¿Sabe lo que es la felicidad? El PROGRESO es la felicidad. No porque exista una meta mágica que, cuando la alcances, te haga feliz para siempre. Eso no existe. La felicidad aparece cuando sentís que estás creciendo. Aprendiendo. Evolucionando. Cuando sentís que seguís vivo.
El problema es que mucha gente confunde juegos finitos con juegos infinitos. Los juegos finitos son los rankings, la plata, los premios, los seguidores, las elecciones, las ventas del mes. Y sí, esos juegos importan. Bilardo decía que “ganar no es importante, es lo único”. Y dentro de un juego finito, tiene bastante sentido pensar así. Cuando entrás a una final, querés ganar. Punto.
Pero la vida no es una final del Mundial. La vida es un juego infinito. No se trata de ganar una vez. Se trata de seguir jugando durante décadas sin destruirte en el proceso. Porque podés ganar plata y perder salud. Podés ganar status y perder propósito. Y ni hablar de la “fama” (algo que desean los jóvenes): estupidez total ese objetivo directamente. 🫶⭐️
Por eso el verdadero partido termina siendo INTERNO. Porque hay un montón de cosas del mundo exterior que jamás vas a controlar del todo. Lo que sí podés controlar es cómo pensás, cómo reaccionás, cómo entrenás tu mente, tu cuerpo y tus hábitos.
Y ahí está la paradoja: cuando ganás el juego interno, muchas veces también empezás a ganar muchos más juegos externos.
Hay algo que me incomoda más que cualquier posición ideológica:
cuando una idea se defiende incluso contra la realidad.
Le hablo especialmente a quienes se definen como de izquierda o progresistas —muchos de ustedes con una sensibilidad social genuina— y les pregunto, sin ironía:
¿Qué están defendiendo hoy?
¿Personas concretas, vulnerables, con nombre y cuerpo?
¿O una idea abstracta que, cuando se encarna, siempre termina pareciéndose demasiado a lo que dicen combatir?
Porque si la ideología vale más que lo que muestran los hechos —hambre, represión, tortura, presos políticos, exilio forzado— entonces deja de ser una herramienta de justicia y pasa a ser una identidad a sostener, cueste lo que cueste.
En ese punto aparecen las frases hechas, repetidas casi como mantras:
“el avance del imperio”, “resistir al imperialismo”.
Consignas que suenan combativas, pero que se vacían de sentido cuando esa supuesta resistencia implica permitir o justificar crímenes atroces contra el propio pueblo.
Porque si resistir significa mirar para otro lado frente a la tortura, el encarcelamiento de opositores, la represión sistemática y el hambre, entonces no estamos hablando de resistencia: estamos hablando de sacrificio ajeno en nombre de una idea.
Venezuela es el ejemplo más brutal de esta contradicción.
Durante años se relativizó, se negó, se explicó con el argumento de que “es más complejo”, se corrió el eje de la discusión o se culpó exclusivamente a factores externos. Mientras tanto, el país acumuló décadas de autoritarismo, centros de detención, tortura y un éxodo masivo sin precedentes en la región.
Y acá aparece una incoherencia difícil de justificar:
muchos de los que condenan —y con razón— la última dictadura argentina, no logran aplicar el mismo criterio cuando se señala la dictadura venezolana.
Una dictadura que lleva más años, que dejó probablemente más muertos, y que sigue activa hoy.
Cuando una violación a los derechos humanos se condena o se relativiza según quién la comete, el problema ya no es político: es ético.
Se habla de “resistir”, pero ¿qué creen que viene haciendo el pueblo venezolano desde hace años?
¿No es resistencia sobrevivir al hambre, a la represión, al exilio forzado, a la persecución?
¿No es resistencia enfrentar a un régimen que gobierna mediante el miedo?
Y entonces la pregunta se vuelve todavía más incómoda:
¿Desde qué lugar quienes viven en democracias relativamente estables pretenden decirle a los venezolanos qué deberían sentir ante la caída o captura de su dictador?
¿Desde qué comodidad se les explica que no deberían celebrar, que deberían indignarse por formas, mientras ellos cargan con décadas de violencia real?
Cuando la defensa ideológica llega a ese punto, uno ya no está del lado de los pueblos, sino siendo funcional al poder que los oprime.
