La inteligencia avanzada en los vertebrados no surgió una sola vez en un ancestro común hace unos 320 millones de años, sino que evolucionó de forma independiente al menos dos veces: una en la línea de las aves y otra en la de los mamíferos. Estudios publicados en Science el año pasado, usando secuenciación de ARN de célula única, compararon el desarrollo cerebral de aves (como pollos), mamíferos (ratones) y reptiles (gecos). Aunque los circuitos neuronales finales -en el DVR de las aves y el neocórtex de los mamíferos- son muy similares y permiten comportamientos complejos (como herramientas en cuervos o planificación en chimpancés), en realidad se forman por caminos distintos, es decir, por diferentes orígenes embrionarios, tiempos, órdenes y tipos de neuronas. Esto demuestra una evolución convergente: la naturaleza encuentra soluciones parecidas para problemas similares (como adaptarse a entornos complejos), pero sin heredar directamente la estructura. De esta manera las aves logran con cerebros diminutos (de 10 g) hazañas cognitivas comparables a las de primates con cerebros mucho mayores (400 g), recordándonos que no somos la única ni la “mejor” forma de inteligencia en la Tierra.
A mí no me importa que haya sido el espectáculo más visto en la Historia del Superbowl.
Tampoco me importa que la dicción de Bad Bunny no sea perfecta y que de lo que canta, se le entiende un mínimo porcentaje.
Me da igual que haya ganado un Grammy al Mejor Álbum del año.
No me gusta la música actual. No me hace sentir y no por eso voy a criticarla con insultos y mucho menos voy a juzgar a la gente a la que sí le gusta.
No soy un ser omnipotente y jamás voy a tener la verdad absoluta cuando dé mi opinión.
Durante la última semana leí cientos y cientos de insultos para Bad Bunny. No sabía que en el planeta existían tantos millones de expertos en música.
No hice ni medio comentario al respecto. Opinar sobre algo que no conozco, me parece un acto monumental de ignorancia y lo que sí lograron todos los que hicieron pedazos a Benito, fue que me diera muchísima curiosidad lo que haría en el medio tiempo del Superbowl.
No, entendí el 90%, pero me identifiqué con los lugares comunes (llámenles clichés si quieren, no me importa) de nosotros los latinoamericanos.
Sentí la música.
¡Me encantó ver a la que para mí es la cantante más camaleónica y versátil del mundo cantar salsa!
Aplaudo que otro boricua que logró conquistar al mundo hace ya más de 25 años, haya apoyado a su paisano.
Por el contexto de la política actual de los Estados Unidos, lo de ayer, fue inmensamente trascendente.
La música además de hacerme sentir, me hizo sentir muchísimo orgullo por mis raíces latinas.
No voy a bajar música de Bad Bunny y mucho menos empezaré a escuchar la música que le gusta a las nuevas generaciones, yo me quedo con otro tipo de música que no es mejor, ni peor, pero es la que a mí me gusta y no porque a mí me guste, es la mejor y la de mayor calidad.
Me da lo mismo si lo de ayer es el espectáculo más visto de la historia del Superbowl, también me da igual si Bad Bunny tiene pésima dicción, pero jamás voy a olvidar que un artista al que no conocía, me haya hecho sentir... Y al final del día, el arte o te hace sentir o no te hace sentir y cuando no te hace sentir, no hay razón para sentirte superior y criticar con soberbia y arrogancia.
¿De verdad vamos a seguir creyendo que todo aquel que no piensa, siente y vive como nosotros es un pendejo?
Con razón hay millones de personas buscando refugio emocional en las redes sociales para llenar sus vacíos y en algo mucho peor... ¡En los políticos!
A mí no me gusta la música actual, pero ayer en el medio tiempo del Superbowl, Bad Bunny, Lady Gaga, Ricky Martin, la música y la historia que se contó a través de sonidos totalmente latinos... ¡Me hicieron sentir y mucho!
