicia tampoco aprueba su proceder en periodístico.
A las periodistas de @NoticiasCaracol que denunciaron valientemente el acoso sexual de que fueron víctimas, mis respetos. Y a todas las mujeres que están contando sus historias de acoso, también. Muchas callamos antes. Ya no.
@fdbedout Sí, es cierto Félix, pero no hay que olvidar, que los falsos positivos se fraguaron desde el interior del Estado, el mismo que tenía la obligación de proteger la vida de los ciudadanos, mientras las FARC, eran un grupo fuera de la ley y del Estado mismo.
Señoras y señores @elcolombiano:
Respetuosamente solicito a ustedes publicar, de manera rigurosa y textual lo que dije en Medellín el pasado 12 de febrero, y que aparece en el comunicado anexo.
Esto con el fin de permitir a sus lectores una visión no descontextualizada y que permita contrastar versiones sobre mi visión de lo ocurrido en Antioquia en las últimas décadas.
Iván Cepeda Castro desmiente campaña de desinformación que busca
tergiversar su discurso en Antioquia
Bogotá, 15 de marzo de 2026.— Una nueva campaña de desinformación busca tergiversar el
discurso que pronunció el candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda Castro, en el
Parque Berrío de Medellín el pasado 12 de febrero de 2026.
Este hecho se produce luego de que el candidato advirtiera a través de su cuenta de X, el pasado
6 de marzo, sobre campañas difamatorias en su contra en Antioquia, ante el crecimiento y
demostración de fuerza del Pacto Histórico en la región. “Como no pueden con nosotros en las
encuestas, en la movilización y en las urnas, acuden a la mentira y la calumnia”, señaló.