palabra fue disminuyendo fuerzas cuando, de reojo, captó libro que portada coincidía con el que reposaba en banca.
"¿Melmoth el errante? ¿Lo estás leyendo?"
Tampoco es que hubiera causado la mejor de las impresiones. Un silencio incómodo lo envolvió, y su mano subió instintivamente a cubrirse los labios, dudando si realmente debía llamarla. Si lo pensaba bien...
"Ya hace tiempo que no te veo." Y, era curioso a dónde venía a
corroboradas. Y aunque aquel vínculo siempre había sido unilateral, no era de extrañar que la sorpresa lo hubiera embargado al reencontrarla. Había en ella algo que le hacía sentir como si, de algún modo, hubiera estado huyendo de él.
"¿Conseguiste otro trabajo...?" Última
ᅠᅠᅠᅠ🗣️ : @ lcf666
📲: Tranquilo, te esperaré.
Pese al contratiempo, sonaba mucho más amable de lo que suele ser, ¿no? Puede que haya cogido simpatía por ese usuario desconocido, parecía conocer y estar abierto a escuchar sus recomendaciones en lo referente a la literatura.
casual para quien era realmente.
Solo transcurrieron unos segundos antes de que sintiera una mirada clavada en él. Cuando alzó la vista, una rubia, demasiado conocida para su gusto, lo observaba... o parecía que intentaba otra cosa mientras que veía las formas de salir de allí.
El índice golpeteaba contra su antebrazo, una y otra vez. No era alguien dado a salir y mantener este tipo de encuentros… eso, sin duda, era territorio de su hermano pequeño, el friki.
La vibración del móvil lo sacó de su ensimismamiento. Lo sacó del bolsillo y desbloqueó la
la pantalla; mostraba un mensaje de @ itaspirito. Apenas llevaban unas semanas intercambiando opiniones sobre literatura, y sin saber muy bien cómo, aquella charla virtual había derivado en un encuentro cara a cara para debatir sobre gustos más allá de la pantalla.
Quién diría que aquel azabache estaría allí, sentado en un banco de un parque mundano, con un ejemplar de Melmoth el errante de Charles Maturin reposando a su lado. Pero no leía, sus ojos vagaban con disimulo, escudriñando el entorno con una paciencia como quien esperaba captar
Los carmines ,entonces, van hacia esmeraldas de fémina con cierto aire burlesco, picardía adueñando sonrisa una diabólica.
"Hoy estás más atrevida de lo usual."
Ya no resulta una sorpresa esperar cuando demonio del orgullo visita local cuando el trabajo deja que sus hombros se deshacen y la jaqueca sea difícil de mantener, pues, encontró confort en las visitas recurrentes en el mundo mortal para tomar famoso café de la tarde como si de
Día había sido ajetreado, pero que local siempre tenga tantos clientes llena de alegría a rubia, por eso es que tarareando canción orden de @firstobeborn acerca, taza que humea mientras a un costado acomoda endulzante y pequeña caja adornada con moño coloca gentilmente.
un ritual se tratara.
Cuando voz, una que sorprendentemente se volvió familiar, interrumpió, apartó atención del móvil en mano y de inmediato lo dejó a un lado.
"Muchas gracias..." Pausa brusca. Una ceja negruzca enarca en cuanto ve el llamado 'regalo de cortesía'.
De alguna manera, fue bien recibido cuando tan pronto empujó la puerta del local; la melodía que encuentra reconfortante silenciaba esa vocecita demandante que dictaba un sinfín de esquemas en el que debía trabajar para soldar un asunto profesional.
Mas, hebras de color noche no
En coleta mantiene cabellera de oro mientras con delicados falanges sostiene vinilo, círculo encontrando sitio en reproductor de sonido clásico tras haber apagado bocinas modernas.
La calma en cafetería reina, y sucesos del día mantienen a italiana contenta.
café esperó que se asomara una cabellera como el oro.
Y fémina, tan diligente, acudió sin dilación.
“Ah, sí, sí.”
Respondió unos segundos después de que la cuestión llegara. Un rostro que comenzó a reconocerlo por la rutina.
“¿Puedes calzarme la carta?”
Preguntó a cambio.