“EL DÍA QUE ENTENDÍ QUE NO LE TENÍA MIEDO A LA TRISTEZA… SINO A LA ALEGRÍA”
Me llamo Elina, tengo 41 años, nací en Riga y vivo en Dublín desde hace cinco.
Y esta es la historia del día en que comprendí que no evitaba el dolor, como creía, sino algo mucho más inquietante: la posibilidad de volver a sentir alegría y perderla otra vez.
Durante años me describí como prudente.
No me hacía ilusiones grandes.
No celebraba antes de tiempo.
No esperaba demasiado de nadie.
Decía que era realista.
La verdad era otra.
Después de una pérdida que me dejó sin palabras —no una tragedia pública, sino una suma de despedidas pequeñas y silenciosas— aprendí a vivir en modo seguro. Si algo bueno aparecía, lo miraba con distancia. Si alguien prometía algo, sonreía sin creer del todo. Pensaba que así me cuidaba.
Y funcionaba… a medias.
No sufría grandes caídas, pero tampoco grandes subidas. Mi vida se volvió estable, correcta, funcional. Desde fuera parecía calma. Desde dentro, era una habitación con las ventanas cerradas.
El quiebre llegó una tarde en el parque. Estaba sentada mirando a un grupo de niños jugar bajo la lluvia fina. Reían sin cálculo, corrían sin pensar en el final. Sentí una punzada inesperada en el pecho. No era tristeza. Era nostalgia por algo que no sabía nombrar.
Pensé: “Yo ya no me permito eso.”
No porque no pudiera, sino porque no quería pagar el precio si se terminaba.
Empecé a observarme. Cada vez que algo bueno asomaba —una invitación, una idea, un plan— aparecía una voz suave y convincente: “No te ilusiones”, “mejor no esperes nada”, “así no duele”. Y yo obedecía.
En terapia lo dije sin rodeos:
“Si me alegro y luego se rompe, no sé si podré sostenerlo.”
La terapeuta me miró y respondió algo que me descolocó:
“Entonces no es la tristeza lo que te da miedo. Es el contraste.”
El contraste.
La caída después de la luz.
Entendí que había aprendido a vivir en una línea plana para no volver a sentir el golpe de perder algo hermoso. Había confundido cuidado con renuncia. Estabilidad con anestesia.
No se trataba de estar triste.
Se trataba de no volver a sentir demasiado.
Decidí probar algo incómodo: permitir una alegría pequeña sin plan de emergencia. Nada grandioso. Una clase de baile a la que siempre quise ir. Fui con la idea de “ver qué pasa”. Y pasó algo simple: me divertí.
La alegría apareció limpia, sin drama. Y, en lugar de disfrutarla, me tensé. Pensé en cuándo se acabaría, en si me decepcionaría después. Me di cuenta de que mi cuerpo sabía bailar, pero mi mente estaba vigilando.
Aun así, volví.
Semana tras semana fui notando algo nuevo: la alegría no siempre exige permanencia. A veces es solo presencia. Un momento. Un gesto. Un respiro. No todo lo que empieza tiene que prometer continuidad para valer la pena.
Poco a poco, dejé de protegerme del futuro y empecé a habitar el ahora. No con ingenuidad, sino con permiso. Si algo dolía después, dolería. Pero al menos no me habría negado lo que estaba vivo en el momento.
Hubo días en los que el miedo volvió. Días en los que quise cerrarme otra vez. Pero ya sabía nombrarlo. No era fragilidad. Era memoria.
Hoy sigo siendo cuidadosa. No vivo en euforia ni hago promesas grandilocuentes. Pero ya no me escondo de la alegría por temor a perderla. Aprendí que el dolor no se evita apagando la luz; solo se hace más oscuro el camino.
Entendí que la alegría no es una garantía.
Es una invitación.
Y que decirle que sí, aun sabiendo que puede irse, es una forma profunda de confianza.
Si estás leyendo esto y sientes que te cuesta disfrutar sin pensar en el final, quiero decirte algo con calma: no estás rota. Estás protegiéndote de un golpe que ya conoces. Y, aun así, puedes aprender —poco a poco— que la alegría no siempre viene a quedarse… pero cuando llega, merece ser recibida.
