Mi papá trabajó 35 años en la misma empresa.
Puntual. Leal. Nunca un problema. Se jubiló con una placa de reconocimiento y un pastel de chocolate.
Tres meses después la empresa contrató a alguien externo para hacer exactamente lo que él hacía, pero con título universitario y el doble de sueldo.
Mi papá nunca se quejó. Decía que así era el trabajo, que había que ser agradecido.
Yo lo miraba y pensaba que la lealtad corporativa es el cuento más caro que le vendieron a su generación.
No le dije nada. No era el momento.
Pero cuando me ofrecieron "estabilidad" en mi primer trabajo, recordé esa placa de reconocimiento.
Y negocié.
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No quiero sonar intensa (obvio si voy a sonar intensa), pero ojalá siempre me trates como el primer día, que nunca se te haga costumbre verme, me extrañes todos los días, me veas con los mismos ojos de amor siempre y me quieras cada día más.