Un silencio tan atronador como poco habitual en Laporta. Probablemente no ha pasado un buen rato durante su declaración como testigo en el Caso Barça Negreira.
🤯"¡AY! ¡AY! ¡AY! ¡EL CASTILLO DE NAIPES SE LES CAE!"
➡️ @juanma_rguez se vuelve 'loco' con las declaraciones de Luis Enrique y Valverde por el 'Caso Negreira'.
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💣💣💣Toni Freixa dijo: "Nosotros los directivos no teníamos conocimiento del contrato con Negreira. Solo los presidentes"
Laporta declaró hoy: "De eso se encargaba la junta directiva porque eran cantidades pequeñas. Yo no conocía a Negreira"
🤥🤥🤥🤥
Aquí la Directiva Barça, en una de las Juntas de La primera etapa Laporta marcando la raya arbitral y dándole instrucciones a Los habilitadores del sistema corrupto de la prensa.
Laporta, dice que nunca vio a Negreira ni conoce nada, lo que no conoce es la vergüenza. ⤵️
Caso Negreira: sin prueba de favores arbitrales ni elemento típico de corrupción deportiva.
La jornada de hoy en las declaraciones en el caso Negreira (Laporta, Valverde y Luis Enrique) termina con la misma idea de siempre: pagos vinculados a informes y asesoramiento arbitral, no a la compra de decisiones en partidos concretos.
Jurídicamente, esto no añade nada sustancial al procedimiento: no aparecen nuevas pruebas de instrucciones a árbitros, designaciones dirigidas ni acuerdos explícitos para alterar resultados. Sin ese “plus” de ilicitud, hablar de corrupción deportiva es forzar el tipo penal.
El tipo de corrupción deportiva exige predeterminar deliberada y fraudulentamente el desarrollo o resultado de la competición.
Opiniones, sospechas o lecturas morales severas no bastan: hace falta prueba sólida de amaño, que hoy por hoy no ha emergido de las declaraciones.
Que los pagos resulten reprochables en términos éticos o de gobernanza no convierte automáticamente la conducta en delito.
Confundir escándalo mediático con tipicidad penal lleva a condenar en la plaza pública lo que no se sostiene en una sala de vistas.
Tras la sesión de hoy, el panorama procesal es claro: ningún hecho nuevo que cambie el encuadre jurídico y ninguna evidencia directa de corrupción deportiva.
Todo lo demás es ruido, pero el Derecho penal no se construye con ruido, sino con prueba.
Hoy, con las declaraciones testificales de Luis Enrique y Ernesto Valverde refuerzan la inexistencia del elemento típico requerido por el delito de corrupción deportiva.
Ambos niegan que el FC Barcelona ganara gracias a los arbitrajes y afirman no haber visto ni utilizado los informes elaborados por el hijo de Negreira, lo que excluye, en su propia experiencia profesional, cualquier vínculo funcional entre los pagos y una alteración deliberada del resultado.
El elemento nuclear del tipo exige un concierto dirigido a predeterminar de forma fraudulenta el desarrollo o el resultado de la competición, mediante una injerencia efectiva en el comportamiento de árbitros o jugadores.
La referencia de Valverde a que, aun conociendo tales informes, no los habría empleado, y a que otros clubes realizan análisis arbitrales sin trascendencia ilícita, sitúa la conducta en el ámbito de la preparación técnico-táctica, no en el de la manipulación típica de resultados.
En consecuencia, no se colma el desvalor de acción exigido por el precepto.
Que Vergüenza 🤮 🤮!! Está es la imagen que da el @FCBarcelona_es al mundo 🌍 entero. Su presidente Laporta saliendo de un juzgado tras declarar en el caso Negreira 😡, es un club tramposo y corrupto, la justicia ⚖️ caerá sobre vosotros, ESCORIA...😤🐷🙈
L REAL MADRID Y EL FISCAL ACORRALAN A LAPORTA MIENTRAS LALIGA Y LA RFEF SE QUITAN LA CARETA
La declaración de Joan Laporta ya pertenece a los hechos.
Y lo que ha dejado tras de sí es una certeza devastadora: cuando el Real Madrid entra con bisturí, no queda espacio para el relato.
Florentino Pérez lo había advertido: “Esto no es normal”.
Ayer se confirmó con precisión clínica.
El Real Madrid desplegó sus preguntas -todas basadas en hechos acreditados y en el interrogatorio preparado al milímetro- con un propósito claro: mostrar lo que Laporta no podía explicar.
Y así fue.
Porque Laporta no puede responder cuando cada respuesta abre otra grieta:
No puede explicar por qué los pagos crecieron un 800 %.
No puede explicar por qué se aceptaron actas fiscales que calificaban los pagos como meras liberalidades.
No puede explicar por qué el club ocultó información a Hacienda, a Fiscalía, al compliance y hasta a sus propios auditores.
No puede explicar que el primer encargo “documentado” fuera una factura por “packs de aloe vera”.
No puede explicar un Mundial analizado… antes de jugarse.
No puede explicar que los “informes técnicos” incluyeran información privada de árbitros, imposible de obtener sin influencia interna.
No puede explicar por qué un hijo que dice “no saber nada de los pagos a su padre” era, según el club, el autor de unos informes que él ha reconocido cobraba por otro lado.