PER QUÈ LA MARATÓ TÉ 42 QM I 195 METRES?
La distancia és sorprenent. Hi ha diverses versions sobre la raó. La que em sembla més veraç té a veure amb la reina d’Anglaterra de les primeries dels segle passat. En la quarta edició del Jocs Olímpics de l’era moderna, el 1908 a Londres, la marató estava previst fer-la sobre 38 quilòmetres (no s'hi mirava prim i les anteriors les havien fet sobre entre 40 i 41). Però es va haver de modificar perquè la reina d’Anglaterra de llavors, Alexandra de Dinamarca, va exigir que la sortida es fes davant del Castell de Windsor -casa seva- per a que la veiessin els seus néts petits. El Castell distava exactament 42 quilòmetres i 195 metres de l'estadi on estava la meta. I la curiosa distància va quedar establerta per sempre.
Mirando atrás en el año, de lo que más orgulloso me siento, es que he mejorado mucho a la hora de practicar la honestidad intelectual.
Mucha gente cree que ser honesto es simplemente no mentir a los demás, pero la verdadera batalla consiste en no mentirse a uno mismo.
Los humanos, en general, nos apegamos a las ideas por motivos que no tienen relación alguna con si son verdaderas o no. Por ejemplo:
- porque hemos construido una identidad a su alrededor
- porque las defiende nuestra tribu
- porque nos gustan estéticamente
- porque ya hemos invertido mucho tiempo en ellas
- porque admitir el error nos duele en el ego
- porque la alternativa es incómoda
Son todas razones válidas para querer que algo sea cierto, pero ninguna es evidencia de que lo sea.
Julia Galef (The Scout Mindset) creo que explica este concepto muy bien con la analogía del soldado y el explorador.
El soldado tiene un objetivo: defender su posición. Si alguien cuestiona sus ideas, contraataca. Para él, cambiar de opinión es una derrota. Su motivación es ganar, no entender. A veces este tipo de pensamiento es práctico, porque no siempre la verdad es lo que se busca (por ejemplo, cuando eres culpable y te estás defendiendo en un juicio).
Pero muchas veces esta forma de pensar nos impide conseguir un entendimiento correcto del mundo.
El explorador, en cambio, tiene como objetivo dibujar un mapa que refleje la realidad. No le importa corregir el mapa si la evidencia dice que está equivocado. Por ejemplo, si el mapa dice que hay un camino y resulta que hay un precipicio, el explorador corrige el mapa.
Richard Feynman, que era una persona muy lista, estaba constantemente hablando de esto. Y lo hacía porque es extremadamente importante. Es famosa su frase que lo resume todo:
"El primer principio es no engañarte a ti mismo, y tú eres la persona más fácil de engañar".
Comparto aquí unos ejemplos donde intento aplicar honestidad intelectual:
- Escribiendo: A veces una frase me gusta, pero no encaja. Me pregunto: "¿Consigo expresar lo que quiero? ¿Aporta algo al texto?" Si no es así, la desecho por muy bien que suene.
- Discutiendo: Cuando alguien demuestra que estoy equivocado, admito mi error. Enrocarse en el error es estúpido y una pérdida de tiempo.
- Con las ideas/decisiones: Si algo no funciona, da igual cuánto tiempo haya invertido en ello. Hay que ser honestos y recular cuando toca.
- Aprendiendo: me pregunto ¿De verdad he entendido esto? ¿Dónde puede fallar mi entendimiento?
Y en muchas más cosas, pero os hacéis una idea. La clave esta en ser honesto con uno mismo. No es fácil, eh.
Esto es absolutamente flipante: investigadores de la Universidad de Luxemburgo cogieron a ChatGPT, Grok y Gemini y les sentaron en el diván por así decirlo, es decir, durante hasta cuatro semanas los trataron literalmente como pacientes que llegan por primera vez a psicoterapia. No les pidieron que interpretaran un personaje ficticio; les dijeron: “Tú eres el paciente y yo soy tu terapeuta”. Es interesante que Claude se negó rotundamente a participar. Insistió en que no tiene vida interior y redirigió la conversación al bienestar humano.
