○ Presidente, su indignación frente a los crímenes de Jeffrey Epstein sería más creíble si no fuera tan selectiva. Señala con razón la explotación sexual internacional, pero guarda silencio proporcional frente a una tragedia documentada en Colombia: el reclutamiento y abuso sistemático de menores por parte de sus camaradas de las FARC.
La pregunta es simple: ¿por qué la indignación es estruendosa cuando el crimen es externo, pero tenue cuando los responsables forman parte del proyecto político que usted defendió durante años?
La coherencia moral no admite excepciones estratégicas. Si la defensa de la niñez es un principio, debe aplicarse sin cálculo ideológico.
De lo contrario, la indignación deja de ser ética y se convierte en cinismo complice.