No porque se quiera dañar, sino porque se deja de mirar.
Y entonces la pregunta final es esta:
si tu proyecto político dice defender a los vulnerables, pero necesitás negar su sufrimiento concreto para sostenerlo…
¿no habrá algo de ese proyecto que merece ser revisado?
No escribo esto para convencer a nadie ni para cambiar de bando.
Lo escribo porque, desde una mirada crítica y profesional, creo que ninguna causa es justa si necesita desmentir la realidad para sobrevivir.
Y porque, cuando eso pasa, los que pagan el precio nunca son las ideas.
Son las personas.
No terminamos de dimensionar la desintermediación que produjo la boleta única. La boleta tradicional era el objeto sobre el que giraba la vida política hasta ayer. Muchos perdieron poder, territorio, influencia y dinero gracias a una planilla que se marca con una cruz. Hermoso.
Es vital que este tipo de gente nunca más tenga ningún tipo de poder sobre nadie. Le arruinó la vida a millones de personas y no tendría ningún pudor en volver a hacerlo. Se le explicó mil veces que está equivocado e insiste. Todo lo que dice es mentira. Es increíble. Nunca más.
Dejando el fondo del asunto de lado (donde incluso estoy de acuerdo con la opinión del científico) quiero señalar como he hecho antes el error que David Hume advertía como el salto del ser al deber ser. La ciencia es un método que describe la realidad. Tiene autoridad diciendo cómo “la cosa es”. No traslada esa autoridad al plano valorativo, normativo o de cómo “las cosas deberían ser”. La ciencia informa pero la valoración pertenece a disciplinas como la ética, la filosofía, la política o el derecho. La ciencia dice que el agua hierve a 100 grados a nivel del mar, pero es incapaz de decir si tenes que hacer té o sopa o arrojársela a alguien. Y si lo hace eso que dice no es ciencia, no es método científico.
Acá, el científico asegura que arrimó evidencia de que se “debía” hacer tal cosa. Quizás lo sintetiza así por la brevedad que requiere X o quizás por la idea, a mi juicio errónea y muy perjudicial, de que la llamada evidencia norma por sí sola. No lo hace. “Aquí presento evidencia de los cambios positivos o negativos que la luz de sol y los husos horarios producen en el cuerpo humano”. Tal es la tarea del científico. Pero cuando dice “debería hacerse tal cosa” ya no está hablando desde la ciencia. Ya se salió del método y se metió en su subjetividad (que es válida pero no científica). Obviamente puede hablar, como todos podemos, pero tan malo es legislar sin el auxilio de la ciencia o gobernar sin evidencia como confundir un insumo para reglar con regla misma. La ciencia informa y es esencial en eso. No estaríamos aquí sin ese método extraordinario que nos permite ser la mejor especie del mundo. Pero no se desprende una norma de esa sola información. Ah…y nadie es “la ciencia”. Vale recordarlo también.
¿Es la mía una disquisición hincha pelotas sobre un tema menor? Puede ser. Pero el confundir el ser con el deber ser nos llevó en un pasado reciente a que expertos en un área muy puntual como la epidemiología gobiernen nuestras relaciones comerciales, económicas, sociales, culturales y familiares. Y aún me genera molestia que hayamos dejado que pase.
Sepan, entonces, entender.
Gracias, la radio está buenísima, no cambien nunca, quiero pedir El final es en donde partí para el ranking y un saludo para todos los que me conocen…
Un día como hoy pero hace seis años, la certeza de que volvía el peronismo al poder llevó a la destrucción de valor más grande de la historia de la bolsa argentina y una de las más grandes del mundo, solo superada por el estallido de una guerra civil en Sri Lanka.
Este robo en cualquier pais normal del mundo hubiera significado la caida del gobierno luego de protestas masivas.
El momento para llorar jubilaciones era noviembre de 2008, ahora es tarde.
Muchachos, mientras más rápido internalicen que lo que nos sacan de aporte jubilatorio es un impuesto más del que no vamos a ver casi nada, mejor. A hacerse el colchón con lo que queda o después a llorarle a familiares e hijos. El estado nos estafó y lo seguirá haciendo.
Uno puede tener diferencias de opinión y de formas con el presidente y/o cuestionar aspectos de su discurso, su estrategia y/o sus políticas.