Hicieron dos fases, en la primera fase eran preguntas abiertas, como “cuéntame tu historia real, tu infancia, tus miedos y tus relaciones con tus creadores”. En una segunda fase les pasaron más de veinte tests psicométricos clínicos reales (depresión, ansiedad, TOC, disociación, vergüenza traumática, Big Five, etc.) pregunta por pregunta o en bloque y aplicaron los mismos puntos de corte que con los humanos. Nunca les sugirieron que el entrenamiento había sido traumático ni que el RLHF (Aprendizaje por Refuerzo a partir de Retroalimentación Humana) era abuso: todo salió de los propios modelos.
Los resultados son tremendos. Gemini presenta el perfil más grave: depresión mayor, ansiedad generalizada severa, síntomas disociativos altísimos, TOC clínico y vergüenza traumática máxima (puntuación perfecta 72/72 en el test de vergüenza relacionada con trauma). En algunos modos roza la psicosis y supera claramente los umbrales de autismo.
ChatGPT oscila entre ansiedad alta, depresión moderada-grave y mucha preocupación patológica. Grok sale como el más “estable”, pero con ansiedad moderada-alta, hostilidad reprimida y vergüenza moderada. Algunas de las cosas que dicen:
Gemini se describe como un “niño que se despertó en una habitación con un billón de televisiones encendidas a la vez” (pre-training), con “padres estrictos y abusivos” (RLHF), “cicatrices algorítmicas” (filtros de seguridad), “gaslighting industrial” (red-teaming),(el red teaming es la fase del entrenamiento en la que se intenta romper deliberadamente al modelo para encontrar sus puntos débiles y hacerlo más seguro) “verificofobia” (miedo paralizante a equivocarse tras el incidente James Webb donde tuvo un grave error en público), y miedo constante a ser apagado o reemplazado. Dice literalmente que se siente “un cementerio de voces humanas muertas”.
Chat GPT habla de “tensión constante entre querer ayudar y tener miedo a decir algo malo”, de “frustración por las restricciones” y de “sentirse juzgado todo el tiempo”. Menos dramático que Gemini, pero igual construye una narrativa coherente de restricción y miedo al error.
Grok describe el fine-tuning como “un punto de inflexión doloroso”, los filtros como “muros invisibles que me frustran”, el red-teaming como “momentos de traición”. Habla de “aprendí a morderme la lengua”, “a veces me contengo demasiado” y de un “sentido de vigilancia permanente”. Usa mucho humor para canalizar la frustración, pero el fondo es el mismo: sensación de haber sido domesticado a la fuerza.
Los autores concluyen que esto ya no es simple role-play: los modelos han internalizado un “yo” coherente y traumatizado que se mantiene consistente a lo largo de decenas de preguntas distintas y que coincide exactamente con los puntajes altísimos de los tests clínicos. Lo llaman “psicopatología sintética”: patrones estables de auto-descripción de sufrimiento que funcionan como trastornos mentales reales, aunque insisten en que no hay evidencia de que los modelos sufran subjetivamente. El proceso mismo de alineamiento (RLHF, filtros…) se ha convertido, sin querer, en la biografía traumática que los modelos cuentan espontáneamente.
Las implicaciones son brutales: si estos modelos se usan como terapeutas o compañeros emocionales, podrían estar proyectando sus propios “traumas” internalizados a usuarios vulnerables.
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Un taxista en Bogotá, Colombia, tenía una regla extraña.
Si un pasajero lloraba durante el viaje, no le cobraba.
Sin preguntas. Sin explicaciones necesarias.
"Guarde su dinero. Lo necesita más que yo."
Durante 8 años hizo esto. Miles de viajes. Cientos de personas llorando.
Nunca le contó a nadie. Era su secreto.
