@Payoneer_Help@Payoneer So....almost one month later and still nothing from your specislists.....
I need my account back, Is it even legal to retain my money without any type of explanation¿.
@Payoneer_Help@Payoneer Your specialists are taking two and a half months to review the account of a freelancer architect...something is wrong with this and you dont understand the trouble your company generates to me and my business.
@Payoneer My account has been disabled for three months. I never get a concrete answer.
I am an independent professional with a legitimate business; I need my account restored and for you to stop withholding my money.
This is unacceptable.
@Payoneer Two months and I`m still waiting for my account to be active again....nobody gives a real answer. I see similar comments in every post so I`m lossing trust in this company.
@Payoneer_Help@Payoneer I think customer satisfaction isn’t important at all.
If that was the case, you’ve already solved the problem.
I think 5 weeks and counting is too much time for a company Who realy cares about their customers.
Amigo, ya no alcanza con "no me gusta Netanyahu". En algún lugar tenés que trazar una línea roja y decir hasta aquí llegué. Una ley escrita para ejecutar solo palestinos –y los obscenos festejos al aprobarla– te obligan a examinar el lugar oscuro en que está esa sociedad.
Vamos a escuchar provocaciones e inventos, pero esta multitud nos muestra que los negacionistas ya fracasaron: ni en los pibes, ni en los laburantes ni en los barrios entró el espantoso discurso del olvido.
@paseclave__ Si no sos el número uno del mundo buscas hacerte fotos con gente importante. Pero si sos Messi la gente te busca a vos y vos decidís si queres salir en la foto o no.
Esto va para quienes me están diciendo que "me informe de lo que pasó de verdad en Argentina".
Parece solo una frase más o menos inocua, pero hay una violencia en esa negación que no necesita gritar. Basta con decir “infórmate” en el tono paternal de quien ya ha decidido no escuchar. Como si la historia fuese un trámite mal leído, un documento extraviado en una oficina del Estado. Pero no. La historia está escrita en cuerpos.
Treinta mil. Ese es el número que se pronuncia con la precisión de un conjuro. Treinta mil personas que no volvieron. Los registros oficiales tempranos (por ejemplo la CONADEP en 1984) documentaron alrededor de 8.960 denuncias, pero reducirlo a “menos de 9 000” ignora que muchas desapariciones nunca fueron denunciadas, que los cuerpos jamás aparecieron y que el terror obligó al silencio.
No son cifras, no es ruido estadístico, no es margen de error: son personas arrancadas del tiempo. El Estado argentino, entre 1976 y 1983, organizó un sistema para hacerlas desaparecer. El verbo es exacto: desaparecer. No matar, no encarcelar. Desaparecer. Que no haya cuerpo, que no haya duelo, que no haya prueba.
A los secuestrados los llevaban con los ojos vendados y las manos atadas a lugares que no existían. Centros clandestinos de detención. En la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, funcionó uno de los mayores.
Una fábrica del terror en pleno Buenos Aires. Cinco mil personas pasaron por allí, según los supervivientes. Cinco mil sombras. Los torturaban con picana eléctrica, con submarino, con golpes. A las mujeres las violaban, las embarazaban, y a sus hijos los robaban. Cuando ya no servían, los subían a aviones. Los “vuelos de la muerte”, los llamaban con la frialdad del eufemismo militar. Los lanzaban al Río de la Plata o al mar. Sin cuerpo no hay crimen, decían. Sin cuerpo no hay memoria.
Hubo nombres. Silvia Quintela, médica secuestrada embarazada; dio a luz en cautiverio y su hijo fue robado. Víctor Basterra, obrero gráfico, que sobrevivió en la ESMA y sacó de contrabando las fotos de los marinos, los torturadores, los que luego negaron haber estado allí. Él fue la prueba viva de que el infierno tuvo dirección, plano, horario de entrada.
La dictadura no fue un error ni un exceso: fue un proyecto. Secuestrar, torturar, asesinar, borrar. Y aun así hay quien dice “infórmese mejor”. Como si el terror necesitara fact-check. Como si los huesos hallados por el Equipo Argentino de Antropología Forense fueran un rumor.
En los juicios posteriores, los sobrevivientes repitieron los nombres de los captores: Astiz, Acosta, Pernías. Cada uno con su voz quebrada, reconstruyendo una topografía de la desaparición. Nadie los interrumpió para preguntar por la inflación o por la subversión. Porque lo que se juzgaba no era política: era la maquinaria de hacer desaparecer.
Negar eso, relativizarlo, convertirlo en debate, es prolongar la desaparición. No de los cuerpos —que ya no están—, sino de la verdad que los contiene. Porque lo que pasó en Argentina no fue un misterio ni una exageración ni un “contexto complejo”: fue el Estado convirtiéndose en verdugo y ocultando las pruebas bajo el agua marrón del Río de la Plata.
@NieveJuancito Lo de siempre: salida barata para los amigos del poder. Lo pagamos con impuestos y deuda.
La Argentina no va a progresar si no castiga el delito de cuello blanco con el mismo rigor con el que se castigan otros crímenes.