Esta es de las imágenes más bonitas del Mundial. Marc Cucurella celebra el título con su hijo Mateo, que tiene una condición de autismo.
Normalmente, Mateo no puede asistir a los partidos de su padre, pues le afecta el ruido de los estadios. Marc prometió que llevaría a Mateo al estadio solo si pasaban a la final. Y así fue. Lo logró ubicar en un palco insonorizado para que puediera ver desde allí a su padre coronarse como campeón del mundo. Luego, levantó la Copa en la cancha con él.
Mateo, un Campeón más❤️
El espectacular homenaje de Italia a la España campeona: una Copa del Mundo de 30.000 metros cuadrados
🇮🇹🇪🇸 Con un tractor y un arado, el artista Dario Gambarin moldeó un lienzo rural de tres hectáreas para celebrar el Mundial de 'La Roja' como símbolo de hermandad internacional
Mujer musulmana en un taxi:
"Disculpe, ¿podría apagar la música?"
Taxista: "¿Por qué?"
-"La música es haram (prohibida)."
-"¿Por qué es haram?"
-"Porque en la época del profeta Mahoma no había música."
El taxista apaga la música, avanza unos metros y para el coche:
-"Muy bien, ahora bájese".
-"¿Por qué? Aún no hemos llegado."
-"Porque en la época del profeta Mahoma tampoco había taxis. Espere a que un camello la recoja."
Ahora, os voy a contar lo que sucede realmente con las bajas...
- El golfo/jeta se va al médico de cabecera y le dice que tiene depresión, estrés o ansiedad
- El médico (funcionario de la sanidad pública), que lo último que quiere son líos y apenas le dedica 7-9 minutos en consulta, le da la baja de forma automática. Y chimpún... Baja durante meses
- Otros se cogen pocos días de baja, pero, casualmente, en viernes y lunes para enganchar con el fin de semana... Qué cosas, ¿verdad?
- En otros muchos casos, donde la enfermedad y su duración se puede verificar mediante pruebas, el médico de cabecera concede baja a la espera de consulta con especialista y prueba diagnóstica
- Pero como la sanidad está colapsada y tardan meses en realizar pruebas y/o operaciones, la baja se prolonga durante muchísimo más tiempo del necesario
- A todo esto, el trabajador ni siquiera tiene que comunicar la baja ni el motivo de la misma
- La empresa poco o nada puede hacer, dado que no tiene capacidad alguna de control y supervisión sobre las bajas; pero, sin embargo, carga con el coste de la seguridad social del trabajo de baja y en, su caso, tiene que contratar un sustituto; en caso contrario, los compañeros tienen que cargar con tareas extra por culpa del golfo
- Y todo esto no sale gratis. Lo pagamos todos con nuestros impuestos... Más de 30.000 millones/año y creciendo
- Caso aparte es el de funcionarios, donde las bajas son mucho mayores que en el sector privado, de modo que el fraude es incluso superior...
Dicho esto... ¿Es culpa de los trabajadores? NO
Todo en esta vida depende de los incentivos. Y aquí son tremendamente perversos
¿De quién es la culpa, entonces? Pues, básicamente, de los pésimos políticos que tenemos
¿Se entiende mejor ahora?
Parecía una chorrada, pero en realidad es un trampantojo. Según declaraciones de la Secretaria de Estado de Memoria Democrática, Moda Joven y deportes, las prendas de vestir de la línea DMOCRACIA “no se venderán”, ya que lo que se ha confeccionado es “únicamente una edición limitada, creada por el artista Bnomio”, que se ha usado únicamente “para la grabación de los anuncios y se utilizan también en actos y eventos de celebración del medio siglo de la actual etapa democrática”.
Eso sí: los cuatro chandals de algodón nos han costado 112.783 euros.
Seis años para recuperar un piso ocupado y una factura final de más de 20.000 euros. La Vanguardia se hace cruces ahora. Cuando empezó todo esto, lo minimizaba. Muchos propietarios lo sufren desde hace años.
La inquilina pagó el alquiler un año y poco más. Después, nada. Servicios sociales la declararon vulnerable y, cumplido el trámite, desaparecieron del caso, tanto, que ni se enteraron de que esta mujer realquilaba espacios del piso a 400 euros el colchón.
El propietario continuó pagando el IBI, los seguros, las averías. Más de cuatro años sin cobrar 550 euros al mes por un piso de 80 m².
Cuando finalmente un juez le devolvió la posesión, la vivienda era irreconocible: puertas arrancadas, sanitarios destrozados, la cocina desmantelada, techos con agujeros, ocho colchones abandonados. Abogado, procurador, reparaciones. Factura final: más de 20.000 euros.
El Estado puede tardar años en resolver un conflicto, pero para cobrar impuestos conserva una eficacia admirable.
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