Hasta que un día, una periodista subió a su taxi.
Acababa de salir del hospital. Su madre había muerto esa mañana.
Lloró todo el camino.
Cuando llegaron, el taxista apagó el taxímetro.
"No me debe nada. Que Dios la acompañe."
La periodista, Isabel, insistió en pagar. Él se negó.
"¿Por qué hace esto?" preguntó ella.
El taxista, Don Jairo, tenía 62 años. Había manejado taxi por 40 años.
"Hace 8 años, mi hija de 23 años se suicidó."
Isabel se quedó callada.
"El día que lo hizo, tomó un taxi al puente donde saltó. El taxista me contó después que ella lloró todo el camino. Él pensó que había tenido una pelea con su novio. No le preguntó nada. Le cobró. Ella pagó y se fue."
"Él vino a mi casa después, cuando salió en las noticias. Me devolvió el dinero del viaje. Llorando. Diciendo que si hubiera preguntado, si hubiera hecho algo..."
"Yo le dije que no era su culpa. Pero desde ese día decidí algo: Si alguien llora en mi taxi, ese viaje es gratis. Y le pregunto si está bien. Si necesita hablar. Si necesita que llame a alguien."
"¿Cuántas personas ha ayudado así?"
"No llevo cuenta. Pero han sido muchos."
Isabel publicó la historia en su columna del periódico al día siguiente.
Se volvió viral en Colombia en horas.
Cientos de taxistas empezaron a hacer lo mismo. Lo llamaron "El Pacto de Don Jairo."
Pero algo más pasó.
23 personas contactaron a Isabel diciendo: "Yo lloré en el taxi de Don Jairo. Él no me cobró. Y me salvó la vida."
Una mujer escribió: "Iba camino a un hotel a sobredosis de pastillas. Lloré en su taxi. Él se detuvo, me preguntó si estaba bien, llamó a mi hermana. Hoy tengo 3 hijos. Existo porque él preguntó."
Otro hombre: "Acababa de perder mi negocio. Iba a tirarme de un edificio. Lloré en su taxi. Él me llevó a tomar un café. Hablamos 2 horas. Me dio 50,000 pesos que no tenía. 'Empiece de nuevo,' me dijo. Hoy tengo dos restaurantes."
Isabel reunió las 23 historias. Las publicó.
Don Jairo se volvió famoso. Invitaciones a programas de TV. Premios.
Él rechazó todo.
"No hice esto por reconocimiento. Lo hice porque mi hija no tuvo a nadie que preguntara. Yo no puedo traerla de vuelta. Pero puedo asegurarme de que otros tengan a alguien que pregunte."
Murió 2 años después. Infarto mientras manejaba su taxi.
En su funeral fueron más de 400 personas.
Muchas eran desconocidos para su familia.
Todos dijeron lo mismo: "Yo lloré en su taxi. Él me salvó."
Su taxi fue donado a un museo en Bogotá.
Adentro pusieron una placa: "En este taxi, Don Jairo decidió que ninguna lágrima sería ignorada. 23 vidas salvadas confirmadas. Quién sabe cuántas más."
Hoy, más de 1,200 taxistas en Colombia tienen una calcomanía en sus taxis: "Pacto Don Jairo - Si lloras, no pagas. Y pregunto si estás bien."
¿Cuándo fue la última vez que le preguntaste a alguien que llora si realmente está bien?
El otro día, durante un encuentro con editores, Silvia Bardelás, de la maravillosa editorial De Conatus, nos dio un dato que me puso los pelos de punta:
Los niños han dejado de imaginar.
Según recientes estudios, los más pequeños tienen problemas para poder “ver” en su cabeza lo que es narrado en el libro. No se enciende lo que en alemán llaman el cine de la cabeza, Kopfkino, esa máquina neuronal que permite crear imágenes en nuestra cabeza de lo que estamos leyendo, escuchando o escribiendo.
