Mi silencio es mi límite. Soy alguien que busca soluciones, que dialoga y que se disculpa cuando es necesario, pero si llego al punto de quedarme en silencio, significa que he agotado todas las vías y en ese momento, la paz interior se vuelve más valiosa que cualquier discusión.
Le dije a Dios: "Haz tu voluntad y no la mía", y empezó a cambiar cosas que yo quería dejar igual, es cuando entendí que lo que yo quería era una gota de bendiciones, pero Él tenía preparado un océano entero.