Caminar sin podcast. Comer sin teléfono. Esperar el café sin scrollear. Ahí es donde aparecen las únicas ideas que después vas a reconocer como tuyas. Aburrirse a propósito es de los actos creativos más raros que quedan.
Nunca una línea de Dostoievski me había impactado tanto
«Sentiste que deberías estar siguiendo un camino diferente, uno más ambicioso, sentiste que estabas destinado a otras cosas, pero no tenías idea de cómo lograrlo y en tu miseria comenzaste a odiar todo lo que te rodeaba»