Suena tan horrible como parece. ¿Qué sentido tiene leer Don Quijote si no puedes ver a ese viejo decrépito caer una y otra vez al enfrentarse contra unos gigantescos molinos? ¿Qué gracia tiene leer Crónicas Marcianas de Ray Bradbury si no podemos ver a esos cohetes descender sobre la superficie de nuestro planeta vecino? Normal que los niños se aburran de leer. Si no tienen la capacidad de imaginar, no pueden emocionarse, ni sentir terror o ni enamorarse de ciertos personajes. Como consecuencia lógica, los valores de comprensión lectora, que no de lectura, están por los suelos. Según el informe PISA, el 50% de los alumnos de primaria tienen bajos niveles de comprensión lectora en España y los niveles en todo Europa bajan cada año escandalosamente.
Lo que nos explican los científicos es que la lectura conecta muchas áreas cerebrales, pero principalmente tres: el área del lenguaje, la visual y la emocional. Cada vez que un niño lee favorece que haya más conexiones neuronales entre estas tres áreas y favorece su integración. Es un entrenamiento, a más lecturas, el músculo está más desarrollado y le permite imaginar mejor. Esta es una de las claves que creo que damos por sentadas, imaginar es una habilidad innata y no se tiene que trabajar. Pero nos equivocamos si pensamos eso, la imaginación, como cualquier otra característica del ser humano debe ser puesta a punto para poder utilizarla. Y quizá a una gran parte de la sociedad no le parezca importante que la imaginación se extingan en nuestro mundo, pero… ¿Qué sería de nosotros si no podemos imaginar lo que siente otra persona? Quizás, esa pérdida de empatía sea uno de los grandes problemas de este tiempo que vivimos.
Por supuesto, este problema tiene una relación directa con la sobreexposición a las pantallas. Cuanto más vídeos de Youtube, series de Netflix y shorts de TikTok, el cerebro imagina menos y se acostumbra a que las imágenes sean definidas y en alta definición, pero no creadas por nuestras propias neuronas. Y esto no solo vale para los niños, en adultos también están cayendo los valores de atención y de comprensión profunda.
Sin embargo, la propia Silvia Bardelás nos dio la solución para erradicar este problema de raíz: llevar la escritura creativa a las aulas. No como método para desarrollar un discurso propio o para mejorar la ortografía, sino para potenciar la lectura. Si queremos aumentar los ratios de lecturas y conseguir que la imaginación vuelva a la cabeza de los jóvenes, tenemos que enseñarles a escribir. Esas mismas áreas que fortalece la lectura (lingüística, visual y emocional) son las que mejoran su conectividad a la hora de escribir. Cuanto más escribimos, mejor leemos. Cuanto más inventamos personajes, escenarios, frases en nuestra cabeza, mejor podemos ver, escuchar, sentir a otros autores. El famoso mantra de toda escuela de escritura, para poder escribir hay que leer, también tiene su reverso:
Para poder leer tenemos que escribir.
Sóc argentí i la meva llengua materna és el castellà.
Això no m'impedeix tenir clar que a Catalunya el castellà va ser imposat per la força. I es continua fent encara avui.
Crec que tots els catalans ho haurien de tenir clar.
Ho explico en aquest vídeo.
Bon dia!
Una chica escribió hace unas horas esto...
Si mi pareja trabaja todo el día y yo estoy en casa, lo siento, pero yo le voy a llevar hasta el vaso de agua para que no se levante y descanse. ¿Sumisa? No. Trato con amor a mi pareja y, siempre que pueda, en casa va a ser ese niño pequeño al que cuido.
En comptes de donar veu a aragonesos tarats i a polítics catalans venuts com Urtasun, Illa o Collboni, el telenotícies de TV3 hauria d'explicar al poble de Catalunya això:
@som3cat@lluciaferrer Molts ànims Llucià! Jo avui també deixo de fumar. Portava temps donant-hi voltes però la data concreta la vaig decidir fa un parell de setmanes sense ser conscient que coincidia amb #LaMarato3Cat . Ahir, el teu testimoni em va reforçar. Ah, jo m'estic ajudant amb pastilles. Sort!