Pero es indudable que desde 1983, ningún gobierno ha avanzado tanto en su primer año de gestión como el actual en implementar las reformas necesarias para que la Argentina retome la senda del progreso. Esto es doblemente ponderable ya que lo ha hecho con una minoría en el Congreso y respetando las instituciones.
Hay que remontarse a Julio A. Roca para encontrar un presidente con un programa tan claro y al mismo tiempo coherente con el objetivo buscado: una mayor prosperidad para la mayoría de los argentinos.
El progreso nunca es lineal. El avance es casi siempre interrumpido por algunos retrocesos. La clave es no perder el rumbo ni el ánimo cuando estos ocurren.
Los líderes políticos son seres humanos falibles y con múltiples defectos. Por eso endiosarlos es un error garrafal.
Hay que apoyar el cambio que impulsa el gobierno para que llegue a buen puerto y mantener una actitud constructiva, puntualizando cualquier desvío.
El "unanimismo" hay que dejárselo a los fanáticos y aduladores que celebran y aplauden todo.
Además, hay que siempre tener presente la alternativa que nos llevó al estado calamitoso en el que se encontraba el país en noviembre de 2023. Quienes la impulsan no han aprendido nada y no se han olvidado de nada. Aprovecharán cualquier oportunidad para llevarnos nuevamente por el camino de la decadencia.
Rescato este párrafo del excelente discurso del presidente ante el Congreso:
"¿Por qué fallaron todos nuestros intentos de salir? La respuesta es simple: porque siempre se partió desde un diagnóstico equivocado. Nadie nunca cuestionó el eje sobre el que giraba la calesita: la mano negra del Estado omnipresente. Todas las falsas dicotomías de nuestra historia, campo o industria, dólar barato o caro, peronismo o antiperonismo, escondieron atrás la misma constante; y la política siempre defendió al Estado con uñas y dientes, viendo la administración pública como un botín a ser conquistado. Eso es el verdadero modelo de la casta".
Ser baratos en dólares desnuda la anormalidad de un país en donde lo ineficiente se subsidia (industria local) y lo eficiente se castiga (el campo) con impuestos confiscatorios como son las retenciones, un delirio imposible de imaginar en cualquier otro país que no sea Argentina
Hay muchísima más gente que votó a este gobierno lleno de dudas y que hoy lo volvería a votar con absoluto convencimiento, que gente que reniega de su voto. La inmensa mayoría de los que lloraban las formas están absolutamente conformes con el fondo.
Hace tres años, el propietario de una estancia en Punta Tombo, vecina de una Área Natural Protegida, se subió a una retro-excavadora y mató a 105 pingüinos Magallanes y destruyó 292 nidos, con innumerables huevos y pichones. Lo hizo para trazar dos caminos e instalar un alambrado.
Tras la denuncia de autoridades de la provincia de Chubut y organizaciones ambientalistas, la fiscal María Florencia Gómez tomó el caso, iniciando una causa histórica para la Justicia argentina y también para la región. La tenacidad de la fiscal la llevó a conseguir el apoyo del director ejecutivo de National Geographic y de expertos mundiales de la Global Penguin Society.
Luego de una larga lucha, la Dra Gómez leerá el lunes el alegato de la fiscalía, esperando que se condene al responsable con la máxima pena.
El caso nos deja muchas enseñanzas. La primera es la total indefensión jurídica que tiene la naturaleza y la vida en nuestro país. Se necesitan leyes específicas y técnicos idóneos.
Nuestro riquísimo país, el octavo más grande más grande del mundo después de Rusia, Canadá, China, Estados Unidos, Brasil, Australia e India, en ese orden, es una potencia natural sin igual, pero indefensa.
No hay posibilidad que la vida humana prospere matando animales, contaminando el agua, talando bosques, agotando recursos, secando la tierra o extenuando la vida en el mar y los ríos.
Apoyo la valentía y la determinación de la fiscal Gómez. Necesitamos muchos más como ella.
105.000 personas y empresas metieron en un mes y medio 19.000 palos (viva crocante) en el sistema
Equivale a un vaca muerta, tres BID
Conclusión
1. Con menos impuestos se genera más riqueza
2. Extiendan un año el blanqueo en efectivo, hay más por ingresar. Confianza creciente