No puede explicar cómo un analista en Turquía podía simultáneamente analizar la Liga española.
Estas fueron las preguntas del Real Madrid.
Preguntas directas.
Preguntas simples.
Preguntas devastadoras.
Preguntas que revelaron que la declaración de Laporta no fue una declaración: fue un inventario de imposibles.
Un campo minado que él mismo había sembrado y que ahora estalla bajo sus pies.
Pero la causa añadió algo más.
Algo todavía más destructivo para el relato oficial.
Ernesto Valverde declaró ante el mismo juzgado.
Y fue tajante: nunca nadie en el F.C. Barcelona le ofreció informes arbitrales.
Nunca supo de su existencia.
Nunca él ni nadie de su cuerpo técnico los recibió, los pidió o los utilizó.
Y no fue el único.
Luis Enrique Martínez también declaró.
Y dijo exactamente lo mismo.
Que no sabía nada.
Que nadie le entregó informe alguno.
Que nadie de su staff tuvo jamás acceso a esos supuestos análisis.
Dos entrenadores.
Dos etapas distintas.
Dos testimonios coincidentes.
Una sola conclusión.
No es una casualidad.
Es una prueba.
Porque si ni Valverde ni Luis Enrique —entrenadores del primer equipo— conocieron esos informes,
si ningún cuerpo técnico los utilizó,
si nadie los pidió,
entonces la pregunta ya no es deportiva.
La pregunta es otra:
¿para qué se pagaron millones durante años?
¿Para quién eran esos informes?
¿Y con qué finalidad real?
El patrón es evidente:
Nada encaja si no se acepta la verdad que Barcelona y Federación llevan años intentando ocultar.
Y Fran Soto -la apuesta de Rafael Louzán- pide públicamente y sin pudor olvidar.
El contraste no pudo ser mayor.
El Real Madrid preguntó para iluminar.
Mientras tanto, LaLiga apenas compareció.
Su abogado, Francisco Martínez, se limitó a una sola pregunta:
si era cierto que el hijo de Enríquez Negreira acompañaba a los árbitros al Camp Nou.
Una pregunta.
Solo una.
Cuando el procedimiento ofrecía decenas de flancos para una acusación real.
Y, como si el sarcasmo fuera poco, Javier Tebas aparecía a la misma hora en los medios dando lecciones de ética al entrenador del Sevilla.
La ética, esta vez, hubiera sido otra:
guardar silencio
y permitir que su abogado ejerciera una acusación seria, inquisitiva y exhaustiva frente a Laporta.
No ocurrió.
La ética es garantizar la integridad de la competición.
Algo que para Javier Tebas parece una quimera.
El partido de Miami es una prueba.
Y su negativa a llevar a efecto la reciente sentencia del Supremo que afecta al Fair Play financiero de los clubes, otra.
Peor aún fue lo de la Federación.
Personada como acusación, estuvo representada por la abogada Beatriz Seijo, que prefirió no formular ni una sola pregunta.
Ni una.
Vergüenza absoluta.
Y la vergüenza es mayor cuando se recuerda que Beatriz Seijo pertenece al círculo íntimo de Rafael Louzán y es miembro de la Junta Directiva.
Ejercer como abogada de la Federación en estas condiciones no es solo una anomalía:
vulnera el código de buen gobierno, la Ley del Deporte y el Real Decreto de Federaciones,
y evidencia una incompatibilidad palmaria.
El resultado fue tan claro como inquietante:
solo el fiscal y los abogados del Real Madrid ejercieron realmente la acusación.
La comparecencia de Laporta dejó expuesto que:
– Los pagos no tenían justificación técnica.
– Los supuestos informes no existieron como herramienta deportiva real.
– Los entrenadores del primer equipo —Valverde y Luis Enrique— no los conocieron ni los utilizaron.
– La relación con Negreira no fue un error, sino un sistema.
– La ocultación no fue un accidente, sino una práctica sostenida.
– La estructura de influencia arbitral fue real, constante y conocida por quienes debían detenerla.
– Y que LaLiga (Javier Tebas) y la RFEF (Rafael Louzán) han estado en el procedimiento como meras comparsas.
El caso Negreira ya no es una sospecha.
Es una realidad judicial, fiscal y federativa.
Y tras lo visto y oído en el juzgado, hay una conclusión que ya no admite rodeos ni maquillajes:
lo ocurrido no fue un exceso aislado, ni una irregularidad administrativa, ni una mala práctica puntual.
Fue un sistema.
Un sistema sostenido durante años.
Un sistema financiado con millones.
Un sistema ocultado deliberadamente.
Un sistema tolerado por quienes tenían la obligación de impedirlo.
Una corrupción sistémica.
El Barça "pagaba a Negreira por informes" y resulta que ningún entrenador jamás vio uno: Luis Enrique, Valverde, Tata Martino, Xavi, Guardiola...
FC Barcelona: el club más corrupto de la historia. Devuelvan todos los títulos robados desde 1990 a 2025: CHORIZOS @FCBarcelona_es
🚨 CASO BARÇA-NEGREIRA
Joan Laporta, quien multiplicó x4 los pagos a Negreira, sale mudo de los Juzgados tras declarar en el mayor escándalo de corrupción de la historia del deporte. ¿No está el día para bromas?
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