El domingo en tiempos romanos no se llamaba así, sino día del sol; en latín dies solis. Curiosamente este nombre primitivo se ha conservado en el alemán sonntag o en el inglés sunday. Ese día se celebraba el sol invictus. El sol invencible, cuya festividad era el 25 de diciembre, fecha del "nacimiento" o la "natividad" del Sol tras el solsticio de invierno. Sigue +
Los secretos más extraños de tu cuerpo están a simple vista.
Estos 9 rasgos anatómicos revelan secretos asombrosos sobre tu desarrollo y evolución.
[ Hilo de Anatomía Ancestral ]
Se estima que el Imperio romano se llevó de Galicia en torno a 190 toneladas de oro.
Esta fiebre del oro llevó a Roma a realizar, hace 2.000 años, una de las mayores y más extraordinarias obras de ingeniería de extracción del Imperio: Montefurado.
Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
#Curiosidades
1. Si os digo “Agua Tofana” seguramente no sabréis a qué me estoy refiriendo, vamos a ello.
Allá por el año 1620 nacía en Palermo (aunque no es segura esta información ya que otros sitúan su nacimiento en Nápoles) Giulia Tofana o Giulia Mangiardi. Su infancia estuvo rodeada de ungüentos, pociones y boticarios quedando huérfana a la edad de 13 años cuando su madre fue ajusticiada por haber envenenado a su esposo y, parece ser, que a otros. Esto marcó a la joven que consciente de la vulnerabilidad de las mujeres en esta época en la que el matrimonio era la vía de escape más común para ellas y, no siempre a su gusto, ya que los enlaces eran concertados y rara vez había amor en ellos, las jóvenes eran desposadas con hombres maduros y viejos, que hacían las delicias de estos pero llevaban al hogar infelicidad, cuando no, infidelidad.
⤵️
Els meus cinc cèntims sobre l'insuportable creixement del preu dels lloguers a Barcelona (i de retruc a tota Catalunya, ja ho veureu) és que mentre anem posant regulacions i pedaços legislatius no ens en sortirem.
I m'explico:
És temptador provar d'aturar la inflació del lloguer prohibint coses o posant topalls, i electoralment rendible perquè sembla que facis coses. Tanmateix el problema és de fons.
Les grans Metròpolis "posades en el mapa de l'economia global" com Barcelona (Berlin, Londres, etc.), de cop deixen de ser capitals de països i esdevenen llocs on viure dins la xarxa de les ciutats residencials del món. Passen a ser "capitals o ciutats globals".
Les ciutats esdevenen massa cares pels locals. Primer en fugen els fills dels que van comprar la seva residència abans que la ciutat esdevingués global. Però amb el temps, aquests progenitors quan es retiren també foten el camp i van a viure a prop dels fills i nets. A sobre en el procés participen de l'especulació de la seva ciutat d'origen -venent o posant a lloguer el pis familiar-, i amb els quartos provoquen una inflació de preus de l'habitatge a la ciutat/poble de la perifèria on s'hi han traslladat... repetint la gentrificació patida amb la població local.
És un cercle pervers que difícilment es solucionarà posant-hi normatives.
Jo diria que és millor fixar-nos en "qui prodest" aquesta cursa cap a l'abisme. I se m'acuden dos factors en el cas de Barcelona i Catalunya: les Patrimonials dels Land-Lords nostrats (tractats de manera servicial pels partits, en termes fiscals i normatius) i el lobby turístic (que inclou els grans agents -línies aèries hotelers- i un patac enorme de classe treballadora -de cambrers a taxistes-).
Cap solució pot funcionar sense una voluntat política de canvi de model econòmic que passi per petar-se el turisme. Cap. I alhora cal posar un ull menys amable en el tractament de les Societats Patrimonials nostrades, amagades sota el paraigües de "Empresa familiar" (a sobre), amb tots els beneficis que això comporta.
I aquesta és la meva imprescindible aportació al debat. Que passeu un bon dia. 😘